Esteban Ramírez, director de Presos:

“A mí no me interesa hacer cine elitista”

Filme pretende acercar al público costarricense a la vida en las prisiones y reflexionar sobre las distintas formas en que nuestra libertad está limitada.

Presos −no privados de libertad ni reos− protagonizan la más reciente película de Esteban Ramírez, un retrato de las prisiones costarricenses y también de las condiciones que apresan a los seres humanos fuera de ellas.

El filme ya lleva cuatro semanas en cartelera, y ha sido visto por más de 54.000 espectadores. Ahora se prepara para representar a Costa Rica en la carrera por los premios Óscar y Goya.

La producción, protagonizada por Natalia Arias y Leynar Gómez, recibió en agosto el reconocimiento a mejor película en el Festival de Santander (Colombia), donde la protagonista también recibió el galardón como mejor actriz de la competencia. Adicionalmente, el filme fue parte de la selección del Festival de Málaga y del Festival de Cinema de Gramado, en Brasil, y viajará al Festival de Cine de La Habana, Cuba, en diciembre.

Esteban Ramírez compartió con UNIVERSIDAD las experiencias y expectativas que generó su tercer filme, un proyecto que sólo considera completo porque fue construido con las personas privadas de libertad.

C05-Presos-ESTEBAN SECUNDARIA¿Es Presos una historia de víctimas, de héroes…?

−De seres humanos, que fallan y que tienen virtudes. Es sobre la vida. Las personas somos nuestras circunstancias, los ambientes de los que venimos, y los personajes que están dentro de una cárcel vienen de ambientes y circunstancias menos privilegiadas. Me interesa romper prejuicios y estereotipos que son muy fáciles de aplicar a las personas que cometen un delito, porque juzgamos sin saber. Para mí es muy satisfactorio entrar a la cárcel y ver que son seres humanos, la mayoría más auténticos que quienes están afuera; que aman, tienen familia y quieren superarse. Es muy duro cuando se le juzga el resto de la vida a una persona por un determinado momento, es una carga muy pesada. La sociedad al ser tan dura con estas personas no soluciona el problema.

El filme está inspirado en el documental de tu papá, Los presos, pero no tiene la vida de cárcel como historia central. ¿Por qué?

−El documental es de “los presos”, está enfocado en los privados de libertad que estaban cumpliendo sentencia en la antigua Peni y también en los “futuros” privados de libertad, los niños que no tienen qué comer en una calle. Yo voy más allá. La vida es compleja y es difícil no estar lleno de situaciones que nos hacen presos o presas. La película no solo se trata de la privación de libertad en la cárcel, sino de las privaciones de libertad de todos, de cómo todos tenemos que luchar contra nuestras inseguridades, necesidades de afecto, de aprobación, de dinero, etc., que nos apresan.

¿Qué pretende despertar la película?

−Hacer al público sentir, reflexionar acerca de sus vidas y también de las vidas de estos seres humanos que en su gran mayoría vienen de circunstancias mucho menos privilegiadas y ambientes difíciles. Creo que lo más sano para la sociedad es que nos acerquemos a las realidades de los otros, no que generemos odios, rencores, juicios.

¿Cómo fue la experiencia de filmar en una cárcel?

−Fue muy bonito, una experiencia que como ser humano quería tener. Ahora precisamente se me acercó un muchacho y me dijo que las dos aproximaciones que había tenido de la cárcel eran: un cuento de alguien que una vez fue y esta película, y estaba impactado; para él fue importante ver una cárcel de verdad. Por eso fue tan importante filmar en una cárcel de verdad, con privados de libertad; si no había esa autenticidad, todo el discurso se caía. Para mí ese era un requisito de este proyecto; no lo hubiera hecho si todas las cárceles me decían que no se podía grabar, no habría tenido sentido.

¿Cómo le está yendo a la película en los cines?

−Quedamos tres fines de semana de número dos, lo cual nos tiene muy contentos, a pesar de que ha habido poco apoyo de algunas cadenas: nos han quitado tandas, nos han dejado en salas pequeñas, y eso no puede ser, porque la película ha tenido público. Pero estamos contentos con la reacción; la película ha impactado en distintos estratos sociales, a un público muy variado. Eso me alegra, porque a mí no me interesa hacer cine elitista.

¿Para dónde creés que está moviéndose el cine nacional?

−Es muy interesante el momento. Ha habido megaéxitos que han inundado las salas. Hay distintos tipos de propuestas: buenas, regulares y mediocres, como en todo; pero vamos aprendiendo de lo que se hace bien y de los errores, y vamos creciendo. Somos un país pequeño, de mercado pequeño, con menos actores, técnicos, y estamos compitiendo de manera desventajosa. Por ejemplo, esta película se va a enviar a los Óscar y ahí va a competir con películas de México o de Colombia, a las que les dieron $600.000; si a todos nos dieran la misma plata, se abren más posibilidades. Siento que el cine está despegando.

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Leynar Gómez:“Las cárceles no funcionan, no tienen ninguna utilidad”

Leynar Gómez:“Las cárceles no funcionan, no tienen ninguna utilidad”

Para convertirse en Jeison, recluso de la Cárcel de Puesto 10, Leynar Gómez tuvo que enfrentarse a las realidades de las prisiones costarricenses y las vidas que ahí se desarrollan. En una breve conversación, el actor compartió con nosotros sus impresiones.

¿Cómo fue el proceso de encarnar la historia desde la óptica de un privado de libertad?

−Fue muy difícil. Me acerqué mucho a la cárcel, hice entrevistas con privados de libertad, conocí la mayor cantidad posible de ellos, traté de entender cómo llegaron ahí, qué sentían, cuáles eran sus temores, cómo se comunicaban. Estar dentro de la cárcel antes de la filmación me permitió entenderlos, para tener referentes y poder aportar una parte de autenticidad, que es lo que el público más valora. Se me hizo un mundo; no sabía si lo había logrado; traté de hacerlo con mucha dignidad y apegándome a la verdad que me dieron las personas que conocí.

¿Cómo marcaron las historias que conociste ahí a tu personaje?

−Trataba de escuchar siempre y, antes de eso, de acercarme a ellos de una forma natural, en conversaciones no relacionadas con la cárcel. Creo que el proceso más importante en la actuación es ver la verdad de las personas que pueden aportar a construir un personaje, y luego ver qué información tienen.

Por ejemplo, algunos me contaron que cometieron homicidios y que se arrepentían; eso para mí era la carga más pesada que podría tener mi personaje. Luego, otro privado de libertad, un travesti al que su familia lo dejó, que cuando salía no tenía dónde ir, que andaba sin chancletas en la cárcel, descalzo, que nadie lo visitaba, que no tenía ropa y me contaba cómo la pasaba y lo que él tenía me lo daba, era el primero en llegar a ensayos; un día me abrazó y me agradeció que en los talleres se había sentido “una persona”; esas cosas te llegan, porque vienen de la sinceridad, te humanizan y te sensibilizan a la injusticia, y sobre eso tenía que trabajar. De ahí puedo decir que tomaba en cuenta lo que sufre una persona que se enfrenta a la injusticia y, por otro lado, lo que viven quienes están ahí y reconocen su delito; eso enriqueció a mi personaje. Traté de partir de ahí con mucha verdad y mucho respeto, agradeciéndoles abrirse conmigo y darme lo que tienen, que son sus historias.

¿Qué impresión te queda, después de esta experiencia, sobre las cárceles y sobre las personas privadas de libertad?

−La experiencia de estas personas me cuestionan cuál es el sentido que le estoy dando a mi vida. Tal vez yo me quejo de cualquier cosa y esas personas quisieran experimentar lo que es estar en una presa, tener las cosas cotidianas; me deja una enorme valoración sobre la libertad que tengo, sobre el valor de mi vida.

La impresión que tengo es que las cárceles son el producto de lo que estamos haciendo mal como sociedad, y todo lo que pasa adentro está pasando afuera: las luchas, las drogas. Por cada privado de libertad adentro hay una problemática sin resolver afuera. Las cárceles no funcionan, no tienen ninguna utilidad; se llaman centros de adaptación social y no adaptan a nadie; no hay continuidad, no hay una bolsa de empleo para ellos, una casa de estadía, programas de transición.

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