Amor se escribe sin hache

Las propuestas de las 22 Academias de la Lengua no llegan al punto de desterrar la “h” del alfabeto, pero fueron suficientes para encender

La nueva ortografía desata polémicas aquí y allá, mientras la “i griega” yace a la espera de una salvación final.

Las propuestas de las 22 Academias de la Lengua no llegan al punto de desterrar la “h” del alfabeto, pero fueron suficientes para encender una polémica que trae a la memoria el discurso de Botella al mar para el diós de las palabras, de Gabriel García Márquez en Zacatecas, México, en 1997, y mantienen vigente la innecesaria aclaración de Enrique Jardiel Poncela de que “Amor se escribe sin hache”.

El destino de la “i griega’, de “quórum”, de “solo”, de los demostrativos (tales como este o esta), de la “ll” y la “ch” y de la “ó” tildada entre números, entre otros cambios, se discutirán en Guadalajara, México, durante la Feria Internacional del 27 de noviembre al 5 de diciembre, cuando los representantes de las Academias de la Lengua se reúnan para ratificar o desvirtuar los cambios de la nueva ortografía que se publicará a finales del presente año.

 

La versión vigente de la ortografía data de 1999 y los estudiosos de la lengua consideraron que ya era pertinente una actualización para recoger el uso que hace del idioma el pueblo.

Será en Guadalajara, en un ambiente de literatura y escritores, donde se conocerá el destino final de la “i griega”, a la que en adelante se le llamaría simplemente “ye”, aunque conviene aclarar que ella no desaparece del alfabeto como letra.
Fue, hace dos semanas, en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), donde los académicos se enfrascaron en crudos debates sobre los cambios que ha de registrar la nueva ortografía.

Entre las principales modificaciones se encuentran, aparte de los ya apuntados,  el de que “uve” sustituirá  a la  expresión “be alta” y “be corta”, como se les denomina en muchos países de Hispanoamérica.

En palabras más sencillas, como lo explica Estrella Cartín, presidenta de la Academia Costarricense de la Lengua, ya no será necesario decir que se escribe “con ‘v’ de vaca o ‘b’ de burro”.

Tuvieron que pasar casi 14 años para que aquel discurso de García Márquez, tildado de excéntrico, oportunista y poco serio por académicos y escritores, volviera a resurgir de las cenizas como un ave fénix moderno.

“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”

Estas afirmaciones de Márquez desataron todo tipo de respuestas y algunos hicieron “mofa” del Nobel, quien ha reconocido que la ortografía siempre ha sido un dolor de cabeza para él, y sus correctores reconocen que dicha afirmación no es una “pose” del autor de Cien años de Soledad.

Los ajustes en la nueva ortografía, sin alcanzar modificaciones sustanciales, han evocado en los últimos días a García Márquez, y las discusiones de los que están a favor de seguir llamando a la “i griega” como tal y de los que apuestan por nombrarla como “ye” no cesan.

NO SON REFORMAS

Cartín comentó a UNIVERSIDAD que lo primero que hay que considerar es que las modificaciones propuestas no alcanzan  a ser reformas, como sería el eliminar, por ejemplo, la “h”.

Resaltó que la nueva edición de la ortografía “tiende a simplificar el uso” y que es “una ortografía razonada”, puesto que se le dan al lector los motivos del por qué de tal o cual proceder en la lengua.

Añadió que en el nuevo texto abundarán los ejemplos para que el destinatario logre entender mejor lo que se le propone.
Uno de los aspectos en los que más se insiste en el nuevo volumen, que empezará a circular en diciembre próximo, es que se ataca el uso injustificado de las mayúsculas.

En relación con la “ll” y la “ch”, aclaró que no es que desaparecen del alfabeto, sino que al ser letras que se utilizan de forma conjunta, se suprimen, lo que hará que en vez de 29 haya 27 letras.

La  “ch” y “ll”, por ser dígrafos, es decir, signos ortográficos de dos letras, se emplearán cuando la lengua así lo requiera.

Lo anterior significa que la “llama” del amor seguirá denominándose de esa forma y no puede dar espacio para que algún enamorado de remate se aventure a escribir “yama”.

“Debo insistir en que todos los cambios discutidos hasta ahora tendrán que ser ratificados por las Academias en Guadalajara, donde tendremos al menos cuatro sesiones para evaluar las propuestas de San Millán de la Cogolla”.

Cartín destacó que las Academias lo que buscan es recoger lo que el hablante hace con el lenguaje y recordó lo que solía decir Gabriela Mistral de que “el lenguaje era la segunda posesión del alma”.

“El lenguaje es un ente vivo y muchas veces el uso llega a predominar sobre la norma”, insistió.

UNA ADAPTACIÓN

Los escritores Carlos Morales y Adriano Corrales coincidieron en que las modificaciones no incidirán de forma considerable en el idioma y que este, precisamente, se va haciendo de acuerdo con las necesidades del hablante.

Morales, premio Nacional de Novela 2008, expresó que en realidad lo que reflejan las propuestas de las Academias es “una adaptación”.

“Estos cambios no son de gran fondo, sino más bien una adaptación, discutible como en todos los casos, de las distintas formas como el pueblo utiliza el español en cada área geográfica de Hispanoamérica.

O sea, la Academia no impone, ningún grupo puede imponer en cosas del lenguaje, lo que hace es ratificar o bien ordenar poniendo oído a las masas de hablantes.  Por eso los escritores respondemos siempre al habla del pueblo y solo vamos a los diccionarios una  vez que hemos recogido el espíritu de lo hablado; es decir, después de escribir, nunca antes”, dijo Morales.

En su criterio, varios de los cambios ya estaban muy avanzados en el uso, como es el caso de la “ll” y la “ch”, que al ser dígrafos se utilizarán cuando las circunstancias lo requieran mediante la “c” y la “l”.

Algunos casos, sin embargo, sí se pueden prestar a confusión. De esta manera, cuando un hablante afirme que “ha venido él solo ha tocar solo el solo de flauta”, como cita Morales, puede darse un problema, por lo que será el contexto el que determine el significado de la oración.

Igual sucedería con “Fui solo al baile”, ejemplifica Cartín, para quien podrían atribuirse varias lecturas a dicha frase. Por un lado se podría interpretar que fue sin compañía al baile, o que decidió únicamente ir al baile. En este segundo caso, la tilde en el adverbio le ahorraría al hablante el tener que sumergirse en tales meandros.

Corrales, entre tanto, cree que ante todo los “cambios son de nomenclatura” y en vez de complicar el español, por el contrario facilitan su uso.

“Con respecto a no tildar los demostrativos y el adverbio solo, creo que facilita la escritura porque eran normas difíciles de cumplir para el escribiente común”.

Lo más trascendente para Cartín, Morales y Corrales, es que de nuevo el idioma está en boca de muchos y ya ello es ganancia, dado el deterioro del que es objeto por parte de hablantes, medios de comunicación e incluso escritores.

Y mientras se avecinan más variantes en el lenguaje, Enrique Jardiel Poncela puede seguir descansando en paz, porque su teoría de que “las cosas importantes, las únicas cosas importantes que existen en el mundo, se escriben con hache”, seguirá vigente, aunque no por los siglos de los siglos.


 

Principales cambios

Cambian de nombre: La “b” y la “v” se denominarán simplemente como “uve”. Se elimina aquello de “b” de burro y “v” de vaca (para el caso de Costa Rica), o “be alta” y “be baja”  para el resto de América Latina.

La “i griega” desaparecerá para dar paso a “ye”.

Sin tilde: guion, sion y truhuan, por ejemplo, ya no requerirán tilde, al ser considerados monosílabos.

Desaparacen: la ch y la ll quedan suprimidas formalmente del alfabeto. Las letras del abecedario serán 27 en lugar de 29, como hasta ahora.

“3 o 2” en vez de 3 ó 2”: no será necesaria la tilde de la o entre los números.

Se eliminan: las tildes en los demostrativos y en el adverbio solo. Será el contexto el que dirá cuál es cuál.


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