Antonio Jara, codirector de El Codo del Diablo: “La historia oficial deja por fuera tanto que deja por fuera todo”

El filme dirigido por los hermanos Jara cuenta la historia de los asesinatos ocurridos en 1948, en el lugar conocido como El Codo del

El filme dirigido por los hermanos Jara cuenta la historia de los asesinatos ocurridos en 1948, en el lugar conocido como El Codo del Diablo. (Foto: cortesía de Producciones La Pecera y Ceibita Films)

El 19 de diciembre de 1948, unos meses después de que finalizó la Guerra Civil en Costa Rica y apenas unos días después de abolido el ejército, seis presos políticos fueron asesinados por miembros de las fuerzas armadas, en la zona de Siquirres conocida como El Codo del Diablo.

Este crimen político es el punto de partida del documental costarricense dirigido por Antonio y Ernesto Jara, el cual explora la realidad política de la Costa Rica de aquel entonces y cuestiona la forma en que asumimos la paz y la democracia como algo propio del “ser costarricense”, pues olvidamos los episodios de convulsión social, violencia política y represión que han marcado nuestra historia.

“Tomar conciencia sobre el dolor y el sacrificio que han sido parte de la construcción de nuestro país y combatir la complacencia del olvido” es el objetivo del largometraje, que se estrenó en el Festival de Cine Paz con la Tierra 2014, estuvo en las salas de cine comercial, en festivales internacionales y, ahora, pretende alcanzar a más costarricense por medio de giras a comunidades, presentaciones abiertas y distribución libre.

Antonio Jara, historiador y codirector del filme, conversó con UNIVERSIDAD sobre la perspectiva política del documental y su relevancia actual para los costarricenses.

¿Dónde surge la necesidad de hablar de los asesinatos del Codo del Diablo?

−Soy historiador y lo que me llamaba la atención era que a partir de un hecho muy puntual, que es un crimen de Estado, podíamos cuestionar o plantear interrogantes a la historia oficial de Costa Rica después de la Guerra Civil. La gente cree que lo que pasó es que hubo un conflicto electoral, que por la anulación de unas elecciones una gente se levantó en armas y que hubo unas semanas en que se volaron balazos pero que no fue tan grave, y que luego todo fue mejor porque se abolió el ejército y logramos la democracia más plena que conocemos hasta el día de hoy. Esa historia oficial deja por fuera tanto que deja por fuera todo. También nos permitía encontrar procesos históricos en la vida cotidiana de las personas, hombres y mujeres con nombre y apellido, que vivieron eso. Finalmente, nos permitía vincular los cambios que se daban en el país con la historia local de la provincia de Limón, marcada por la plantación bananera, el puerto, la migración, la historia de luchas de los trabajadores, etc.

 ¿Qué deja por fuera la historia oficial?

−La conflictividad política que llevó a la guerra no surge por las elecciones, viene de atrás; los intereses que jugaron para dividir en bandos a la sociedad −al punto de ir a una guerra− son mucho más profundos y las fracturas que quedaron después también. Con todo lo que uno puede valorar la abolición del ejército y la desmilitarización, que sigue siendo importante, la gente a veces lo ve como un resultado natural del ser costarricense o como un dato curioso, no como el resultado de un montón de condiciones, previas y del momento. No nos preguntamos a quién se estaba desarmando, quiénes estaban en el poder, cómo se consolidó la nueva hegemonía posterior a la guerra.

Y es que esa hegemonía tiene un lado, que es la desmilitarización, que tiene sus áreas grises; pero tiene otro, que es la represión política. Pensar en la función de esa represión es importante, porque nos habla de cómo se construyó −después de la Guerra Civil− lo político, lo que marcó la segunda mitad del siglo XX y que aún nosotros recibimos el eco de esa construcción, y me refiero específicamente a la ilegalización del Partido Comunista y a la desarticulación del movimiento sindical.

Esto no quiere decir que estamos haciendo una película partidaria, donde hay buenos y malos; queremos ver el fenómeno en toda su complejidad, la violencia como algo más recurrente en la historia, y evidenciar los efectos posteriores, porque no todo es paz, felicidad y desarme. Teníamos que ir más allá de la reivindicación política y encontrar otra dimensión: la humana, quiénes eran y a quiénes dejaron atrás, pero no a sus compañeros de partido, sino sus hijos, sus esposas.

¿Por qué es importante de que la gente, hoy, sepa lo que pasó en el Codo del Diablo o, al menos, que se lo pregunte?

−Podríamos primero preguntarnos la importancia de la memoria histórica, de enfrentarnos con la historia, que es algo que tratamos de hacer en el docu. La idea de confrontar a la gente con esto es lograr una distancia crítica con el discurso oficial. No decimos a la gente que no le crea a la historia oficial, tampoco que nos crea a nosotros. Decimos: “cuestione todo lo que le han dicho”, invitamos a que la gente se interese y busque más. No buscamos brindar conclusiones, buscamos hacer preguntas.

Tener una perspectiva crítica sobre la historia sirve para que la gente asuma más responsabilidad y se apropie de la forma que entiende lo que pasa en el país y de dónde vienen las cosas. No podemos ignorar que la construcción de la “estabilidad” política pasó no sólo por la desmilitarización, sino por la marginación de ciertos grupos, por la represión defendida por el Estado.

Queremos que el docu sirva para entender que la democracia y la paz no son, como decía Laura Chinchilla, parte de los genes del ser costarricense, sino que esa “estabilidad”, con sus logros y deficiencias, es el resultado de procesos sociales y políticos que no fueron sencillos y que en muchos casos implicaron grandes sacrificios.

¿Cuál ha sido la respuesta en comunidades, especialmente en Limón, que es la única provincia del país que no tiene cine?

−Ha sido muy importante. Mas allá de lo que cada uno piense del fondo de la discusión que se propone, el gesto de poder ver una película que habla de la historia local en una pantalla ya es importante, crea vínculos e impacto en la gente de la comunidad. Hay un reconocimiento muy fuerte de que hayan podido ver la película en sus propias comunidades y es que, igualmente, estamos muy agradecidos de que nos hayan permitido filmar, que nos ayudaran las familias; todo eso tiene que ver con una de las propuestas de la película, que es la visualización de la memoria histórica de la zona, porque aunque se puede discutir si tenemos o no memoria histórica, o el tipo de memoria que tenemos, lo cierto es que tenemos pocas imágenes que nos identifiquen con el país, lo vemos como algo abstracto, lejano y el verlo convertido en una película crea impacto.

En Siquirres, la respuesta fue mayor a la esperada, hubo que habilitar más salones, en un espacio que no es un cine pero que funcionó como un cine por un rato, eso es muy bueno. Por eso nos gustaría cuando este listo el DVD y el formato de descarga electrónica llevarlo a esos lugares y que esté disponible, pues es un pequeño aporte a la memoria local.

¿Porqué liberar la distribución?

−Nuestra intención no era sólo hacer algo interesante y bien hecho, sino que pudiera enganchar el interés de un público amplio. Queremos que el documental sea un material de consulta para el futuro, que se use en clases, que llegue a comunidades, que la gente pueda usarlo y, a partir de ahí, discutir.

La intención nunca fue hacernos millonarios, sino compartir lo que queríamos decir; más bien lo que se recaudó en los cines se invirtió en las giras, en la distribución, en el tiraje del DVD, etc. La motivación de hacer la película era proponer un debate, por eso sería tonto y contraproducente limitar la distribución.


Presentación y foro

La próxima presentación de El Codo del Diablo será el martes 18 de marzo en el Teatro de la Danza a las 6 p.m., es organizada por TEOR/éTica, en colaboración con el Ministerio de Cultura y Juventud.

La actividad incluye un foro con David Díaz, director del posgrado en Historia de la UCR, y Víctor Hugo Acuña, historiador. Adicionalmente, la película será exhibida en Semana Universitaria de la UCR en abril y por programa Cine Universitario en mayo.

Las presentaciones, la salida del DVD y de la plataforma de descarga electrónica se anunciarán en el perfil de Facebook del filme.


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