El día al que esperanza se le fue un hijo

Juan Gelman ha muerto un 14 de enero del 2014.Poeta y periodista, vivía desde hace algunos años en México DF, desde donde escribió sus

Juan Gelman ha muerto un 14 de enero del 2014.

Poeta y periodista, vivía desde hace algunos años en México DF, desde donde escribió sus últimos libros y recibió premios tan prestigiosos como el Cervantes (2007) o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005).

Juan se nos ha ido a ese lugar en el que los pájaros y las preguntas migran para conocer el verano. Nos ha quedado un Juan hecho de palabras, que se levanta todos los días y a todas horas de los libros con su nombre en algún lado. Este es el Juan de los mil países, el de los continentes; repartido en su ternura y su voz que jamás será callada por los enemigos de la esperanza.

No hay forma de desvincular su herencia, su poesía es el dorso de una vida comprometida a destruir la injusticia y el terror. Por eso mismo su historia ocurrió dentro de las luchas y movimientos sociales, padeciendo los crímenes de una sociedad enferma: el exilio, las desapariciones, la infamia.

Sin embargo, Juan siempre encontró su porción de vida para escribir. Es esa misma porción la que nos toca profundamente y nos hace sentir que a la esperanza se la ido un amigo. Pero, como siempre, es Juan Gelman con sus palabras el que nos despierta:

“Tú destruyes el mundo para que esto suceda

tu comienzas el mundo para que esto suceda.”

La siguiente entrevista, realizada hace ya siete años en el marco del VI Festival Internacional de Poesía, nos sigue iluminando porque en sus respuestas existe la sencillez y a la vez, agudeza.

Son las palabras de un poeta que escribió entre la gente, con la gente, pero sobre todo, luchando al lado de esa gente por lo que creía era verdadero y justo.

Usted es hijo de emigrantes rusos y vivió en varios países durante su exilio. ¿Qué le pa-rece la política migratoria adoptada por los Estados Unidos y emulada por otros países?

Me parece un desastre pensar que en Estados Unidos los mexicanos, que están construyendo con otros migrantes la riqueza de ese país, necesitan miles de dólares para tener acceso a este. Lo mismo pasa en Europa que está restringiendo la migración ahora que la necesita menos. Pero bueno, todo el tema de la migración está dictado por lo que le conviene a las grandes potencias mundiales.

-¿Cómo ve a Argentina actualmente?

-Hay una cosa importante, que está en el mismo lugar. Porque hay países que se mudan. En Argentina, hay de todo.

Dios dijo: pongamos petróleo, gas, bosques, etc.  San Pedro le preguntó: ¿Por qué así? Y Dios le contestó: porque en Argentina, también vamos a poner argentinos. Por ejemplo Menem. Ni en laboratorio hay forma de rehacer lo que hizo Menem.

-¿Qué opina del cacerolazo del 2001-2002?

-Algo tenía que pasar. Fue una pueblada. La gente ya no se iba a dejar, cuando el entonces presidente de la Rúa iba a imponer el estado de sitio, no se aguantaron. Ya había pasado lo de la dictadura y sabían por donde andaba la cosa.

-Durante muchos años usted se manifestó en contra de la dictadura de Pinochet en Argentina. ¿Cree que la ideología que la provocó aún está vigente?

-Sí, por supuesto. Es una ideología del poder, es una ideología que favorece los intereses de unos pocos y perjudica a muchos. Y claro que está viva aún en este momento, estamos viendo en Iraq una guerra hecha en función de esa ideología.

-¿Se manifiesta esta ideología en Centroamérica con el Tratado de libre Comercio?

-Claro, es el fenómeno que se ha intentado pasar bajo la palabra «globalización». Pero todos lo sabemos, el TLC es un tema de dominio de los norteamericanos.

-¿Qué opina de la concentración de los medios de comunicación en grandes grupos empresariales?

-Me parece muy negativo, porque no informan, sino que uniformizan. Es la creación del pensamiento único: algo muy parecido sucede en el campo editorial.

Los grupos editoriales tienen un gran recelo, prefieren editar «best sellers» que vendan cien mil ejemplares, en lugar de cien libros que vendan mil. Eso le quita una gran riqueza a la posibilidad de lectura, y en el caso del periodismo a la posibilidad de información.

Pero al fin y al cabo el negocio editorial debe generar ganancias.

¿Cómo balancear la parte industrial y la parte cultural de la actividad?

-En México, por ejemplo, han aparecido editoriales pequeñas, en general impulsadas por poetas o gente del medio. Y algunas han llegado a tener cierta importancia, cierto peso. De todos modos, lo que importa es el tema de la distribución. Hay revistas especializadas, muy buenas, que son vendidas personalmente por quienes las hacen, eso es muy bueno porque abre posibilidades frente al pensamiento único. Lo mismo sucede con los medios alternativos.

-Cuando hablamos concretamente de la poesía: ¿El desconocimiento es un fenómeno causado por las estrategias editoriales o es un síntoma cultural de esa globalización de la que hablaba anteriormente?

-En América Latina, induso antes de que habláramos de globalización, lo que siempre ha existido es una gran «balcanización’, todos divididos y poco comunicados.

Por eso uno puede vivir en Argentina y no conocer que se está haciendo en México, y aún en Chile o Uruguay. Yo creo que lo que está contribuyendo a diluir un poco estas fronteras que son originadas por situaciones sociales, económicas, políticas y geográficas, son festivales como este y por supuesto Intemet.

Sigue habiendo esa resistencia contra el pensamiento único que nos quieren imponer.

-¿Hay bibliografías indispensables?

-Eso depende de cada quién. Es como esa pregunta: Al estar confinado en una isla, ¿cuáles tres libros se llevaría? Me parece que al estar confinado en una isla da mucho tiempo para leer, pero muy pocas ganas.

-¿Y de sus libros, cuáles son los más impor-tantes para usted?

– «Cólera Buey (1965, reeditado en 1994) y el de «Comentarios» (1978-1979), son importantes. Son los libros que me marcaron, aunque los escribí yo. A pesar de eso.

-¿Por qué sigue escribiendo después de tanto tiempo?

-Eso también me lo pregunto yo.

-¿Pero qué es lo que sucede cuando se sienta a escribir?

-Yo no me siento a escribir, a mí me lleva ella, la poesía. Me agarra de una oreja, me sienta y me dice: escribí. Para mi escribir es necesario, más bien imprescindible. Y uno no escribe cuando quiere, sino cuando ella quiere. Pero es inofensiva, no molesta, aparece en las noches… Los poetas no le hacemos daño a nadie.

-¿Alguna vez a sufrido del «bloqueo de escritor»?

– Yo no sé si será un bloqueo, creo que es otra cosa. Yo le llamaría «períodos en los que uno no escribe. Son periodos en los que uno anda recargando las pilas, sobre todo después de una publicación. Publicar un libro es como un parto y hay que recuperarse.

Pero sí he tenido periodos así, por ejemplo, cuando estuve en el exilio no pude escribir durante años por todo lo que estaba pasando en Argentina. Lo bueno es que siempre ha vuelto la poesía.

¿Por qué en sus últimos trabajos hay una tendencia hacia la economía del lenguaje?

Será que tengo menos tiempo (Ríe). No, no sé. Efectivamente cada vez soy menos frondoso.

¿Hay espacio para la poesía en la modernidad?

Indudablemente, por eso estoy aquí.

¿Hay esperanzas para este mundo más allá de la ficción?

Quien no tiene esperanza, está perdido.

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