El mayor festival de cine LGBT del mundo brilla en California

Miranda Otto (Elizabeth Bishop) en “Flores raras”, de Bruno Barreto (“Doña Flor y sus dos maridos”), otro triángulo amoroso.La organización mediático artística sin fines

Miranda Otto (Elizabeth Bishop) en “Flores raras”, de Bruno Barreto (“Doña Flor y sus dos maridos”), otro triángulo amoroso.

La organización mediático artística sin fines de lucro dedicada a mostrar la cultura LGBT más importante del mundo es Frameline, que celebró durante 11 días, del 20 al 30 de junio, su trigésimo sétimo Festival Internacional de Cine en la legendaria ciudad de San Francisco.

Con asistencia record de 65.000 espectadores, exhibió 238 filmes de 30 países (Australia —la hilarante comedia “Dik” fue el corto premiado—, Dinamarca —el corto El cumpleaños muestra con cariño la urgencia erótica de un adolescente—; Irlanda, Canadá, Brasil, etc.) con énfasis en el cine asiático (Nepal, Camboya, Taiwan, Tailandia, China, Corea del Sur, Vietnam, Pakistán y Filipinas).

Al igual que a decenas de eventos de cine alrededor del mundo (Bogotá, Columbus, Santo Domingo, Washington, Londres, Guatemala, Valencia, etc.), viajé invitado como crítico de cine de este Semanario, para el que escribo desde 1978.

 

Sin haber alcanzado aún la equidad para las diferentes etnias y otras minorías, con los nacionalismos como amenaza creciente (que el cambio climático agrava), vivimos una época en que se combate con vigor –en América y Europa sobre todo- para desterrar la imposición de género (construcción social originada en la división del trabajo, asociada al menoscabo que sufren las mujeres) y en aceptar la diversidad sexual, esta sí, natural a los seres humanos (y de hecho, a otros animales).

 

Desde San Francisco.

La equiparación de los derechos para parejas del mismo sexo –incluidos matrimonio y adopciones-, y de las identidades no convencionales, adoptadas ya por varios países, estados y ciudades, está en el centro de ese cambio que nos lleva a nuevos ámbitos de libertad y a profundizar la dignidad humana.

Nuevas visiones se cuelan en los espectáculos, por demás globalizados, y subvierten los viejos dogmas. El documental “La batalla de AMFAR”, del galardonado Rob Epstein (la estupenda “Aullido”, las puntuales “El closet de celuloide” y “Párrafo 175”), cuenta cómo Elizabeth Taylor, bellísima y libérrima actriz, unió fuerzas con la científica Mathilde Krim para combatir en los ´80 la epidemia del sida y la homofobia asociada. En la misma línea, el documental “Gore Vidal, los Estados Unidos de la amnesia”, muestra con la proteica trayectoria de este intelectual cuán política puede ser la sexualidad.

Al cambio paulatino en la producción audiovisual, junto a su acceso en vídeoclubes y luego vía Internet, se suman los festivales de cine especializados, que visibilizan esta riqueza de la diversidad. Emblema y punto de referencia del “barrio más gay del mundo”, es el enorme Cine Castro, un hermoso edificio de 1922 inspirado en la cercana Misión Dolores (una de las decenas con que los españoles cubrieron esa costa pacífica), con fachada colonial, lujoso interior cóncavo y convexo y grandioso candelabro, donde también se realizó el casting para “Milk” (el admirado líder y mártir gay), filme del consagrado Gus van Sant (“Mala noche”, “Mi propio Idaho privado”, “El talentoso señor Ripley” y “Elefante”), al que, por cierto, conocí ahí mismo en los años noventa. Dos vetustas y más pequeñas salas, Victoria y Roxy, y la cadena Rialto en Berkeley, junto a la célebre universidad, albergaron las 106 funciones. Jamie Babbit, directora, productora y guionista de cine y televisión, “queer” y feminista, fue la homenajeada. Sus magistrales filmes como “But I Am A Cheerleader” y “Breaking The Girls”, y sus cortos “Sleeping Beauties” y “Stuck” no son tan familiares aquuna copia de ellos mismoscon el auttados Unidos de Tara», «The Middle», «The L Word», «Gossip  franqueza y buena fe se han hechoí como sus episodios para “The Middle”, “The L Word”, “Gossip Girl”, “Ugly Betty”, etc.

El 27 de junio llegué puntual al cine para mi dosis diaria de cuatro tandas y me encontré con oleadas multicolores, festejando por todo lo alto. Había tenido la suerte de coincidir con las históricas decisiones de la Corte Suprema de Justicia que vedaron dos normas restrictivas: parte del DOMA, establecida para limitar los matrimonios, y el reñido y agrio referendo californiano en el mismo sentido, la Proposición 8, en la que por 52 a 48% perdieron los defensores de la equidad. El barrio que es de por sí seguro y atractivo, bullía con el auténtico y sensual regocijo de las multitudes.

Precisamente, uno de los filmes clave, galardonado con Mención y el Premio del Público al Mejor Documental, fue “The New Black”, que examina cómo y por qué los afrodescendientes no se aliaron durante el referendo a esta lucha análoga a la de sus “civil rights” (los judíos fueron los más favorables), proceso que ha cambiado, positivamente, con el oportuno liderazgo, entre otros, del presidente Obama y el bautista Rev. D. Coates, como ocurrió en Sudáfrica, con Mandela. El filme narra con sagacidad algunas de esas disputas en el seno de las iglesias, los medios y las elecciones; “La tarea inconclusa de que los negros sean libres”, como sostiene la líder S. Lettman-Hicks. Otro documental conmovedor, “Born This Way”, señala la hostilidad legalizada que acosa a los camerunenses y cómo algunos, con bondad y arrojo desafían esa opresión, que se agrega al desempleo y la pobreza.

El documental “The Out List”, de HBO, sobre celebridades que afirman su orientación sexual, engalanó el programa. Junto al dinero, algo que a nuestro cine aún le falta, estas empresas legitiman la diversidad sexual misma, así sea gracias a sus intereses económicos (el comercio derriba barreras, la historia lo confirma).

La clausura coincidió con la Marcha del Orgullo, un inmenso río de gente festiva y empoderada que es carnaval y batalla, que cruza transversalmente toda la sociedad, donde luego del grupo del Chase Manhattan quizá venga uno de indignados, y después de las patrullas policiales que desfilan coquetas, aparecen bailarines semidesnudos de bares sicodélicos, o tras los veganos las fondas de tacos, las iglesias humanistas junto a los ateos, y, claro, los matrimonios y sus hijos (los hetero, los homo, los… todos).

B. Manning, el soldado que reveló a Wikileaks abusos en Irak y acaba de ser condenado a 35 años de cárcel, se define como transgénero y fue nombrado Mariscal del evento, lo que se revocó a los tres días, y provocó una inmensa polémica. El contingente en su apoyo fue el mayor y el más vehemente.

“Out In The Dark”, Mejor Ópera Prima, expone cómo se entrecruzan las discriminaciones. Trata de un joven palestino que pasa a Israel para visitar un bar gay y allí se enamora de un abogado judío; tras cuernos palos, la injusticia viste muchos trajes, pero es una sola. El documental premiado “The Joy: The adventures of James Brougthon” celebra la biofilia (Fromm) de este creador renacentista polisexual que se entregó al gozo de vivir y contagiaba de alegría a su alrededor; él disfrutó de los 60 a los 85 de una pareja estable, Joel Singer, 40 años menor (¡adiós tabúes!; eso sí, ambos mayores de edad). “El acompañante” (seleccionada en Rotterdam y Sundance), interesante corto del Perú, analiza a un padre artesano y un hijo prostituto en una relación de dependencia. “Un diálogo de ballet”, corto de Brasil, da otra perspectiva, más sutil, del tema filial. “Tensión sexual: Violetas” son seis cortos argentinos sobre el erotismo femenino. También se vio la popular “Happy Feet”, protagonizada por Mumble, el pingüino emperador que baila en vez de cantar, como se supone…

Las preguntas y respuestas con los autores, y mis caminatas, ampliaron la alta calidad del programa. Varias obras pueden verse en Internet y en el sitio de Frameline está la lista. Desde niño, los libros que devoraba a diario, y las películas que a partir de los 10 años veía con fruición, también a diario, me enseñaron a respetar y comprender la diversidad, no a temerla. Vuelvo a García Monge: “Cultivando la inteligencia se acaba con el miedo y la mentira”. ¡Viva el cine!

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