El MEP vuelve a matar al Quijote

La reciente determinación del Consejo Superior de Educación del Ministerio de Educación (MEP) de eliminar de las lecturas obligatorias de secundaria la segunda parte

“Nadie puede salir de bachillerato sin haber leído el Quijote”, Arnoldo Mora, exministro de Cultura.

La reciente determinación del Consejo Superior de Educación del Ministerio de Educación (MEP) de eliminar de las lecturas obligatorias de secundaria la segunda parte de Don Quijote, al aducir que es un libro extenso y complejo, ha desatado una andanada de respuestas a favor y en contra, muchas de las cuales se quedan, sin embargo, en la superficie de la discusión.

Entre las primeras preguntas que suscita la novela de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547) es a qué edad debería leerse y cómo debería abordarse dicho texto, puesto que está considerado uno de los mayores clásicos de la literatura universal y el más importante de los libros escritos en lengua castellana.

Guillermo Barzuna, Catedrático de Literatura en la Universidad de Costa Rica, no se cansaba de decir a sus estudiantes que el Quijote debería de leerse a partir de los 24 años, porque esa era, a su juicio, una edad oportuna para adentrarse en las aventuras y los entuertos del Caballero de la Triste Figura.

La decisión del MEP de evitar que los educandos lean el Quijote en su totalidad por las razones ya citadas, y que en su lugar recomendara lecturas como la de Sherlock Holmes, Frankenstein, Alicia en el país de las maravillas y El niño con el pijama de rayas atizó una hoguera que dos semanas después continúa ardiendo.
En su momento el cura y el sistema intentaron acabar con la ilusión de don Quijote de vencer por encima de las circunstancias, hoy, 400 años después el MEP vuelve a intentarlo.
Con el afán de aportar al debate, UNIVERSIDAD consultó a los escritores Alberto Cañas, Fernando Contreras y Arnoldo Mora, para que desde sus diferentes perspectivas compartieran con los lectores sus diferentes puntos de vista respecto a este controversial tema.
Para Cañas es una “barbaridad” que un texto como el de Don Quijote se sustituya por Sherlock Holmes, a pesar de reconocer que él es un asiduo lector de novela policiaca, o Drácula, porque esas sí que son lecturas que no guardan mucha relación con lo que hoy denominan modernidad.
“Es inconcebible que no se lea Don Quijote y se recomienden esas lecturas que podríamos llamar como de segunda categoría. ¿Quién lee hoy a Sherlock Holmes? Casi nadie, porque los escritores de ese tipo de novelas hoy disponen de mayores recursos”.
Cañas es del criterio de que el Quijote en secundaria debería de ser una lectura inducida, bien explicada, para que los estudiantes cuenten con elementos que les permitan en un futuro y con madurez entender mejor el texto.
“A nosotros el profesor, que era Isaac Felipe Azofeifa, nos leía partes del Quijote y luego nos explicaba el texto, que para la edad que teníamos entonces, era complejo”.
En su opinión, la edad idónea para comprender mejor la amplitud del Quijote es a los 30 años, cuando el estudiante ya dispone de más y mejores herramientas para abordar una novela como la de Cervantes.
 “No estoy de acuerdo en que se quite su lectura, lo que hay que hacer es explicarles bien el texto, para que después esos estudiantes lo puedan leer mucho mejor a una edad determinada, como a los 30 años”.
Otra de sus inquietudes es que se recomienda mucha literatura que no está escrita originalmente en español.
“Tenemos mucha literatura valiosa, por qué no se volvió a leer El sombrero de tres picos o el Lazarillo de Tormes”.

UNA LECTURA VALIOSA

Contreras, autor de Única mirando al mar y Los peor, entre otras novelas, lamentó que Don Quijote vaya a ser excluido de las lecturas de secundaria, con base en las premisas, verdaderas en este caso, de que el libro es complejo y extenso.
“El Quijote es un libro extenso y complejo. En eso no hay nada qué discutir: Es extenso porque abarca la vida de un hombre, y es complejo porque expone límites de la condición humana y, si no el triunfo sobre estos, al menos el intento de combatirlos. Leer El Quijote es un esfuerzo; en eso tampoco veo posibilidad alguna de réplica. A mí, personalmente me ha tomado toda la vida, y no me alcanzará la que me queda para dar dicha tarea por terminada”.
“Estoy convencido de que la lectura colegial del Quijote debe ser una invitación para sus lecturas posteriores, para posteriores búsquedas personales de los temas medulares de la condición humana, cosa que no se logra en un año escolar, de ahí a que se suprima su lectura, hay un abismo: con la expulsión del Caballero de La Triste Figura de las aulas, se elimina la que podría ser la única posibilidad de ofrecer dicha invitación”.
Por ser un libro que ahonda en la insondable condición humana y por sus alcances que cuatro siglos después aún sus significados no se agotan, Contreras prefiere analizar el texto de Cervantes desde su condición de lector y no de escritor.
“Ante El Quijote no puedo responder como escritor. Respondo como lector, que es el lugar al que humildemente aspiro ante semejante documento. El Quijote es un libro peligroso, así como Don Quijote es un hombre peligroso. De eso se da cuenta inmediatamente el olfato agudo del cura. Don Quijote es un hombre que invita a la quizás imposible lucha contra el sistema. Veamos: Don Quijote atenta contra los pilares que sostienen un sistema de explotación, se deshace de sus tierras de labranza, es decir, renuncia a trabajar, a producir, libera a un ciervo de su despótico amo, libera a los prisioneros del Rey, desafía la autoridad de la Iglesia, atropella una procesión con todo y Virgen, arremete contra ovejas y pastores. Todo en él es contra el sistema”.
¿Será por eso, entre otras razones,  por la que se le busca excluir del sistema educativo costarricense?
“Sus actos son siempre metafóricos. Contamina, Don Quijote contamina, por donde quiera que pasa, la gente deja de trabajar para seguirlo, Don Quijote promueve la camaradería y la aspiración a un mundo «sin tuyo ni mío». Y al final, cuando, bajo sus propios términos, el cura, su enemigo, logra vencerlo, Don Quijote muere. Entiéndase bien la muerte de Don Quijote, no es que piense ni por un momento en hacerse pastor, su propuesta es una trampa en la que el cura cae. En la complacencia del cura ante la «nueva locura de Don Quijote», este demuestra lo inofensivo del oficio de pastor, y Don Quijote no es inofensivo, es peligroso”.
Esa posibiliad de pensar, de cuestionar el sistema, pudo haber sido una de las razones para que, por “extenso y complejo” se sacara del sistema educativo.
“El caballero muere antes de convertirse en pastor. En la patraña aquella de la «quijotización de Sancho, y la Sanchificación de Don Quijote», quiere verse un triunfo de la razón. Sin embargo, la razón utilitaria no triunfa: el sujeto muere, y con su muerte derrota a su enemigo, pues el cura no logra la redención de Don Quijote.
Para mí, como lector, Don Quijote será siempre ese llamado a la resistencia contra un sistema, como el nuestro, que funciona a partir de la injusticia”.
¿Derrotará el sistema conformista al Quijote esta vez?
Inducir al estudiante a lecturas sin riesgo, sin el peligro de aventurar en el pensamiento, de soluciones fáciles y que no les demanden mayores esfuerzos, puede ser un mensaje equivocado y riesgoso, porque metafóricamente hablando, el MEP asume una posición similar a la del cura.
“El olfato del cura, agrio enemigo de Don Quijote, lo detecta e identifica como peligroso inmediatamente. Le quema su biblioteca y lo persigue hasta matarlo. Este olfato es quizás semejante al olfato del aparato educativo, como instrumento de precisión del sistema. El Quijote se sabe desde siempre un libro peligroso y se intenta minimizar su efecto a partir de lecturas ingenuas, cuando no abiertamente idiotas. Sin embargo, dado el peso de la obra, se mantiene e idealiza como signo de la más alta cultura, es decir, se corre el riesgo de que no se lea en él sólo las aventuras inocuas de un enfermo mental, sino la propuesta liberadora que dice entre líneas. Con la expulsión del Quijote de nuestras aulas, se descansa ante ese peligro y se invita al estudiante a no correr el riesgo de la lectura, de la verdadera lectura, de aceptar la invitación de Don Quijote”.

 INCONCEBIBLE

Para el exministro de Cultura y professor durante muchos años en la Universidad de Costa Rica, Arnoldo Mora, es inconcebible que un estudiante salga graduado de secundaria y no haya leído el Quijote.
“Es impensable que alguien salga del bachillerato y no haya leído el Quijote, dado que esta es una lectura fundacional, Cervantes crea e inventa la literatura a partir de este libro”.
Desde su perspectiva otro libro que debería estar entre las lecturas indispensables del MEP es Cien años de Soledad, porque como el Quijote constituye la invención de todo un universo y contribuye a enriquecer de una manera extraordinaria el mundo de la literatura.
Mora considera que se debe saber explicar e interpretar el Quijote para que los estudiantes dispongan de elementos y puedan realizar una lectura provechosa, pero de ahí a eliminarlo eso es una verdadera aberración.
Expresó que si los profesores no están en condiciones de explicarlo, entonces, podrían recibir talleres para que dispongan de las herramientas suficientes y adecuadas para hacer una lectura plausible del Quijote. 

 

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