Exposiciones fotográficas muestran que el dolor sigue en Haití

“Todos los días en mi trabajo trato de ser pulcro con las imágenes y mostrar la realidad a partir de un mensaje limpio y

“Todos los días en mi trabajo trato de ser pulcro con las imágenes y mostrar la realidad a partir de un mensaje limpio y claro”, mencionó el fotógrafo español Luis Alcalá del Olmo acerca de “Los Espíritus en la Tierra” y “Haití 7.0”, las dos muestras de su trabajo que se exhiben en el Museo Nacional bajo el título englobante “Haití: Los Espíritus en la Tierra”.

Minutos antes, la adrenalina propia de su trabajo cotidiano fue el combustible para que explicara —a toda velocidad— que “Los Espíritus en la Tierra” es producto de un trabajo de varios años en la nación antillana y trata sobre  seis diferentes celebraciones del calendario litúrgico del vudú.

Mientras que “Haití 7.0” relata la continua tragedia que vive ese pueblo tras el terremoto del 2010 y otras calamidades que le han azotado. Alcalá del Olmo fue uno de los primeros reporteros gráficos en llegar a la zona de desastre, de manera que puede observarse la dura realidad de las primeras horas, cien días después y, finalmente, a un año del desastre.

“No se puede hablar de Haití sin la tragedia”, afirmó el fotógrafo, quien trabaja para el grupo empresarial GFR Media, de Puerto Rico, al cual pertenecen los diarios Nuevo Día y Primera Hora y al que reconoció como una fuente de apoyo y ayuda logística importante, durante la realización del trabajo que expone al público costarricense desde el 4 de octubre.

“Yo solo manejo a la perfección un aparato —dijo como preámbulo a la conversación detallada sobre cada imagen del terremoto—, no intervengo en lo que sucede. Mi don consiste en excitar las neuronas espejo de las personas y lo hago por medio del encuadre, la luz y 360 grados de movimiento; a partir de ello escojo lo mejor, para que la gente vea lo que ha pasado”.

Esas neuronas espejo son células en el cerebro, que entran en acción cuando se observa a alguna persona realizar una acción y, por lo tanto, permiten interpretar y entender lo observado en las fotografías.

TIERRA ESPIRITUAL

Poco antes, cuando se refirió en primer lugar a “Los Espíritus en la Tierra”, detalló que es parte de un gran proyecto fotográfico suyo sobre las peregrinaciones de penitentes, que incluye Filipinas y Etiopía. Luego se interesó por las religiones afroantillanas e investigó sobre la santería cubana y el candomblé brasileño, pero se decidió por Haití, pues —según dijo— ese tipo de trabajo no se había hecho con esta población.

“Fotográficamente Haití es un reto: la piel de sus habitantes es muy negra y la luz difícil”, dijo al recordar que pasó cuatro años en el país que comparte con la República Dominicana la isla La Española.

Cada una de las peregrinaciones lleva el nombre del espíritu particular al que celebra o cuyo favor se busca. Al mostrar la primera, Barón Samedí, relató que los protagonistas penitentes son poseídos, hecho que retrató con la idea de romper con los estereotipos hollywoodenses sobre esta religión.

Al continuar con las fotos de las peregrinaciones Erzulie Freda y Ogoun Ferraille, explicó que el trabajo implicó visitar una misma locación a diferentes horas del día, para familiarizarse con las mejores condiciones de luz. Las imágenes son muy cuidadas, ya que el trabajo de fotografiar se complicó bajo el fuerte Sol, por ejemplo de las 10 a.m., debido a que a mucha luz, mucha sombra.

Alcalá avanzó a las fotos de Ganthier, Souvenance y Ra-Ra. Sus imágenes muestran una estética propia a cada peregrinación, ya sea un hombre que mira fijamente a la cámara con un machete en la mano, otro que vive su trance cubierto en barro, hombres y mujeres en pleno frenesí bajo una cascada, o bien una pareja recibiendo de frente el impulso de la deidad.

Al preguntársele sobre su relación con los protagonistas y la actitud que generó en ellos ser fotografiados, afirmó que “después de 20 años sé cómo moverme y pasar desapercibido; es el gran truco de los periodistas”.

“Uno no sabe en qué momento sucederán los trances y llega la imagen irrepetible; hay que hacer un seguimiento de horas y se debe trabajar con mucha calma, mientras que en casos como el del terremoto se debe trabajar a la velocidad de la tragedia”, puntualizó justo al terminar de mostrar “Los Espíritus en la Tierra” y destacar la pulcritud con que trabaja las imágenes.

7.0

Alcalá del Olmo procedió a relatar que tras la noticia del terremoto fue enviado inmediatamente como fotoperiodista desde Puerto Rico a la zona de desastre y que el avión privado que le transportó aterrizó en la pista de un aeropuerto en el que no había ni personal ni control aéreo y luego de dejarle, partió así como había llegado.

“Al hacer las fotos no se puede fallar, hay que tirar efectivamente y luego transmitir las imágenes”, señaló al mostrar una foto de unos saqueadores en medio de la destrucción y al hacerlo corrió a lo largo de la sala, como si de nuevo persiguiera a esos sujetos sin que se percataran y disparando el obturador para lograr un encuadre perfecto.

“Hay un gran poder implícito en el hecho de ser quien envía las primeras imágenes de la tragedia; situaciones así pasan una vez en la vida y como periodista implican una gran responsabilidad”, reflexionó.

Aclaró que no retoca las imágenes; “tengo que hacerlo bien desde el momento en que las capturo. En la fotografía de prensa no hay tiempo para eso”.

Además, explicó que la tragedia se desarrolló en etapas evidenciadas en sus fotografías: un primer momento de caos, luego se visibilizan los muertos y, finalmente, los sobrevivientes, todos a la espera de que llegue la ayuda.

“Al ser las primeras imágenes de la tragedia para el mundo, lo primero que envié mostró el colapso total del Gobierno, no funcionaban siquiera policía o ambulancias”, detalló ante una foto que muestra los restos de lo que fueron unos tribunales. En ese momento sintió que si no llegaba la ayuda, morirían 500 000 personas más. “Había que generar imágenes para que presidentes y demás personas que toman decisiones en el mundo enviaran ayuda, para que los gringos llegaran con sus portaviones”.

El fotógrafo no usa el término “angustia”, pero eso se siente cuando narra la realidad de “enviar y enviar fotos y ver que pasan las horas, pero no llega la ayuda”.

“Claro que a uno lo afecta al final del día el ver a 200 000 personas muertas en una ciudad y como no se es médico, no puede hacer mucho más que lo que mejor sabe hacer. No se es periodista para lucirse, sino para informar al mundo para que reaccione”, aseveró.

Al mostrar una de las fotos que por su crudeza no será expuesta, Alcalá del Olmo mencionó que, evidentemente “dentro de todas las profesiones hay todo tipo de gente”, pero subrayó que la idea “estereotipada” del sensacionalismo en la fotografía es propia “de quienes no estuvieron allí”.

“Ser periodista es un privilegio. Me pueden acusar de todo —morboso o lo que sea—, pero en realidad es todo lo contrario; trabajo con pulcritud. Genero una imagen dura, pero como Rembrandt”, sostuvo.

Cuando la conversación y el recorrido se acercaba a su fin, el fotógrafo enfatizó que lo busca “que la gente no se olvide; Haití sigue igual: un millón de personas viven en la calle”.

Por lo que insta a que “las autoridades de Costa Rica hagan estudios preventivos y piensen en el escenario de un terremoto así, con la mala suerte de que se dé a 15 kilómetros de la ciudad y en horario de clases”.

 


 

Muy accesible

Luis Alcalá del Olmo inició su carrera hace 20 años y desde hace 15 labora para el grupo mediático GFR media, de Puerto Rico.

Se desempeña, además, como profesor de fotoperiodismo en la Facultad de Periodismo de la  Universidad del Sagrado Corazón, en la capital de ese país, y ha recibido numerosos premios por sus trabajos de interés humano y antropología visual, entre los que se puede destacar uno de la National Geographic en el 2007.

La visita del fotógrafo y la llegada de su exposición a Costa Rica se concretaron gracias al apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Centro Cultural Español (CCE).

La exposición ha recorrido ciudades como Nueva York, Madrid, La Habana, Sao Paulo, Lima, Caracas o Guatemala, y se puede apreciar en el Museo Nacional hasta el 6 de enero del 2013.

La entrada tiene un costo de ¢1500 para adultos nacionales, mientras que ciudadanos de oro, estudiantes identificados y menores de 12 años entran gratis. Además, los domingos la entrada es totalmente libre.


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