La Carpio vibra con su propio arte

Abigail, Giselle y Cristina Soza Rayo junto a su papá Alfonso Soza aprenden a tocar un instrumento musical en el programa SIFAIS, en La

Abigail, Giselle y Cristina Soza Rayo junto a su papá Alfonso Soza aprenden a tocar un instrumento musical en el programa SIFAIS, en La Carpio de La Uruca. (Foto: Katya Alvarado)

Una parte de la familia Soza Rayo espera sonriente y en silencio en el edificio donde recibe clases musicales todos los sábados desde las 9 de la mañana, en la Cueva del Sapo, una barriada en La Carpio, La Uruca.

Es una pequeña “marimba” familiar: Abigail, de 9 años, toca el clarinete –tan alargado y moreno como quien lo hace sonar–; Giselle, de 11, aprende el violín, tímida, de ojos rasgados y movimientos sinuosos, como si fuera ella misma el arco que provoca el sonido de las cuerdas; Cristina de 13, alta, de hueso robusto y cachetes encendidos, como la trompeta que la sedujo para iniciar su camino en el arte musical. También está su padre Alfonso, nicaragüense residente hace 19 años en Costa Rica, pequeño de estatura, de tez blanca y un sabroso acento norteño. Él estudia piano.

Ellas y él son parte orgánica del programa denominado Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (SIFAIS) –iniciativa de Eureka Comunicación−, cuyo nombre tal vez requiera de una larga aspiración para pronunciarlo, pero que en realidad se puede describir con un silencio emotivo cuando se vive la labor que realiza y que beneficia a unas 400 personas.

Desde hace casi dos años, los Soza Rayo asisten puntualmente a sus lecciones de música, en un espacio que, durante el horario sabatino, permanece repleto de los beneficiarios del programa –que suman 375− y cuyos voluntarios, además, imparten artes plásticas, karate, capoeira, inglés y portugués, periodismo, fotografía y producción audiovisual, entre otras expresiones artísticas y culturales.

Magdalena López, encargada de enlace comunitario del SIFAIS, enfatiza que la iniciativa –con tres años de funcionamiento− no divide por edades a quienes disfrutan de los cursos. “Acá se piensa de manera integral en los niños, los jóvenes, los adultos, las personas adultas mayores y las familias. Todos vienen, todos reciben las lecciones, porque en esta comunidad las familias son muy unidas; todos se acompañan, todos se complementan”, detalló.

Con los asistentes a las clases de instrumento musical, por ejemplo, se ha formado la Orquesta Sinfónica de La Carpio, la Camerata, los ensambles de jazz, de rock, flauta traversa y saxofón.

Este prolífico resultado musical es parte de los beneficios vividos por la comunidad que, según afirma López, van en dos vías, “porque cada quien viene y se da cuenta que hay mucho por hacer y que la pasa genial, entonces dice: ‘aquí me meto y no salgo”. Y la comunidad, por su parte, experimenta los efectos positivos, pues “los muchachos se unen, se dan cuenta de que el arte los llena, que puede ser un instrumento para el futuro y que es una herramienta para decir ‘yo no soy un pobrecito’ y que hay algo más que sentarse en una esquina y ver pasar gente”, expresa con vehemencia López.

EL SONIDO CON SILENCIOS

Abigail, Giselle y Cristina no hablan mucho sobre qué piensan de su formación musical. Sin embargo, cuando la menor de las hermanas toma el clarinete desarmado, en un abrir y cerrar de ojos lo tiene listo para hacerlo sonar. También, con las palabras necesarias, explica que los dedos deben apretar los botones y las llaves para crear las notas. Agrega a su breve anécdota que estudia en su cuarto dos horas todos los días y que no hace caso a sus hermanos cuando hacen bulla a su alrededor.

Aunque Giselle tampoco se atreve a decir algo, con un grado visible de concentración, afianza la viola en su mentón y el arco con su mano derecha para interpretar el clásico infantil “Estrellita dónde estás” (el violín a su cargo lo dejó en la casa). Luego sonríe y se esconde detrás del hermoso instrumento de madera con cuerpo de mujer pequeña.

Cristina, la mayor, también muestra talento, aprendizaje y orgullo. Hace ver que lo que produce el sonido de la trompeta es el aire, al entrar en contacto con los pistones, hace sonar las notas. Ella sí se anima a contar más sobre su experiencia. “Lo primero es aprender el pentagrama, la escritura. Se parece a las matemáticas, porque las notas tienen números. Un silencio de una redonda dura como cuatro y un silencio de una blanca, dos. Pero cuando toco solo pienso en la música”.

Alfonso, en cambio, es contador de historias nato. Recuerda que la música ha sido parte fundamental de su vida, pues desde chiquillo tocaba la guitarra. “Yo trabajaba en una finca y de vuelta a la casa, como a las 6 de la tarde, agarraba el instrumento para estudiar las notas”.

De oído y de a poco fue avanzando en su vocación de músico hasta que formó un conjunto de mariachi. Luego consiguió un librito de música y aprendió requinto, e incluso aprendió a tocar bandoneón, llevado de Costa Rica a Nicaragua por un amigo.

Hace 19 años Alfonso emigró a nuestro país. Había pasado la guerra y oyó que el vecino país del sur era democrático. En principio, vino a pasear por dos meses pero se quedó. Entonces, se casó con Mirna del Carmen Rayo Castillo, ambos residentes. Sus tres hijas nacieron en suelo tico, y desde el 2000 viven en La Carpio, en donde lograron pagar una casa.

Hace como un año y medio se enteró del SIFAIS y que no había pianista. Junto a varias personas organizó las lecciones de piano. “Primero éramos 4; a los días, 10; después, 20. Ahora somos un buen grupo”, cuenta con satisfacción.

“El piano es una belleza, por donde usted le busca saca una melodía. Además, me gusta cantar. Por ese sentimiento que traigo, practico casi todos los días, de las 5 de la tarde a las 11 o 12 medianoche”, dice Alfonso. Su sueño es formar un grupo con sus hijas, escribir canciones y grabar un disco.

“La Carpio ha sido un lugar bastante crítico en tiempos pasados, por eso se han traído proyectos como el SIFAIS, para que los jóvenes tengan otras ideas, otra mentalidad, que piensen en la música y en el arte como una forma de cambiar la vida, no solo de los niños, sino de los adultos de comunidades como esta”, expresa con sabiduría Alfonso.


Artes y deportes, herramientas para vivir mejor

¿Qué es el SIFAIS? El Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (SIFAIS) es una iniciativa de Eureka Comunicación, dirigida por Maris Stella Fernández.

¿Cuál es el objetivo? El SIFAIS promueve la superación personal y la integración social por medio de la enseñanza y aprendizaje de una destreza artística y deportiva.

¿Dónde se desarrolla? El SIFAIS se desarrolla principalmente en comunidades o barriadas marginales, con la participación y colaboración quienes quieran incorporarse como voluntarios en el programa. Actualmente, se desarrolla en La Carpio y San Miguel de Escazú. Próximamente, empezará a funcionar en la comunidad del Bajo de Los Anonos. También hay solicitudes de abrir un SIFAIS en Rincón Grande de Pavas, San Juan de Desamparados y Alajuelita, pero estos se desarrollarán en la medida que se cuente con más facilitadores, instrumentos y apoyo logístico.


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