La corrupción llegó al teatro

«Dicen las paredes» aborda el tema de la corrupción política desde la perspectiva de una mujer, y permite ver a los personajes en el

«Dicen las paredes» aborda el tema de la corrupción política desde la perspectiva de una mujer, y permite ver a los personajes en el ámbito público y en el espacio privado. (Foto cortesía de Micaela Piedra)

Polémica, actual y amenazante de la paz social costarricense, la corrupción y la creciente impunidad que perciben la ciudadanía serán temas que se abordarán desde el escenario del Teatro 1887 en la obra “Dicen las paredes”, de la dramaturga nacional Ailyn Morera.

Estrenada en Costa Rica en el año 2007, con la dirección de María Bonilla, este montaje regresa con un texto revisado por la propia dramaturga, quien considera que la actual versión supera a la primera, al agregar escenas y redefinir algunos elementos dramatúrgicos, comentó Morera.

Para esta ocasión, Morera comparte la dirección con el estadounidense Edward Morgan, con quien se vinculó artísticamente hace unos meses, luego que visitara nuestro país a impartir talleres.

 

“La obra plantea temas universales, pero con la particularidad de señalar ciertos elementos reiterativos en nuestra región centroamericana; en este sentido, estaríamos haciendo conciencia sobre los elementos que constituyen nuestra identidad. A la vez, como responsables en el quehacer cultural, nos corresponde apoyar en la construcción de nuevos sinos y voces dramatúrgicas”, dijo Morera.

Ailyn Morera trata, en sus textos, temas álgidos para la realidad nacional, desde una perspectiva de género que trasciende los ortodoxos discursos feministas. En este caso, hace un recorrido por la crisis institucional que provocan los actos de corrupción en las altas esferas políticas; esto desde la mirada de una mujer joven que valientemente descubre los actos ilícitos cometidos por su padre.

El personaje de Gabriela, interpretado por Alejandra Solórzano, «refleja el tipo de ser humano y costarricense que necesita el país; es decir, personas con más coraje para no olvidar, para defender lo que tenemos como nación», señaló Morera. A Solórzano se unieron Rubén Pagura, Carolina Zumbado, Marco Guillén, María Chaves y Alejandra Jarufe.

“Dicen las paredes” fue seleccionada en el año 2006 para participar en el International Theatre Institute, en Grecia, como obra representativa del teatro contemporáneo costarricense. Esta temporada se extenderá hasta el 8 de julio, en funciones de jueves a domingo, a las 8 p.m. Las entradas tienen un costo  general de ₡4.000 y ₡2.000 para estudiantes; los días jueves se venden dos por el precio de una. El Teatro 1887 se ubica en el Centro Nacional de Cultura.

UN MAL LATINOAMERICANO

“Dicen las paredes” parte de un escándalo político que repercutió sobre muchas personas y lesionó la democracia costarricense. En medios de comunicación, se difundió la noticia de que a una joven le fue decomisado un vehículo que su padre le había obsequiado, recibido sin saber de donde procedía aquel costoso regalo. Este hecho impactó a la dramaturga, que meditó sobre los dolorosos momentos que debió pasar aquella mujer, sus familiares y el penoso lío judicial que les sobrevino. A este caso, Morera engarza otros dos igualmente graves; de esto surgió un texto que ha ido mejorando con cada puesta en escena.

El proceso creativo ha sido intenso, de compartir y confrontar posiciones políticas, lo cual enriqueció mucho esta pieza teatral, explicó Rubén Pagura —quien interpreta a Bernal, el esposo de la protagonista que se propone mantener en el secreto las acciones corruptas de su suegro—. Las visiones de los actores, de una directora costarricense y un estadounidense, finalmente, dieron como resultado un trabajo que pretende demostrar que la búsqueda de la verdad ante la impunidad produce un quiebre en la estructura del poder.

Aunque las situaciones narradas en “Dicen las paredes” hacen referencia a nuestra realidad nacional, esta podría ser llevada a cualquier escenario latinoamericano, donde las prácticas partidarias amenazan las frágiles democracias de algunos países del continente.

Para Pagura y Morera, lo peligroso es que esto se ha llegado a ver como algo “natural” y muchos asumen este tipo violencia social como parte del estilo de vida de nuestras naciones, y en algunos casos se convierten en ejemplos idealizados del éxito.

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