Luis Demetrio Mecho Calvo: “Nunca voy a dejar de dibujar”

Mecho: “Uno no debe repetirse, sino reinventarse siempre” (Foto: Katya Alvarado)Después de nueve años de labor en este Semanario, Luis Demetrio Calvo, más conocido

Mecho: “Uno no debe repetirse, sino reinventarse siempre” (Foto: Katya Alvarado)

Después de nueve años de labor en este Semanario, Luis Demetrio Calvo, más conocido como Mecho, concluye este 13 de febrero el capítulo de su vida en UNIVERSIDAD y busca nuevos desafíos en otros espacios.

Como ya se informó, Mecho desde hace varias semanas trabaja para el medio electrónico CRHoy, al cual a partir de ahora estará dedicado a tiempo completo con sus caricaturas.

Oriundo de Quircot de Cartago y miembro del grupo La Zarigüeya, llegó al Semanario cuando aún era estudiante en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica. Para despedirse de este medio, concedió una última entrevista en la que hizo un balance de esta experiencia, la cual entre otras cosas abarca los polémicos tiempos de la discusión del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (TLC).

¿Cómo fue su llegada al Semanario?

—No buscaba ser caricaturista, se me dio la oportunidad y la aproveché. La caricatura encerró todo lo que podía buscar en una forma de expresión, ocuparme de temas sociales, ambientales o políticos; las circunstancias que se han dado en Costa Rica en estos años me hicieron querer aportar algo.

El Semanario realmente fue una escuela, como aprender el abecedario, sílabas y palabras para formar poco a poco un vocabulario y lenguaje propios. Ha sido un proceso total. Antes de llegar al Semanario, me veía como profesor o pintor, pero nunca como comunicador gráfico.

 

 

Pero usted desde muy joven en el colegio utilizaba el dibujo para molestar a la gente.

—La picardía está implícita en el dibujo y con esa habilidad siempre terminaba haciendo caricaturas de los profesores. Simplemente pasé a una situación en que se dio crecimiento.

 

A lo largo del trabajo en el Semanario, ¿qué evolucionó de manera más rápida, el dibujo o el fondo conceptual de su caricatura?

—El estilo pasó por un proceso de depuración; cuando entré al Semanario ya traía formación en el dibujo como estudiante universitario, pero la parte conceptual fue el área que más esfuerzo requirió, pues se debe hacer investigación y aprender a partir de conceptos puntuales, a veces una frase.

La parte técnica evolucionó con la misma tecnología y los materiales disponibles. Además, la oportunidad de compartir con colegas del exterior me influenció mucho en la parte gráfica. Participé en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, viajé a San Antonio de Los Baños (Cuba) —donde logré una mención honorífica en un certamen internacional—, y a Colombia. También, concursé en certámenes de Brasil, Italia y Estados Unidos.

 

¿Con cuál de los trabajos que presentó en esas participaciones internacionales se sintió más satisfecho?

—Con la de Cuba, “Humo-Sapiens”, pues la mención de honor fue la puerta que se me abrió al exterior. También, con la “Monalisa” que hice para un certamen en Colombia, más conceptual. En todas esas experiencias la parte política no deja de estar presente, sobre todo en Cuba, donde una caricatura que hice sobre el bloqueo dio bastante de qué hablar.

 

Puede ser muy delgada la línea entre un humor crítico y agudo y la ofensa. ¿Cómo aprendió a mantener esa diferencia?

—Respeto. Mi padre siempre me enseñó a respetar a las personas y entender que todos cometen errores. Mi trabajo consiste en analizar y ofrecer elementos para que la gente juzgue y saque sus propias conclusiones sobre los personajes.

 

A lo largo de estos nueve años, ¿qué temas fueron particularmente difíciles de caricaturizar?

—Todo tema es difícil; lo importante es cómo entenderlo y para ello hay que informarse, ver cuál es el enfoque y darle una visión, buscar que así como uno asimila la información, la reciba la persona que ve la caricatura. Uno no debe repetirse, sino reinventarse siempre.

 

¿Cuál de los personajes caricaturizados le sorprendió por su reacción?

—Me sorprendió cuando en una entrevista en televisión vi que José Miguel Corrales tenía en su casa enmarcada una caricatura mía, en la que salía liderando a personajes de oposición.

También, José Manuel Echandi enmarcó una caricatura que hice de él como figura cercana a Liberación Nacional; era una crítica más directa que cuestionaba su integridad como representante de un partido político independiente.

Como en todo medio de comunicación, uno está expuesto a la crítica. La caricatura al ser tan subjetiva se presta para que algunas personas se la apropien y otras la rechacen. He conocido críticas de gente que no comparte mi pensamiento, pero cada quien es libre; los trabajos están ahí y lo importante es generar discusión.

 

¿Considera que su trabajo logró otro nivel de notoriedad —probablemente por usted imprevisto— durante la época de discusión del TLC?

—Sí. El Semanario fue de los primeros medios que abordó el tema a nivel de discusión y diálogo entre intelectuales y especialistas, lo cual me aportó gran información para manejar los temas cuando llegó el momento del referendo. Gracias a ello, surgió trabajo para mí y tuve la oportunidad de participar en el programa “Cita Histórica” de Canal 15, haciendo caricaturas en vivo.

Creo que fueron buenas oportunidades no solo para mí, sino para la caricatura como medio de expresión, pues aparecieron sitios en Internet tanto a favor como en contra del Tratado (como No TLC o La Pájara Pinta) que le dieron mayor difusión.

Ese momento de disyuntiva, que fue el referendo, permitió entonces que se abrieran nuevos espacios. Después de años de pasividad, mucha gente se animó a manifestar sus inquietudes, opiniones o malestar de manera gráfica.

 

¿Tiene la caricatura el espacio que debería tener en los medios de comunicación?

—A nivel nacional es muy difícil. No todos los medios se animan a dar espacio en sus páginas y menos en portada. El Semanario en eso ha sido la referencia desde la época Hugo Díaz; ha sido un medio totalmente alternativo y diferente.

Cuando uno tiene la suerte de salir del país, es increíble ver la calidad técnica de los artistas y el espacio que se les brinda, lo cual da pie a una mejor información. En México, por ejemplo, se respeta mucho al caricaturista.

Creo que vamos por buen camino; diferentes medios de comunicación han abierto nuevos espacios y nuevos artistas van creciendo, que se suman a los ya reconocidos, como Arcadio, que para mí es un referente y un maestro. Es importante que este arte se siga desarrollando.

Mecho abordó también el tema de la guerra “contra el terrorismo”. (Cortesía: Mecho)

Menciona a Hugo Díaz y a Arcadio; además de ellos, ¿qué otros artistas han influido en usted?

 

—En primera lugar, Hugo Díaz es un maestro y sigo el rumbo que él marcó. Arcadio ha hecho una gran cantidad de trabajo y aportes a la gráfica. Carlos Arroyo —profesor de la Escuela de Artes Plásticas— me ayudó mucho y me inculcó el reto de superar lo que se viene haciendo. Respeto mucho a Munguía por el trabajo tan productivo de tanta calidad que ha realizado. Internacionalmente, admiro al mexicano José Hernández o a Boligán, cuyo trabajo es de gran factura. Helio Flores es otro gran caricaturista mexicano —diríase el Hugo Díaz de México—, a quien tuve oportunidad de conocer en Guadalajara.

 

¿Qué balance hace de su nueva experiencia laboral, en el sentido de que debe producir diariamente y ocuparse de una mayor variedad de temas?

—La diversidad temática es muy extensa, desde política o fútbol hasta lo ambiental. Eso me confirma que uno nunca deja de aprender; me siento como el primer día en el Semanario. Ahora me pregunto a diario qué voy a hacer mañana, cómo voy a aplicar el color o dar una atmósfera particular al dibujo. En 9 años nunca incluí texto en una imagen y eso ahora me ha dado más trabajo a la hora del cierre, de rematar una caricatura.

 

¿Qué proyectos o ideas se propone desarrollar a mediano o largo plazo en el campo artístico?

—A mediano plazo, continuar con los proyectos del grupo La Zarigüeya. Vienen exposiciones y trabajos de taller. Espero viajar más, regresar a Colombia y Cuba.

Siempre está latente el proyecto de publicar un libro, una iniciativa que en el pasado se truncó porque faltó financiamiento cuando se vino la crisis económica. Ya después de nueve años, el libro abarcaría no solo los trabajos sobre el TLC, sino más temas tratados en el Semanario y un componente más experimental.

 

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿qué consejos le daría a ese otro que era usted hace nueve años, cuando inició el trabajo en el Semanario?

—Valorar a los compañeros aún más. Me voy con un gran recuerdo de cada uno. Conocí a una buena cantidad de personas que han pasado por el Semanario y todas me mostraron un gran cariño y respeto por mi trabajo. Tengo mucha gratitud hacia Laura Martínez y Ana Incer, quienes confiaron en mí, así como hacia Eduardo Ramírez y la historiadora del arte María Enriqueta Guardia.

En estos nueve años, mi familia ha sido un bastión para mí, pues confiaron en este proyecto de vida. La caricatura más allá de una faceta se convirtió en el camino que he llevado, con el cual he logrado estabilidad económica y, al mismo tiempo, comunicar y aportar a la sociedad.

Estoy agradecido con el nuevo director Mauricio Herrera por tomarme en cuenta; hubiera querido que las cosas fueran más fáciles para seguir colaborando con el Semanario, pero ya el tiempo no da para más y tengo otros proyectos. Lo importante es siempre tratar de dar lo mejor. Nunca voy a dejar de dibujar.

 


El aporte de Mecho

Mecho desarrolló una gran calidad técnica y capacidad de síntesis conceptual. (Cortesía: Mecho)

Arcadio Esquivel, uno de los caricaturistas de mayor trayectoria en el país, expresó que ha seguido la evolución de Mecho desde que empezó su trabajo en este medio y consideró que en aquel entonces, era “un poco tímido con sus propuestas; cuando avanzó se hizo más agresivo, más convencido y más comprometido”.

En su criterio, el dibujo de Mecho evolucionó de manera más veloz que su propuesta conceptual, pero destacó que desarrolló buena capacidad para el dibujo. Pronosticó que “con el paso del tiempo será una de las propuestas más valiosas, será uno de los mejores”.

Tras apuntar que la caricatura aportó “un aire más recreativo” a UNIVERSIDAD, hizo ver que con Mecho este medio logró “brillantez en la portada, algo muy importante para que la gente lo leyera”.

Por otra parte, la exdirectora de UNIVERSIDAD Laura Martínez manifestó que “desde el primer momento” le impresionó el trazo de Mecho por su “enorme exactitud” con respecto a los personajes de la política de ese momento, y su gran sentido del humor.

Calificó sus ilustraciones como “críticas y al mismo tiempo sumamente simpáticas” y añadió que “son agraciadas y tienen un vínculo excelente con el sentir de la gente y el imaginario colectivo”.

Tras apuntar que en el Semanario Mecho pasó de ser un estudiante de la Escuela de Artes Plásticas a ser “una institución joven en la caricatura”, destacó que el humor es el medio por el cual se expresa el pueblo, “quien lo conoce bien pasa a la historia y Mecho va a pasar a la historia; es un excelente hijo del maestro Hugo Díaz”.

Sobre la particularidad de que la caricatura llegó a ocupar la portada de UNIVERSIDAD, Martínez recordó que durante y después de la discusión del TLC, “no quedó la menor duda de que la caricatura tenía que estar en portada, pues tenían presencia en redes sociales y manifestaciones, estaban en el pensamiento de colectividad”.

El actual director de UNIVERSIDAD, Mauricio Herrera, expresó que las caricaturas de Mecho son “una excelente integración de habilidad artística, conocimiento profundo de la actualidad, humor sutil y, claro, sinceras convicciones éticas y enorme sensibilidad social”.

Subrayó al respecto que se trata de una combinación de virtudes “muy difíciles de encontrar juntas en una misma persona” y coincidió en afirmar que Mecho es “sin duda un digno heredero del gran caricaturista Hugo Díaz”.

Ante la pregunta de qué elementos del arte de Mecho le han atraído más, Herrera mencionó el poder de síntesis de temas complejos y su conjunción con un fino humor político, de manera que sus caricaturas informan y hacen reír al mismo tiempo.

Sobre el reto que implica para el Semanario la salida de Mecho, el director de UNIVERSIDAD aseveró en primer lugar que “no se le puede sustituir”, pero que se debe buscar alternativas que atraigan e informen al público lector del Semanario.

Herrera subrayó que un periódico con la tradición y trayectoria de UNIVERSIDAD debe contar con un caricaturista, pero anunció que el medio se tomará algún tiempo para buscar a uno o varios artistas gráficos, lo cual implica que de momento se prescindirá de la caricatura en la portada y se recurrirá a otros elementos gráficos “para crear primeras páginas relevantes y originales”.


 

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