Luis Fernando Gómez: Compañía abrirá puertas a actores

El nuevo director de la Compañía Nacional de Teatro impulsará un plan de emergencia, procurará revitalizar al gremio y fomentará la creación de grupos

El nuevo director de la Compañía Nacional de Teatro impulsará un plan de emergencia, procurará revitalizar al gremio y fomentará la creación de grupos independientes.

Luis Fernando Gómez, nuevo director de la Compañía Nacional de Teatro,  cambiará las políticas de esta entidad, la cual «está en deuda con el público costarricense»

Abrir las puertas a los actores costarricenses, incentivar la dramaturgia local, diversificar la oferta y llevar obras a las comunidades, son los principales retos que, a partir del 1 de agosto, asumirá Luis Fernando Gómez, nuevo director de la Compañía Nacional de Teatro.

Gómez, quien sustituye en el cargo a Jaime Hernández, considera que la Compañía debe volver a ser la «casa habitual de los actores» y debe marcar el rumbo del teatro costarricense, como lo hizo en años anteriores.

«En la anterior gestión las puertas de la Compañía estuvieron cerradas para la mayoría de los actores nacionales y se perdió la labor de guía que tradicionalmente ha desempeñado».

El director aseguró que «la Compañía está en deuda con el público, por lo que  impulsaré un plan de emergencia para lo que resta del presente año y para lo cual ya he recibido muestras de apoyo por parte de gente de teatro».

En su criterio, la Compañía debe convertirse en el espacio para que los actores nacionales se manifiesten, por lo que fomentará el trabajo con dramaturgos  y  jóvenes directores.

La excelencia y el rigor en las obras que pondrá en escena la Compañía, así como la necesidad de que el público disfrute de una oferta teatral más variada, que no incluya solo las «sexy comedias», son también dos preocupaciones centrales de las que se ocupará  durante su gestión.


Manifestó que en Costa Rica está probado que existe un público fiel al teatro, pero que se alejó de las salas porque se cansó de recibir una pobre oferta y que por lo tanto es hora de devolverle la confianza a los espectadores.

«Cada quien es responsable de lo que hace, pero creo que debe existir más rigor y más eficacia en el trabajo teatral para que el público retorne a las salas, como lo hizo en los tiempos dorados de los años 70 y principios de los 80».

Ganador de ocho premios nacionales como actor, Gómez es consciente de que el desafío que le aguarda es mayor, por lo que resaltó que empezará por una «reordenación administrativa de la Compañía», a la que dirigió por primera vez entre el 1 de enero de 1992 y el 8 de mayo de 1994.

Aunque reconoció que por tradición la Compañía pone en escena obras clásicas y de dramaturgos consolidados universalmente, le interesa impulsar la veta del teatro independiente, diversificado y de experimentación.

«Al público hay que darle lo que se merece y yo respaldo un teatro de rigor y de excelencia. No soy partidario de los espectáculos aparatosos– aunque ello no significa que vayamos a hacer montajes precarios– porque creo en el teatro de actores. El teatro, y de esto no tengo ninguna duda, lo hacemos los actores».

UNIR AL GREMIO

Con la experiencia de 30 años en las tablas y de 25 como profesor en el Taller Nacional de Teatro, Gómez estima que uno de los mayores problemas que enfrenta el gremio es la dispersión y la falta de unidad.

«El teatro es un trabajo grupal y si cada quien anda por su lado es muy difícil revitalizar al gremio. Es importante que los actores sepan qué defienden, qué teatro hacen y por qué lo hacen».

De ahí que es imprescindible fomentar la creación de grupos independientes, los cuales contarán con el respaldo de la Compañía Nacional, añade, porque son estos los que pueden desarrollar un trabajo experimental y más cercano a los autores contemporáneos.

«La Compañía debe abrirse a la producción de los grupos independientes y trabajar con ellos en el montaje de obras, mediante la coproducción y al facilitar su infraestructura».

Gómez lamenta que los grupos independientes sean escasos, porque son ellos los que podrían desempeñar una invaluable labor de difusión teatral en todo el territorio.

La escasez de la oferta, las opciones de que haya un resurgir en la dramaturgia nacional y la posibilidad de que las obras sean llevadas a las comunidades, podrían concretarse con el concurso de los grupos independientes, expresó.

«En Costa Rica a la gente le gusta mucho el teatro y lo digo a partir de mi propia experiencia, pues recorrí los 81 cantones con una obra que se llamó «La familia Mora», en la que se abordaba el problema agrario que sufrían los campesinos. En aquella oportunidad me sorprendió no solo el aprecio artístico que tienen por el teatro, sino también la capacidad de sensibilizarse respecto al tema que tratábamos».

Los grupos independientes, en coordinación con la Compañía, estarían en condiciones de brindarle al público «opciones permanentes», que es otro de los desafíos que se le presentan al asumir la dirección.

«No vengo a hacer de censor o de Catón, porque no es mi estilo ni me interesa, pero al espectador hay que darle posibilidades diversas y no únicamente «sexy comedias».

La limitada oferta es, afirma, una muestra de la etapa que vive el teatro costarricense, en el que es necesario «un nuevo replanteamiento» de los rumbos que debe seguir en los próximos años.

SUPERAR LO ECONOMICO

El reducido presupuesto de la Compañía Nacional,

(¢130 millones), y las dificultades que enfrentan los actores para desempeñar su oficio, es uno de los obstáculos que deben superarse a base de trabajo y mística.

«La mayoría de los actores somos pobres, porque ni siquiera podemos vivir de nuestro trabajo escénico, sino que necesitamos de otro empleo para sobrevivir».

Pese a estas condiciones, Gómez augura mejores tiempos para la dramaturgia nacional, gracias al empeño y al tesón que caracteriza a los actores.  En el programa de trabajo que elaborará para el período 2002-2006 incluirá las sugerencias de los diversos sectores del medio.

Para intentar solventar parte de las penurias económicas que afectan al teatro, Gómez se mostró partidario de involucrar a la empresa privada, a la que se «puede convencer si se le presentan sólidos planes».

A sus 58 años, con una carrera colmada de reconocimientos, detrás de la cual subyace una labor silenciosa y metódica, Gómez le apuesta a un despertar del teatro, para lo cual empezará por reintegrar al gremio. Luego iniciará la aventura de reconquistar a los espectadores.

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