Luis Lara Malvasías, maestro de danza: “Dejar de aprender es morirse”

Para el coreógrafo, bailarín y artista plástico venezolano Luis Lara, la curiosidad es lo más importante. (Foto: Carlos Murcia)Para el maestro Luis Lara Malvasías,

Para el coreógrafo, bailarín y artista plástico venezolano Luis Lara, la curiosidad es lo más importante. (Foto: Carlos Murcia)

Para el maestro Luis Lara Malvasías, aprender es estar vivo. “Si dejas de aprender te mueres. Si dejas de ser curioso, tu vida se acabó”, asegura el coreógrafo.

Por esa razón, el artista dedica su trabajo a la enseñanza, a la investigación y a la fusión de técnicas artísticas tanto visuales como escénicas.

El venezolano –coreógrafo, investigador del movimiento, bailarín y artista plástico– visitó el país para impartir un taller de danza contemporánea a los integrantes de Danza Universitaria, Danza Abierta y algunos bailarines invitados del sector independiente.

 

La visita forma parte del programa de formación que ha emprendido Danza Universitaria. Este consta de talleres y clases con maestros reconocidos internacionalmente, con el fin de fortalecer el trabajo de ambos grupos en concepto, técnica dancística y creatividad (ver recuadro).

Lara, radicado en Nueva York, es conocido por realizar trabajos multidisciplinarios y por compartir sus conocimientos como profesor invitado en diferentes compañías en Europa y América.

El coreógrafo conversó con UNIVERSIDAD sobre sus perspectivas de la danza y su experiencia de trabajo con las agrupaciones universitarias. A continuación, un extracto de esa entrevista.

¿Cómo llegó a la danza?

—Yo bailo desde niño; como a los 12 años quería hacer ballet y evidentemente no me lo permitieron, porque era hombre; entonces decidí hacer teatro y empecé por ahí. Hice clases de jazz y baile folclórico, de modo que siempre estuve en contacto con mi cuerpo.

Más tarde, entré a estudiar artes visuales y estuve en dos escuelas en Venezuela. A partir de las artes visuales, empecé a hacer performance art y un coreógrafo que iba a la escuela vio que yo tenía potencial y me invitó trabajar con él. Ahí decidí que eso era lo que quería y lo que iba a hacer. Las artes plásticas me apasionan, por eso decidí hacer ambas cosas.

Estudié danza, me gradué de la escuela de danza y luego me dieron una beca para ir a Nueva York. Estudié dos años y luego me quedé; empecé a hacer y mostrar mi trabajo allá.

Ahí empecé a estudiar otra información y de alguna manera profundicé más en la información que ya tenía. Seguí en ese proceso de investigación y cada vez surgen preguntas sobre qué es la danza, dónde estamos y para dónde vamos, y yo soy muy curioso todavía, porque no creo que uno termine de aprender. Si terminas de aprender, te mueres. Si dejas de ser curioso, tu vida se acabó. Hay que estar en constante crecimiento porque si no te mueres, como ser humano y sobre todo como artista. Por eso yo buscó cómo canalizar los conocimientos que tengo sobre danza, performance art y artes visuales; las incluyo, las mezclo y comparto lo que sé.

¿En qué se enfoca su trabajo de enseñanza?

—Yo enseño un poco de todo lo que sé, creación de movimiento, improvisación, etc. El taller que estoy impartiendo acá se enfoca en técnica somática, que sirve para dar un conocimiento más profundo del cuerpo, de lo que es y de cómo se mueve.

La idea es que la gente toma tiempo para entender quiénes son a través de un calentamiento lento, a través de imágenes y a través de pasar mucho tiempo en cada posición; así empiezan a sentir y a entender qué está pasando con el cuerpo y, por lo tanto, cómo lograr eso de manera más eficiente. Eso, en vez de aprender desde la forma. La diferencia es que en la enseñanza convencional el maestro hace la forma, tú la repites y la repites y la aprendes entre comillas. No te sale natural. No sabes anatómicamente qué está funcionando para hacer cada movimiento, cada posición.

¿Cómo ha sido el trabajo con las compañías universitarias?

—Ha sido muy bonito. Los bailarines acá son muy abiertos, tienen una capacidad y una apertura impresionante; se nota que la instrucción los ha transformado en tres semanas. Ambos grupos, los profesionales y los estudiantes, están hambrientos de información y de conocer; así es un placer enseñar.

Como latinoamericanos, ¿tiene alguna importancia particular la danza?

—Claro, los latinoamericanos estamos muy conectados a la tierra, al movimiento; si no bailamos profesionalmente, bailamos salsa o merengue o algo.

Hay dos ámbitos en que puede ser importante la danza: el que tiene que ver con la cosa cultural general y el de dedicarse a la danza. Para mí, lo importante es traer el foco a quiénes somos en el mundo, qué tenemos que ofrecer y el valor que le damos.

Seguimos siendo el patio trasero de Europa y Estados Unidos, y nosotros tenemos muchos valores que ofrecer. No estoy hablando del valor folclórico cultural, sino de lo que podemos aportar a las preguntas universales sobre qué es la humanidad, de dónde venimos, adónde vamos. Son esas preguntas que nos inquietan a todos; como seres humanos y los latinoamericanos tenemos nuestras propias inquietudes.

Además, somos entidades políticas; generalmente andamos un poco fuera de sistema y el sistema quisiera eliminarnos, porque andamos flotantes; por eso pienso que una manera importantísima de usar la danza contemporánea es para seguir cuestionando el sistema, la sociedad.

Desde su perspectiva, ¿qué le falta o le sobra a la danza costarricense?

—Es muy difícil, cada lugar tiene su propio proceso. Lo que le sobra a ellos le falta a otra gente y los que les sobra le falta a alguien. Para mí lo más importante es la curiosidad y la apertura; lo que sobre se va a acomodar y lo que falte lo van a buscar.

Creo que precisamente Danza Universitaria está buscando. Como puedes ver, están abriendo puertas, me trajeron a mí, luego vienen los alemanes y así. Ellos saben hacia dónde podrían ir, quizás no con una meta, pero saben que hay información afuera que les puede nutrir y que les puede ayudar a seguir creciendo, eso me parece genial.

Una vez que cierras las puertas y dices “esto es”, te mueres como artista.

 


Danza U remoza sus conocimientos

Uno de los objetivos actuales de Danza Universitaria es ampliar sus conocimientos y aportar al crecimiento de la escena dancística costarricense. Por eso, han organizado visitas, talleres y clases con maestros de renombre internacional.

Las semanas anteriores los bailarines universitarios, junto a invitados del sector independiente, atendieron un taller de danza contemporánea con el venezolano Luis Lara. A partir de esta semana, se realiza un Taller Intercultural de Danza, en conjunto con la Universidad de las Artes Folkwang, de Alemania.

Según informó Carolina Valenzuela, productora de Danza U, el taller está dirigido primeramente a estudiantes de Costa Rica y México que han tenido algún vínculo con Escuela de Danza de la Folkwang. Paralelamente, beneficiará a los miembros de la Compañía Danza Universitaria y algunos bailarines del sector independiente.

Valenzuela aseguró que los profesores Lutz Förster y Franko Schmidt son famosos no solo como maestros, sino como bailarines de Pina Bausch.

El taller, además, servirá para recuperar un vínculo con la entidad alemana, relación que nació de la amistad e interés del maestro Hans Züllig hacia el trabajo de Rogelio López, fundador, maestro y exdirector de la compañía universitaria.

El grupo que atenderá las lecciones está conformado por dos estudiantes mexicanos y siete costarricenses egresados de la Folkwang, cuatro bailarines del sector independiente y once miembros de Danza Universitaria.


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