Ministerio declara de “Interés cultural” espectáculo “monstruoso”

¡Destructivo, irrealista, explosivo, atroz, monstruoso!Esos son algunos de los adjetivos con los que se promocionó el espectáculo comercial de vehículos automotores “Espectacular 360° Monsters”,

¡Destructivo, irrealista, explosivo, atroz, monstruoso!

Esos son algunos de los adjetivos con los que se promocionó el espectáculo comercial de vehículos automotores “Espectacular 360° Monsters”, llevado a cabo los días 1, 2 y 3 de julio en el Centro de Eventos Pedregal y declarado “de Interés Cultural” por el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

La actividad fue organizada por Aplausos Producciones, que figura en la documentación oficial bajo el nombre de Saudade de Barba S.A.

El evento consistía en cuatro funciones de un espectáculo de automotores, que incluyó la presentación de “Monster Trucks” y una exhibición de “Freestyle” en motocicletas, cuadraciclos y motos de nieve.

Además -explica el documento presentado al MCJ para la solicitud de declaratoria de interés- durante la noche se presentaría “Draco”, un gigante transformador mecánico de 20 metros de altura, que come e incinera autos chatarra. “Un increíble atractivo para niños de todas las edades”, resalta el escrito. La función concluyó “demoliendo todos los vehículos chatarra: automóviles, autobuses, barcos, helicópteros y aviones”.

 

En medio de todas las explosiones y la destrucción que mostraba la publicidad del evento (que aún se puede ver en el canal de YouTube de la productora www.youtube.com/produccionesaplausos) se destacaba el logo del Ministerio de Cultura y Juventud, con la leyenda “Declarado de interés público-cultural”.

Sin embargo, la directora de Cultura, Catalina Calvo, explicó que a la actividad solamente se le había otorgado la declaratoria de interés cultural y no la de interés público, que de acuerdo con la Ley 7874 habría eximido a la producción del pago de algunos o todos los impuestos.

Así, a pesar de que el propósito de las declaratorias de interés cultural es “reconocer el valor de actividades y productos de valor artístico y cultural (…) cuyo contenido e impacto promueve afirmativamente la expresión creativa y el patrimonio cultural del país”, el Ministerio de Cultura otorgó este privilegio a un evento comercial cuyos valores promocionales -citados al principio de esta nota- se contraponen en apariencia a los del Estado costarricense.

“CONTRA LA VIOLENCIA INFANTIL”

La declaratoria de Interés Cultural fue otorgada por la Dirección de Cultura y suscrita por el ministerio, tras recibir una solicitud de parte de los organizadores, donde se argumentaba que se donaría “un monto importante” a la campaña “No más lágrimas” de la Fundación Hospital Nacional de Niños y a la Asociación Nacional CRN Mundo Infantil.

Más adelante en la solicitud, se detalla que esta donación sería de ¢1000 por cada entrada vendida en las cuatro funciones del espectáculo (con precios de ¢17.500 general y ¢35.000 VIP). El monto total de este aporte se repartiría por partes iguales a ambas organizaciones beneficiarias, con el compromiso de que ambas adquieran un automóvil para la Clínica del Dolor de San Antonio de Belén.

La empresa, asimismo, se comprometió a realizar un acto oficial de entrega de este dinero junto a las constancias de venta de entradas “15 días después del evento”; pero, al cierre de esta edición dicha actividad no se había convocado o llevado a cabo.

La Directora de Cultura, por su parte, aclaró que el ministerio no ejerce control sobre la entrega de las donaciones y tampoco verifica que los montos aportados coincidan con lo ofrecido, pues al otorgarse la declaratoria por anticipado, se debe “actuar de buena fe”.

Se le consultó también a la jerarca, porqué se había otorgado esta declaratoria, si a pesar de que el evento sirviera para recaudar fondos para una campaña contra la violencia infantil, el mensaje es de destrucción y, finalmente, violencia.

Calvo contestó que en la solicitud los organizadores afirmaron que su principal objetivo era unirse a la campaña “No más lágrimas”, por lo que igualmente se actuó de buena fe y se partió de que el mensaje principal era contra la agresión infantil, “lo que es muy importante para el Gobierno”.

Por otra parte, el sitio en Internet de la Dirección de Cultura establece algunos parámetros bajo los cuales se puede otorgar una declaratoria de este tipo. El texto indica: “se declaran de interés cultural eventos, proyectos, actividades específicas sin fines comerciales tales como: giras, discos, videos, eventos e intercambios que lleven a cabo individuos, grupos o instituciones con una trayectoria amplia y suficientemente consolidada, cuyas metas coincidan con los fines y la misión del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes”.

No obstante, “Espectacular 360º Monsters” fue organizado como evento privado lucrativo por una productora con poca trayectoria (Aplausos Producciones, cuya primera producción conocida es esta misma) y que promovía calificativos que no coinciden en apariencia con los fines del MCJ, exceptuando su compromiso con la Campaña “No más lágrimas” del Hospital Nacional de Niños.

También, afirma la Dirección de Cultura en su sitio web, que a través de las declaratorias el Estado reconoce la importancia de respaldar las iniciativas “que producen actividades que favorecen el desarrollo cultural de Costa Rica, así como la representación de la creatividad nacional en el extranjero”. No obstante, en las mencionadas funciones los deportistas (pilotos) destacados y promocionados fueron los extranjeros Sccott Murray, Matt Buyten y Trigger Gum.

Al respecto, Catalina Calvo afirmó que el problema para la Dirección radica en que no existen criterios legales o de reglamento, que limiten la forma en que se otorgan las declaratorias de interés cultural. Para ella, el texto que aparece en la página en Internet refleja más bien el actuar general de la oficina en determinada administración, pero no un reglamento establecido.

“Más bien –alegó- estamos trabajando para presentar una propuesta de reglamento para las declaratorias, de modo que existan criterios legales que deban evaluarse y considerarse en el momento de declarar el Interés Cultural”.

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