Moore ridiculiza a Costa Rica

El documental de Moore critica la política exterior del gobierno de Bush. En su exitosa película «Fahrenheit 9/11», el cineasta estadounidense Michael Moore ridiculiza

El documental de Moore critica la política exterior del gobierno de Bush.

En su exitosa película «Fahrenheit 9/11», el cineasta estadounidense Michael Moore ridiculiza a Costa Rica, al ubicarla junto a la isla de Palau como dos de las principales naciones que alentaron la «coalición» para justificar la invasión a Irak.

De acuerdo con el periodista costarricense Néfer Muñoz, quien estudia en la Universidad de Nueva York, cuando Moore con su habitual sarcasmo, alude a la sólida coalición y aparecen Palau y Costa Rica, entre las «grandes potencias» que alentaron la invasión, el público que presenciaba el filme estalló en sonora carcajada, la cual  estremeció la sala, mientras en la pantalla aparecía una imagen de este país centroamericano asociado a su mundo rural y a la tradición de los bueyes.

El filme, ganador de la Palma de Oro en Cannes 2004, se convirtió en un éxito en Estados Unidos, por lo que la imagen de Costa Rica asociada a la guerra se mira en todas las salas de EE.UU.

Costa Rica se ganó el derecho a ser «ridiculizada», esta vez por Moore, por decisión del gobierno encabezado por el presidente Abel Pacheco, quien autorizó a que el país figurara entre las naciones que, en nombre de la libertad y la lucha contra el terrorismo, formara la coalición que invadió Irak en 2003.

Esta coalición la integran Inglaterra, España, Costa Rica, Nicaragua, Honduras (estos dos países enviaron tropas a Irak) y Palau, entre otras naciones.

Palau es una isla ubicada en el Pacífico, a 500 kilómetros de Filipinas, y pertenece a Micronesia. Tiene una población de 19.917 habitantes y una superficie de 498 kilómetros cuadrados.

Aunque Palau forma parte de la coalición, por su dependencia económica de Estados Unidos no envió, al igual que Costa Rica, tropas a Irak.

Al mundo lo sorprendió que Costa Rica, cuna del premio Nobel de la Paz, Oscar Arias (1987) y el único país en el orbe en el que el general ganador de una guerra había eliminado el ejército, presentara credenciales para conformar la lista de repúblicas que apoyaban la invasión a Irak.

De esta manera, la «Suiza centroamericana», orgullosa de tener un grande ejército de maestros, impactaba a la intangible «comunidad internacional» con su apoyo incondicional a la guerra.

Se llegó incluso a decir por parte del presidente de la República que era mejor que murieran niños iraquíes en vez de niños latinoamericanos y costarricenses, y por esa razón ahora el país recibe su merecido reconocimiento en el filme de Moore.

A pesar de las peticiones de ciudadanos independientes y de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) de que el país abandone la lista de «potencias mundiales» que respaldan la guerra, las peticiones han sido ignoradas. Un año después de validada la guerra por el Congreso estadounidense, la comisión encargada de dilucidar las razones que determinaron esa decisión, concluyó que los informes brindados por la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) eran equívocos y se basaban en suposiciones infundadas.

Lo anterior significa que resultará imposible que aparezcan las armas de destrucción masiva que fabricaba Sadam Hussein y que fue el detonante que llevó al «cowboy» de la Casa Blanca a respaldar la guerra en contra de determinaciones de Naciones Unidas y de una alta oposición en Europa, en donde Francia y Alemania se separaron de los propósitos expansionistas de los Bush.

EL FILME

Por primera vez en la historia de Cannes, un documental ganó el festival, cuyo jurado, liderado por el cineasta Quentin Tarantino, determinó de manera unánime que «Fahrenheit 9/11» reunía todos los requisitos para alzarse con la Palma de Oro.

Como hasta entonces, mayo de 2004, Miramax no había podido distribuir el filme en Estados Unidos, por decisión de los Estudios Disney, Tarantino se adelantó a declarar que el fallo respondía a la calidad cinematográfica del filme y no a su contenido político, en el que critica de manera severa, pero con humor, sarcasmo e ironía, las decisiones del gobierno de Bush, en especial después de los ataques a las Torres Gemelas, en Nueva York, y al Pentágono, en Washington, en septiembre de 2001.

«Todos hemos estado de acuerdo en que Fahrenheit 9/11 era el mejor de la competición. No hemos premiado a la política», dijo Tarantino.

Moore, quien había obtenido en 2002 el Oscar con «Bowling for Columbine», ha sostenido que el documental tiene como fin impedir la reelección de Bush  en los comicios presidenciales de noviembre próximo.

En el documental, de acuerdo con las críticas en EE.UU., Moore arremete contra Bush por la hipocresía de la guerra en Irak, en la que han muerto cientos de soldados estadounidenses y miles de iraquíes han sufrido las consecuencias de bombardeos despiadados en nombre de la libertad y de la lucha contra el terrorismo.

El filme critica, además, que amparado en la Enmienda Patriótica, establecida tras los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de Bush atropella derechos civiles elementales de la población estadounidense.

Hay que recordar que luego del 11 de septiembre la CIA recuperó lo que había perdido durante la gestión del presidente Bill Clinton y que era su «licencia para matar», restaurada de nuevo como arma estratégica para combatir el terrorismo.

Moore sostiene en su filme y en sus libros «Estúpidos hombres blancos» y «¿Qué han hecho con mi país?» que más allá de las apariencias y la persecución de los saudíes que forman el grupo terrorista Al Queda, que la familia Bush y  algunos de sus principales colaboradores mantenían relaciones comerciales con la familia de Osama bin Laden.

Una de las imágenes más conmovedoras del documental, según Frank Rich, del The New York Times, es aquella en la que se muestra a soldados estadounidenses humillando y burlándose de iraquíes capturados cerca de Samara, en diciembre de 2003.

De este modo, los abusos y vejaciones de los soldados estadounidenses, cuyo escándalo estalló con los reportajes del periodista Seymon Herst, de The New Yorker, también son criticados en el filme.

Mientras la guerra recrudece, sin opciones de que se encuentren las armas de destrucción masiva, Costa Rica y Palau son exhibidas en el filme de Moore como dos de las «potencias mundiales» que respaldan de forma incondicional la invasión a Irak.

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