Nouri al-Jarrah, poeta sirio:

“Necesitamos la poesía, en el exilio y en todo lado, para volvernos más humanos”

El poeta sirio Nouri al-Jarrah llegó a Costa Rica con la bandera que le vio nacer, la “de la revolución”, abrazándole el cuello.

Nacido bajo la bandera de la primera república Siria, en 1956, Nouri al-Jarrah dejó su tierra a los 25 años de edad y desde entonces no ha podido regresar.

Más de tres décadas de vida en el exilio han transcurrido entre Beirut (Líbano), Chipre y Londres (Inglaterra), pero la distancia que lo separa de Damasco, su ciudad natal, no ha impedido que la poesía que escribe se conmueva y se vea marcada por la guerra, la violencia y los miles que huyen buscando refugio.

El poeta y periodista, que se reconoce feminista y activista en lucha por la libertad, la paz y la justicia, llegó a Costa Rica con esa bandera, la que le vio nacer, la “de la revolución”, abrazándole el cuello.

Al-Jarrah se encuentra en el país participando del Festival Internacional de Poesía que arrancó el sábado pasado y que se extenderá hasta el viernes. La programación completa está disponible en festivaldepoesiacr.com.

En medio de presentaciones y lecturas, conversó con UNIVERSIDAD, sin soltar ni un segundo ese trozo de tela verde, blanca y negra con estrellas rojas, que simboliza la liberación de su país. A continuación, un extracto de esa entrevista.

¿Por qué lleva siempre la bandera de la primera república?

−Esta es la bandera de la revolución siria, no del país. Pagamos un precio alto por esta bandera: cerca de medio millón de personas han muerto por ella y por eso la tengo conmigo siempre, para recordarles.

¿Cómo ha marcado su literatura la historia de su país?

−Vivo en el exilio desde hace casi 35 años y hacer poesía así cambia todo: la forma, los contenidos y el lenguaje, incluso cómo el uso de un nuevo lenguaje afecta la forma en que se escribe en el propio idioma.

Hace 20 años escribí “Cartas de Odiseo”, el que se fue de Itaca para pelear en Troya y pasó cerca de 10 años en la guerra de Troya y otros 10 perdido en el mar, sin que nadie supiera de él; 20 años lejos de su esposa, su reino, su hijo y su gente; pero después de 20 años volvió, y el final es feliz.

En mi poema, hablo desde la voz de Odiseo, que al volver se pregunta quién visitó su casa cuando él no estaba; ve sangre en las cortinas, toca la puerta y vaga por la casa. Entonces “yo soy Odiseo, el que murió en el barco”; esa es la historia de quienes nunca regresan a casa.

Tuve que irme por la dictadura, que sigue ahí y continúa cometiendo crímenes. Según la ONU, la dictadura ha matado a 250.000 personas, pero nosotros creemos que son cerca de 500.000. Hay 150.000 desaparecidos por nombre y tenemos 250.000 personas encarceladas, también por nombre. El único país que tortura niños es Siria, bajo el sangriento régimen de Bashar al-Assad, desde tiempos de su padre. Hablamos de una familia de vampiros sangrientos, apoyados por el régimen teocrático iraní, el dictador corrupto y sangriento ruso Putin y Estados Unidos, porque sí pueden detener el régimen sangriento y no lo hacen, lo apoyan. Estados Unidos y Rusia combaten uno con el otro, sobre los cuerpos de nuestros muertos.

En ese escenario, ¿cuál es el lugar de los poetas?

−Los poetas no pueden detener el crimen, pero deben ser testigos para la historia, escribir, entregarse a sí mismos en la batalla por la libertad, a través de las palabras, con lo que tengan. Eso es lo que yo trato de hacer, y lo que otros, de generaciones más nuevas −como mi hijo− hacen; estamos juntos en esta lucha, escribiendo, haciendo lo que podemos, pero no es suficiente. Siria necesita apoyo de los medios libres, de las sociedades que creen en la libertad. Costa Rica no tiene ejército, eso es absolutamente increíble. En Siria, ¡el ejército mata gente cada día y los líderes del ejército creen que está bien matar gente para salvar al dictador!

En estos tiempos, la poesía tiene que ser como dijo Bertolt Brecht: “¿Qué tiempos son estos / en los que hablar de las flores es casi un delito / porque implica callar sobre tantos crímenes?”, porque en tiempos oscuros, si los poetas se callan, son parte del crimen. Hay poetas en nuestros países que dejaron de hablar sobre esto, porque temen que los torturen, pero hay otros artistas y escritores que hablaron, que protestaron y que fueron apresados y torturados: mártires, íconos de la revolución; ellos sobrevivirán en nuestra historia y corazones, porque estuvieron donde los poetas deben estar, en la batalla por la libertad, la justicia y la paz.

¿Cómo crear belleza, a través de la poesía, en tiempos así?

−Los poetas deben hacer lo mejor que puedan con el lenguaje, con las relaciones que construyen con el lenguaje y las relaciones que construyen entre palabras. Más aún cuando hablamos de guerra y de muerte, debemos hacerlo en palabras poderosas. Lo más importante es encontrarse a sí mismo, profundamente, en cada línea que se escribe; encontrar su imaginación y su diccionario, la selección de palabras que cada poeta hace, eso construye su estilo y eso está marcado por su contexto.

¿Cómo se enmarca la poesía actual en la tradición árabe?

−La poesía árabe es muy poderosa, tenemos una gran tradición de poesía moderna, y aún existe la tradicional antigua. Yo soy moderno y a veces hasta postmoderno, pero me parece importante que la poesía antigua continúe, porque si no se tienen ejemplos de lo antiguo ¿cómo se pone en perspectiva lo moderno? En poesía moderna tenemos muy buenos poetas árabes, ¡porque somos 22 países y en cada uno hay poetas! Ahora hay mucha gente en el exilio y eso causará un nuevo movimiento en la poesía; creo que nacerá algo nuevo. Tras esta crisis, habrá quizá cientos de poetas exiliados y nuevos poetas en el exilio.

¿Por qué surgiría arte o poesía de esta situación?

Porque necesitamos la poesía, justo ahora, en el exilio y en todo lado, para volvernos más humanos, para suavizarnos, para volvernos más inocentes. Necesitamos la poesía aunque estemos en un país donde no hay guerra, porque hay otra guerra aún no descubierta: la de la pobreza. Pero también necesitamos la poesía todo el tiempo, para transmitir esperanza.

Usted desarrolló un proyecto de literatura femenina árabe. ¿Cuál es la importancia de estos espacios?

−Primero aclaro, el destino de las mujeres debe ser trazado por las mujeres, no por los hombres, y la libertad para las mujeres debe ser alcanzada por las mujeres, no por los hombres. Los hombres deben acompañar esta batalla. A principios de los años 90 publiqué una revista de escritura femenina que me sirvió para humanizarme; entendí que debía reconocer el papel ellas en la lucha por la libertad y para eso necesitaba escuchar sus voces. Entonces decidí ayudar a abrir espacios, a construir plataformas, donde las mujeres hicieran sonar sus voces y fue por eso que publiqué esta revista. Creo que hay un tercer espacio por conquistar, pues ha existido mucho tiempo el espacio que ocupan los hombres y el que ocupan las mujeres; necesitamos un tercer espacio donde seamos iguales y por eso esta publicación se llamaba justamente: Tercer espacio.

Perdí mucho dinero y me hice pobre −entre risas−, pero estoy feliz por lo que hice. Esta revista es ahora parte de la historia de la literatura árabe y eso significa mucho.

También escribió para niños…

−Escribí un cuento para mis hijos. Me ofrecieron publicarlo y aclaré que no soy escritor de literatura infantil, pero me convencieron; lo publicaron y hasta me dieron un premio. Una sorpresa. A mí siempre me ha interesado la mirada de los niños en la literatura, porque tienen una imaginación maravillosa.

¿Cree que es importante la exposición de los niños al arte?

−Es importantísima. He trabajado con niños, en un campo de refugiados palestinos en Beirut, tras la masacre de Sabra y Chatila, luego en Chipre y también, durante la revolución siria.

Los niños son muy sensibles y se afectan mucho por la guerra, la violencia, por eso hay que exponerlos al arte, para que se expresen y saquen de sus cabecitas esa oscuridad. No puedo describir lo que leí, la injusticia y el horror que han vivido. En ese momento es aún más importante exponerlos al arte, a la poesía, enseñarles a expresarse. La poesía o el arte, por sí solos, no pueden solucionar la violencia o la guerra, pero a través del arte podemos reeducar, sensibilizar, humanizar y darles voz a estos niños para que después no repitan las atrocidades que han vivido.

 

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