Nueva Ley de Premios Nacionales de Cultura aún provoca dudas

Después del descalabro del Festival Internacional de las Artes (FIA), el piso del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) no ha parado de moverse

Después del descalabro del Festival Internacional de las Artes (FIA), el piso del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) no ha parado de moverse de aquí para allá buscando responsables y señalando culpables.

En este contexto de desazón entre el sector cultural, se entregarán los Premios Nacionales de Cultura 2014 este miércoles 27 de mayo en el Teatro Nacional y empezará a regir la nueva Ley de Premios Nacionales de Cultura.

Entre los ganadores figuran el lingüista Miguen Ángel Quesada, la actriz Ana Istarú, los fotoperiodistas Rodrigo Montenegro, Marco Monge y Teresita Chavarría, y el filósofo Arnoldo Mora Rodríguez, entre muchos otros.

La nueva Ley de Premios Nacionales No. 9211, discutida y aprobada a finales de la administración de Laura Chinchilla, entrará en vigencia a partir de este miércoles y ya hay voces críticas provenientes de las distintas disciplinas artísticas, que le han colocado un gran signo de pregunta a esta normativa.

Carmen Méndez Navas, directora de la Escuela de Música de la Universidad Nacional (UNA) en Heredia, fue una de las principales antagonistas a esta nueva ley. En el 2013, presentó una moción en la Asamblea Legislativa en la que señalaba una serie de inconsistencias y fallos. La lista de mociones implicaba denuncias por privilegios, sesgos conceptuales del proyecto, el caos que implicaría la redistribución de categorías, entre otros cuestionamientos.

Dos años después, dice que las críticas trajeron cambios en la ley; sin embargo, el “Reglamento a la Ley” encargado de llevar a cabo el proyecto presenta severas inconsistencias.

“Hubo un aire positivo al cambiarle el nombre al Premio de Música, de Aquileo Echeverría (que era escritor) a Carlos Enrique Vargas, en honor al reconocido compositor nacional. No obstante, las categorías de premiación para música son diferentes en la Ley y el Reglamento”, aseguró.

Una de las dudas más importantes está en la descentralización de los premios de la oficina de Dirección de Cultura. Con la nueva ley, la selección de los jurados y la asignación de presupuesto para el premio corresponden a la institución que representa cada disciplina artística. Las dudas sobre las “argollas” en la selección de jurados y la falta de presupuesto para cubrir el premio salen a relucir.

De una manera similar piensa el escritor Alfonso Chase. En una conversación con UNIVERSIDAD opinó que se están montando nuevas clientelas para viejas mañas, pues a pesar de los cambios, las “argollas” han primado antes que la calidad y la representación artística.

Cabe recordar que los Premios Nacionales se fundaron en 1961, para incentivar la excelencia y los aportes al quehacer cultural costarricense.

Miguel Ángel Quesada, Premio Magón: “Tenemos que sentir orgullo de nuestra forma de hablar”

Sea en las bibliotecas más importantes del mundo o en alguna choza lejana en una comunidad indígena, Miguel Ángel Quesada Pacheco es un buscador incansable de palabras.

No se ha conformado con la comodidad de la silla R en la Academia Costarricense de la Lengua, sino que ha salido a conocer y hablar como pocos las lenguas boruca, pech (Honduras), ngöbe o la extinta muisca (Colombia), entre muchas otras.

El premio Magón es un reconocimiento a una trayectoria de vida entregada al enriquecimiento cultural costarricense, cosa que, con papel y lápiz y una grabadora de voz gastada por los años, Quesada no se ha cansado de hacer. UNIVERSIDAD lo entrevistó vía telefónica hasta Noruega, donde reside.

 

A pesar de que se ha privilegiado el lenguaje escrito, ¿qué opina usted de la riqueza del lenguaje oral?

−Hay que tener claro que lo principal es la oralidad. De hecho ha habido civilizaciones que no han tenido escritura y han logrado, a partir de la memoria, continuar todo su bagaje de conocimientos. Los incas llegaron a operar el cerebro y, que yo sepa, no tienen tratados de medicina; o ¿cómo llegaron a hacer las pirámides los mayas? Ha habido maneras de lograr sociedades complejas sin la escritura.

La escritura es un intento de representación de un evento lingüístico y, por lo tanto, es más imperfecta que la lengua oral. Por eso hay que poner una coma para respirar o un punto para descansar un poquito. Lo escrito está supeditado a lo oral; por eso es que hacen reformas ortográficas en el idioma. La lengua escrita es más conservadora que la oral.

 

¿Cuál es el idioma que más le ha costado aprender?

−El guaymí, quizá… y eso que he tenido muchas oportunidades de ir, porque no solamente la gramática es distinta, sino que hay una serie de giros lingüísticos que son bastante difíciles de manejar. A veces les da por hablar en hipérboles o hablar en negativo. El guaymí tiene un sistema numérico que divide el mundo en distintas categorías, según la forma del objeto. Eso le da algo muy poético y lúdico a la vez.

Una vez estaba en una comunidad y yo dije en guaymí que venía gente. Cuando me preguntaron cuántos, usé el número representativo a los cerdos y todos soltaron la risa, porque parecía que estaba diciendo que venían unos cerdos.

 

Aprovechando la tribuna del Magón, ¿qué le gustaría decirle al país sobre la importancia del lenguaje?

−Primero, que estemos orgullosos de la lengua que hablamos. Sea el creole limonense, el malecu o el español. El saber que el idioma cambia según las situaciones, ser consciente de ello y valorarlo. El hecho de que yo diga un giro campesino o pachuco no quiere decir que yo hable mal. Hay que respetar las maneras de hablar. Nosotros, porque somos de San José o tenemos carrera académica, nos arrogamos el derecho de corregir a los demás, pero eso es una falta de respeto. Así como respeto la manera de vestir de alguien, así tengo que respetar la manera de hablar. No tengo el derecho de decirle a alguien “eso no se dice así, se dice asá”. Hay que pedirle a la gente que se sienta orgullosa de su forma de hablar, y que respeten las otras formas.

 

Y pasa mucho con palabras como “acuantá” o “haiga”

−Claro. Me acuerdo en mi etapa universitaria que dije la “raiz” de un árbol, y era la raíz, con tilde en la í. Y una compañera me dijo “¡Ay, cómo usted siendo universitario diciendo eso!”. Yo le di una lección de que tenía el derecho a decirlo. El problema es que cuando uno corrige a una persona, uno le merma la autoestima lingüística. Si hubiéramos aprendido a respetar las formas de hablar de los demás, mucha gente no tendría problemas de expresión.

Desgraciadamente, nuestra educación lingüística ha sido represiva. Eso comenzó en el siglo XIX, con el fortalecimiento de la educación en el país. Había un miedo de que el español fuera a desmembrarse como pasó con el latín. Por eso es que surgieron los diccionarios correctivos de la época, como los primeros diccionarios de Carlos Gagini.

Ya después el mismo Gagini y Brenes Mesén cambiaron la mentalidad y se dieron cuenta de que la lengua es del pueblo.

Han surgido muchas bromas en este sentido en Internet, al estilo “Oldemarsh” de Tierra Blanca, que se burlan de eso.

−Esos yo no los he visto. Pero sí los de “¿cómo? ¿a charita?”. Eso es una forma de represión, de burla que termina por eliminar esa palabra del vocabulario. “A charita” ha sido una forma muy costarricense. Estamos cortando la rama de nuestra propia identidad, y nos vamos a caer del árbol. Nos estamos burlando de lo nuestro, pero decimos bienvenido a lo de afuera.

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