Rubén López Cano, semiólogo musical: La investigación artística solo puede hacerla un artista práctico

Rubén López Cano: “La música es una extensión del cuerpo y la cultura. Es un dispositivo relacional”. (Foto: Katya Alvarado)En el marco de la

Rubén López Cano: “La música es una extensión del cuerpo y la cultura. Es un dispositivo relacional”. (Foto: Katya Alvarado)

En el marco de la Cátedra Francisco Amighetti y la reciente inauguración del Instituto de investigaciones Artísticas (IIArte), la Facultad de Bellas Artes invitó a su lección inaugural al semiólogo musical mexicano Rubén López Cano, el 23 de marzo.

Desde su libro Cómo hacer una comunicación, paper o ponencia y no morir en el intento (2012), López Cano se ha internado en el mundo de la reflexión sobre cómo el arte produce conocimiento. En su primera ocasión en Costa Rica viene a presentar su más reciente libro: Investigación artística en música: problemas, experiencias y propuestas (2014) en donde se propone responder la pregunta de ¿cómo pasar de la práctica artística habitual a la investigación artística?

Este académico es conocido  por sus investigaciones innovadoras sobre música popular, semiótica de la música y  ciencias cognoscitivas.  Enseña teoría, estética, etnomusicología y métodos de investigación artística en la Escola Superior de Catalunya, España.

UNIVERSIDAD tuvo la oportunidad de conversar con este especialista en el fenómeno de la música y la investigación.

Su más reciente libro: Investigación artística en música: problemas, experiencias y propuestas, trata sobre diferencias entre investigación artística, creación artística e investigación académica. ¿En qué se diferencian y en qué se parecen?

−La musicología o la etnomusicología son investigaciones sobre prácticas artísticas, pero no son investigaciones artísticas. Son ámbitos distintos. Lo que está más institucionalizado y desarrollado es la investigación sobre el arte: la historia del arte, la sociología del arte, la musicología, etc. Son áreas disciplinares que con los instrumentos de las Ciencias Sociales exploran y reflexionan sobre algunos aspectos de la producción, distribución o consumo de la música. Y esto es lo que académicamente tiene más peso.

Lo que hablo en mi libro es de un modelo de investigación que está hecho por los artistas, que se fundamenta en problemas creativos que tienen los artistas, en la empresa de generar una obra o composición, y que se caracteriza por hacerse preguntas que atañen al mundo creativo. Esto para generar conocimiento que está destinado a otros creadores que les interesan esos procesos creativos. Por definición, la investigación artística no la puede hacer nadie que no sea un artista práctico.

¿Es algo relacionado con lo que se entiende por “investigación−creación?

−Es eso.

La creación artística por sí misma ¿puede considerarse como investigación?

−Hay una discusión sobre eso. Ya el trabajo artístico por sí mismo es una forma de investigación. Pero, lo que queremos son músicos que hagan creación y que dentro de ellos además generen, construyan y compartan conocimiento. Y esto no sólo creando obra, sino generando discurso. Y este discurso no solo explica la obra, sino que reflexiona sobre aspectos fundamentales para las y los creadores, problemas que la musicología no incluye en sus métodos.

Es importante distinguir la creación e investigación artística. El musicólogo investiga, el compositor crea; el compositor que hace investigación-creación crea al momento que está investigando y lo que produce no es solo su obra sino un discurso, que habla de los problemas de su obra, que contextualiza y produce discurso. Discurso que puede ser escrito, una tesis; puede ser verbal, una conferencia; o pueden ser multimedia.

En su libro, aunque esté enfocado en la música, se proponen herramientas novedosas para la investigación artística como la auto−etnografía o los textos de desahogo. ¿Gente de otras disciplinas artísticas también lo podría encontrar útil para sus investigaciones?

−Por supuesto. En realidad, la investigación artística en música es la última en llegar. Estos métodos comenzaron en las artes plásticas y escénicas. Yo tomo mucho de estas experiencias para enriquecer mi libro.

¿Cuáles cree que son los obstáculos que hay en las academias artísticas para aceptar este tipo de investigación?

−Todos los músicos venimos de tradiciones muy fuertes, donde valores como la inspiración, el conocimiento intuitivo, se supone que son motores del trabajo artístico. Yo no lo pongo en duda, pero es un valor arraigadísimo.

Una parte importante de los músicos no se siente cómoda hablando o pensando racionalmente sobre lo que hace. Por ahí viene una traba. Otra es que en las artes, que dependemos mucho de procesos de oralidad, es muy poco común una reflexión crítica y continua de por qué hacemos lo que hacemos. La investigación artística es eso: preguntarte ¿por qué? y plantear transformaciones sustanciales. Todo ejercicio de investigación trae transformación y eso trae reticencia.

Para personas que se autodefinen como intérpretes y que se han formado como intérpretes nada más ¿en qué les puede ayudar la investigación artística?

−Una de las características que nos gusta fomentar en  los estudiantes es una aproximación crítica al campo profesional, y esto se traduce en una valoración y comprensión de cómo se está moviendo el contexto, qué espacios hay para ejercitar artística y profesionalmente, y darse cuenta de la música como negocio, y que se están cerrando muchos ámbitos de trabajo.

No podemos seguir formando violinistas de orquestas cuando no hay orquestas; ni pianistas concertistas que finalmente se dedican a dar clases. La investigación artística lo que hace es promover un ejercicio crítico de la profesión y que se traduzca en la producción de problemas y preguntas, que cuando se responden el estudiante logra proponer algo distinto para transformar y construir nuevas audiencias y nuevos formatos de concierto.

¿En qué es diferente la investigación artística en música, de la sociología de la música?

−El sociólogo podría ver qué tipos de formatos nuevos hay, cómo la gente recibe la música. Pero ¿qué puede hacer el músico que no puede hacer el sociólogo? Proponer otro modelo. Mientras el sociólogo está haciendo un panorama para ver qué es lo que hay, el músico está haciendo ese panorama para ver qué es lo que él puede hacer.

El trabajo del sociólogo suele ser mejor, sus muestras más cuidadas y su panorámica más representativa. La del músico práctico puede que no sea representativa, pero todo este conocimiento tiene una finalidad, que es revertirlo en la acción, en la práctica. Uno es conocimiento sobre la práctica, y el otro es un conocimiento para la práctica y desde la acción.

Pasándonos al tema de la música y sus significados, ¿qué papel tiene la música en la vida cotidiana de las personas?

−Es una linda pregunta. La música no solamente son estructuras musicales en juego, sino una serie de interacciones cognitivas, sociales y corporales que hacemos con ella. Y esto es lo que la dota de valor, no su complejidad formal.

La proliferación de la tecnología está provocando que tengamos un uso más privado y diversificado de la música y es fantástico lo que hace una persona con un IPod en su casa. Por ejemplo: autorregulación emocional. Todos nos autorregulamos emocionalmente con la música. Si nos sentimos “bajoneados” ponemos algo que nos levanta, o al revés; o reventamos y sacamos los demonios poniendo música pesada. Toda una regulación de la vida cotidiana a través del acceso a la música.

Otro fenómeno es la escucha fragmentada. Ya la gente no se afilia tanto a géneros como en los años 60, ni escuchan discos enteros, ni siquiera canciones enteras. Como pueden saltar de una canción a otra les gusta el estribillo de esta, el solo de guitarra de la otra, el “riff” inicial de la otra. Estamos en una escucha que pondría “de los pelos” a la idea de la obra de arte completa o ideal, pero también nos estamos acercando a un uso de la música más personal y privado.

Para terminar, ¿tres actitudes que tienen que mantener despiertos el o la investigadora artística?

−Curiosidad, inconformidad y unas ganas irrefrenables de visitar, oler y ver lo que no existe. Si se tiene este espíritu crítico la investigación artística puede florecer.

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