Tesoros del arte nacional al alcance de una mirada

Francisco Amighetti pintó este mural en la Clínica Clorito Picado tras su paso por México, donde estudió a los máximos exponentes  de ese país.El

Francisco Amighetti pintó este mural en la Clínica Clorito Picado tras su paso por México, donde estudió a los máximos exponentes  de ese país.

El viernes 12 de marzo de 2007, el Washington Post realizó en el metro de la capital estadounidense un experimento con el afamado violinista Joshua Bell, que consistía en determinar si en un espacio público como ese el arte y la belleza eran percibidos.

Ninguno de los especialistas que se pronunciaron antes del experimento se acercó a sus resultados: tras 43 minutos de interpretar piezas clásicas, con un Stradivarius de 1713, valorado en $3 millones, Bell recibió $32; entre las 1070 personas que pasaron frente a él, solo John David Mortensen, un funcionario público, se detuvo para escuchar su música por espacio de seis minutos.

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) tiene obras de arte en sus edificios y oficinas por un valor de $5 millones (¢2725 millones), de acuerdo con Rodrigo Solís, jefe de la Subárea de Patrimonio Cultural. Lo que no se sabe –dicha institución no cuenta con ningún estudio al respecto– es si su arte es apreciada o pasa tan inadvertida como le sucedió a Bell aquella tarde del 12 de marzo.

En una de las colecciones más representativas del arte costarricense en sus distintas etapas, según la historiadora del arte Ileana Alvarado, profesora en Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Caja es la institución que más lleva ventaja en este campo y entre sus obras figuran artistas de gran renombre nacional.

Entre ellos Francisco Paco Zúñiga, Francisco Amighetti, Fausto Pacheco, Emilio Span,  Enrique Echandi, Tomás Povedano, Felo García, Rafa Fernández, Jorge Jiménez Deredia, Manuel de la Cruz González, Dinorah Bolandi, Teodorico Quirós, Margarita Bertheau y César Valverde son los más reconocidos.

También figuran expositores más contemporáneos como Luis Chacón, Sila Chanto, Pedro Arrieta, Fabio Herrera, Fernando Carballo y José Luis López Escarré.

De los artistas que más arte adquirió la CCSS se encuentran Francisco Amighetti, con 63; Fausto Pacheco, con 56; Rudy Espinoza, con 31; Pedro Arrieta, con 15; y Adrián Arguedas, con 14.

La CCSS adquirió 533 piezas de arte −entre las que hay pintura y escultura−, con base en el artículo 7 de la Ley 6750 Estímulo a las Bellas Artes Costarricenses, aprobada el 20 de abril de 1982.

Desde el 2003, no obstante, y debido a la crisis financiera que empezó a agobiar a la Caja, la Institución dejó de cumplir con dicha ley hasta el día de hoy.

“Cuando el Estado o sus instituciones proyecten la construcción de un edificio público para la prestación de servicios directos a la población, cuyo costo sobrepase los ¢10 millones, el Ministerio de Cultura, en coordinación con la institución correspondiente, deberá señalar, antes de la aprobación definitiva de los planos y presupuestos, el porcentaje mínimo de éstos que se dedicará a la adquisición o elaboración de obras de arte. La Contraloría General de la República no aprobará presupuestos de construcción de edificios públicos, sin el requisito anterior”, indica la ley citada (véase nota aparte).

OBRAS PARA EL PÚBLICO

Aunque no toda la colección está disponible al público, admitió Solís, hay grandes obras en escultura y murales que están al alcance de una mirada en clínicas, hospitales y oficinas administrativas.

De esta manera, en la Clínica de Coronado, los pacientes y visitantes se encontrarán con los murales que en su oportunidad pintó César Valverde.

En la Clorito Picado –en Tibás−, por ejemplo, hay un gran mural de Amighetti a disposición de todo aquel que tenga la sensibilidad artística de detenerse un momento a contemplar la propuesta de uno de los creadores costarricenses de mayor prestigio y cuya obra en general ha recibido la admiración de nacionales y extranjeros.

En la Clínica Marcial Fallas, de Desamparados, usted se verá un gran mural de Rafa Fernández, mientras que en el Hospital Calderón Guardia descubrirá unos murales que merecen su atención.

En cuanto a las esculturas, el Hospital San Juan de Dios cuenta con un jardín escultórico y en la Maternidad Carit está a disposición “La maternidad”, obra del renombrado escultor  Francisco Zúñiga, la cual fue valorada en su oportunidad en $1 millón (¢545 millones).

¿SE APRECIA ESTE ARTE?

La gran pregunta que revolotea al hablarse de una colección como la de la CCSS es si ese arte tiene algún impacto en el público heterogéneo que a diario visita los hospitales y las clínicas de la CCSS o si, por el contrario, se da un fenómeno similar al de Bell en el metro de Washington.

Al respecto, María José Monge, historiadora del arte, puntualizó que existe una diferencia entre un arte ubicado en una galería o en un museo y una pieza creada para exhibirse en un lugar público.

La percepción, de acuerdo con Monge, es distinta y debe ser un elemento considerado por el artista a la hora de la creación de dicha obra.

“Por supuesto que hay una diferencia en la intencionalidad de una obra creada para un espacio como un museo y aquella que se ubicará en un espacio público. En la del museo, por ejemplo, está detrás la decisión de un especialista en la materia de ponerla ahí con ciertas condiciones de luz, el color de las paredes, etc.”, aclaró la historiadora.

En un espacio público, añadió, predominan otros parámetros que no siempre son considerados ni por el artista ni por la institución que contrata la pieza.

Monge, además, hizo ver que “cuando el arte está en un espacio público, la situación cambia porque hay que considerar elementos como el tránsito en la zona, la visibilidad, el acceso a la pieza y no siempre se toman en cuanta dichos aspectos”.

En su criterio, se dan muchos casos en que los procesos de urbanización llegan incluso a eliminar las obras en el ámbito público.

Igualmente, es necesario un plan de mantenimiento y cuidado para ese tipo de obras. En relación con el patrimonio cultural de la Caja, Rodrigo Solís sostuvo que existe todo un plan que preserva de la mejor manera el arte que poseen.

A veces se da que las instituciones hacen grandes inversiones pero no contemplan la conservación de la obra en las mejores condiciones, por lo que con el tiempo sobreviene el deterioro. No es el caso del arte de la CCSS.

UNA GRAN COLECCIÓN

Al incluir a creadores de distintas épocas, el arte del cual dispone la Caja representa una gran colección, afirmó Solís.

“La colección contiene obras maestras de artistas nacionales de alta factura técnica y  estética, que se constituyen en verdaderas joyas del arte nacional. Esto, a su vez, hace que esta colección se convierta en una importante inversión financiera para la Institución y como patrimonio cultural del país, por su constante plusvalía”, dijo Solís.

En su criterio, “el gran valor cultural es que la colección condensa en sus 533 obras la historia de las artes plásticas costarricenses, ya que se cuentan con piezas representativas de cada período: desde los maestros Span y Povedano de finales del siglo XIX hasta obras de autores contemporáneos como Sila Chanto, Pedro Arrieta, José Luis López Escarré y Luis Chacón”.

Alvarado coincide con lo afirmado por Solís. Para la historiadora del arte, la colección se enriquece por la variedad de artistas, los cuales representan los distintos períodos.

“Es una colección a nivel histórico porque cuenta con diferentes generaciones, desde principios del siglo XX hasta artistas actuales. Contempla prácticamente todas las técnicas; entonces, en ese sentido es que se dice que tiene un gran valor artístico”, comentó.

Para Alvarado, el que el Estado −por medio de la CCSS− disponga de este patrimonio es un aspecto de suma relevancia y considera un error el hecho de que las instituciones no cumplan con lo establecido por la ley, para la compra de arte costarricense.

En el caso específico de la Caja, consideró que el valor del porcentaje de arte establecido por la ley para edificios mayores de ¢10 millones no afecta de ningún modo la actividad principal de la institución, que es la atención de la salud de los costarricenses.

Como no todo el arte de la CCSS está disponible al público −por su ubicación en oficinas de acceso restringido−, la Caja organiza exposiciones temáticas con base en los diferentes artistas. La muestra más cercana fue la que presentó hace poco en el Museo Calderón Guardia con los paisajes de Fausto Pacheco a la cabeza.

También existe el museo virtual, en el que está disponible el 56% de las 533 obras  (www.ccss.sa.cr/museo_virtual).

Lo trascendente y significativo es si, pese a la disponibilidad de cuadros, murales y esculturas, el ciudadano se detiene siquiera un momento ante una obra de Paco Zúñiga o una de Amighetti.


CCSS dejó de comprar obras 

José Eduardo Mora

[email protected]

A raíz de la crisis financiera, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) dejó de comprar arte a partir del 2003, medida que va en contra lo establecido en el artículo 7 de la Ley 6750, y que con claridad dicha institución irrespeta, al amparo de una serie de consideraciones que expuso en su recurso ante la Sala Constitucional, mejor conocida como Sala IV.

El 22 de julio del año pasado, dicha Sala acogió el recurso de la Caja contra el artículo 7 de la Ley 6750 −que data del 20 de abril de 1982−,  de Estímulos a las Bellas Artes Costarricenses y el Reglamento de Obras de Arte por parte Instituciones Estatales.

En efecto, dicho artículo no solo obliga a la CCSS a adquirir arte cada vez que construye un edificio superior a los ¢10 millones, sino que contempla al resto de instituciones estatales.

El artículo citado establece de manera textual: “Cuando el Estado o sus instituciones proyecten la construcción de un edificio público para la prestación de servicios directos a la población, cuyo costo sobrepase los ¢10 millones, el Ministerio de Cultura, en coordinación con la institución correspondiente, deberá señalar, antes de la aprobación definitiva de los planos y presupuestos, el porcentaje mínimo de éstos que se dedicará a la adquisición o elaboración de obras de arte. La Contraloría General de la República no aprobará presupuestos de construcción de edificios públicos sin el requisito anterior”.

En la impugnación del artículo, se argumenta que la compra de arte por parte de la Caja “implica una desviación de fondos de la seguridad social, y de la prestación de servicios públicos de salud, que no es jurídicamente procedente, por quebrantar el principio de legalidad y de autonomía institucional derivados del numeral 73 de la Constitución Política”.

Rodrigo Solís, jefe de la Subárea de Patrimonio Cultural de la CCSS, admitió que la consulta aún no ha sido resuelta por la Sala IV y que el ente encargado de controlar si las instituciones del Estado cumplen o no con la citada normativa es el Museo de Arte Costarricense.

“Asimismo, la Caja Costarricense de Seguro Social cuenta con autonomía de administración y gobierno, la cual contó con la especial protección del Constituyente, pues ese tipo de autonomía encierra la capacidad de definición de sus propias metas y de autodirección, que resulta incompatible con la imposición de límites como los que establece la normativa impugnada”, se sostiene en la impugnación.

La CCSS en su recurso insiste en que no le compete adquirir arte para fortalecer esta área: “De allí que no resulta razonable disponer dichos recursos a favor de las artes, en detrimento a la salud”.

Para Ileana Alvarado, historiadora del arte, y profesora en la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, “hay mucha ingenuidad al pensar que si la Caja dejaba de comprar arte solucionada sus problemas financieros o los problemas del país”, dijo.


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