65 años del Teatro Universitario

Un espacio vacío conjura la fertilidad escénica

El Teatro Universitario está de manteles largos, pues en agosto cumple 65 años de consagrar sus tablas a la creación.

Llegar a los 65 años es un hito para cualquier persona, pero lo es aún más para una institución dedicada a las artes escénicas, como lo es el Teatro Universitario (TU) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

“Es absolutamente extraordinario, ya que es la institución más antigua de Costa Rica, que sigue viva y sigue produciendo”, expresó con regocijo Manuel Ruiz, director del TU desde el 2009.

Medusa, de Emilio Carballido. Dirección: Maritza Toruño. 2013.
Medusa, de Emilio Carballido. Dirección: Maritza Toruño. 2013.

De acuerdo con Ruiz, es muy interesante que 10 años después de la creación de la UCR, en 1947, en las actas del Consejo Universitario aparezca la idea de crear un teatro universitario, la cual se ve cercenada por la guerra civil que estalla al año siguiente; pero se retoma al final del 49.

Es en 1950 que, finalmente, nace el TU. A lo largo de sus 65 años, ha pasado por varios periodos, que suman grandes aciertos y fortalezas; además, se plantea obstáculos y retos como el tema presupuestario y la necesidad de espacio físico apropiado para crecer.

Ruiz describe el tiempo inicial como el de un teatro aficionado, que trataría de dejar de serlo al ser asumido por Alfredo Sancho, ayudado por colegas del Teatro Lope de Vega de España, que “quedó varado en Costa Rica y le dio un buen empujón”.

Unos años después, el director Lucho Ranucci le imprime una característica más profesional, para llegar a principios de los años 60, cuando se entiende la importancia de la formación académica.

Esto impulsa las becas al escritor y director Daniel Gallegos y a la actriz Ana Poltronieri para que estudien en Europa, hasta que en 1968 se crea la Escuela de Artes Dramáticas (EAD), que primero fue un departamento y luego pasó a ser escuela de la Facultad de Bellas Artes, con la idea de proveerle profesionales al TU. El primer director de la EAD fue Gallegos, quien a la vez asumió la dirección del TU.

Boom teatral

En los años 70, la creación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, con Alberto Cañas a la cabeza, de la Compañía Nacional de Teatro, de la Escuela de Artes Escénicas de la Universidad Nacional, con el funcionamiento del Teatro Arlequín (una especie de sede del TU en San José), y la llegada del Teatro del Ángel generaron un boom del movimiento escénico teatral.

En ese mismo lapso ocurrieron los golpes militares en el sur de América, que provocan la migración de profesionales del teatro de Chile, Argentina y Uruguay a nuestro país y que, según Ruiz, “termina[n] de redondear este gran impulso al teatro, del cual el TU no queda exento”.

Para 1977, por la reestructuración de la UCR y la creación de las Vicerrectoría de Acción Social (VAS), el TU pasa a esa unidad en materia presupuestaria, cuando el director era Juan Katevas.

Sin embargo, desde 1988, la EAD reelaboró el pensamiento sobre qué debía ser el TU y estableció su vocación de teatro profesional, perteneciente a sus graduados y egresados, más que a sus estudiantes. “Es un teatro laboratorio y experimental, que sigue buscando nuevas formas de expresión”, apuntó Ruiz.

A partir del 2009, el TU tiene una nueva sede, al remoderlarse la antigua capilla del colegio Calasanz, en donde hasta la fecha se han montado de 7 a 10 obras al año, tomando en cuenta las coproducciones.

Es en este contexto que Ruiz define al TU como el teatro de la diversidad, “un espacio que alberga todo tipo de propuestas, desde lo más conservador hasta lo más clásico; pero que a la vez busca nuevas formas expresivas, que abarcan lo más posmoderno y avanzado e incluso hipermoderno”.

Más presupuesto

“Es una gran pena que siempre estamos escasos de dinero para la producción, situación que tratamos de suplir con ingenio y que muchas veces es una arma de doble filo”, opinó Ruiz sobre el limitado presupuesto del TU.

El monto asignado a la institución asciende a aproximadamente ¢14 millones por año, que aumenta con apoyo de la VAS y de otras instancias patrocinadoras. Ese presupuesto equivale a la mitad de un solo montaje de la Compañía Nacional de Teatro.

El dinero se invierte en siete producciones del TU, cuyas temporadas abarcan cuatro fines de semana cada una. “El tema es grave, porque con más financiamiento se harían tal vez menos obras, pero con más tiempo y que más gente las podría ver”, comentó el director.

Con esta estructura, la programación sería menos diversa pero más intensa, y las obras tendrían más posibilidades de invertir mayores recursos en vestuario, luces, música y escenografía. “Para ver un proyecto de mayor envergadura se necesita más tiempo de cocción”, acotó.

María Bonilla, quien estuvo a cargo del TU del 2005 al 2009, citó el tema presupuestario como uno de los principales retos de la institución, pues cada vez que hay “crisis se resienten las expresiones de tipo cultural”.

Coincide en ello Juan Carlos Calderón, actor, director y docente estrechamente vinculado al TU, quien propone que esta problemática se resuelva de manera parcial, mediante proyectos de venta de servicios extracurriculares, como talleres y cursos para profesionales de otras carreras, modalidad que usa la Escuela de Lenguas Modernas.

Para Roxana Ávila, del Teatro Abya Yala y profesora de la EAD, la reducida suma va en detrimento del tiempo que los grupos pueden invertir en el montaje, lo cual también restringe las posibilidades de experimentación. A la vez, la cantidad de funciones destinadas a las obras limita la recuperación económica de los grupos.

“Para recoger dinero hay que mantener el repertorio por más tiempo”, aseguró Ávila, al mismo tiempo que criticó la política de producir tantas obras. Mencionó que otro de los inconvenientes es que la reducción del presupuesto originó que el TU no se desplazara más con sus obras por el territorio nacional.

Más espacio

El panorama es complejo para los consultados, en tanto valoran los aspectos positivos y negativos de la institución, resultado de su política de gestión.

En esa dirección, otros elementos −como el restringido espacio del que disponen− son traídos a discusión, ya que darle cabida a los distintos sectores escénicos promovidos por el TU se convierte en una tarea complicada.

El TU hace dos montajes por año, uno en cada semestre, en su propia sala; además, cuenta con el teatro de Bellas Artes para efectuar dos temporadas al año.

Por otra parte, en ese mismo espacio se presentan los programas “Jóvenes directoras”, impulsado por María Bonilla para darle cabida a las mujeres en ese ámbito, y “Teatro del sol”, de los estudiantes de Artes Dramáticas, así como la iniciativa académica de la red universitaria de escuelas de teatro.

Sin embargo, el cronograma de presentaciones se restringe al tener que compartir el escenario con los alumnos de la Escuela, debido a que el espacio también funciona como aula de clases diarias, y los estudiantes rinden los exámenes de puesta en escena, actuación y expresión corporal, que conllevan ensayos.

Este panorama se complica al tomarse en cuenta los periodos de vacaciones a mitad de año y en noviembre y diciembre, en los cuales el lugar permanece cerrado.

Roxana Ávila confirmó este inconveniente de no tener lugar para ensayar, dado que se debe tomar en cuenta que el teatro está ocupado para dar lecciones de 8 de la mañana a 5 de la tarde, mientras los horarios de ensayo son de 3 horas.

Asimismo, considera desfavorable que el espacio se lo otorguen al grupo una o dos semanas antes del estreno y que no se posea una bodega.

Retos

Otro de los aspectos señalados por Ávila y Calderón tiene que ver con que la elección de las obras recae sobre la figura del director; en consecuencia, cierra el círculo de artistas que pueden optar por presentarse en el marco del TU.

“No sé si es lo más conveniente o no, pero es lo que heredo”, responde Ruiz al respecto. Antes esa tarea recaía en una junta conformada por profesores y un representante de la Vicerrectoría, pero dejó de funcionar en la época en que Stoyan Vládich regía el TU.

Ruiz considera que el hecho de que recaiga en el director de la EAD no es un problema, si se planifica bien el trabajo y se escogen obras buscando una participación democrática, a partir de lo cual los grupos proponen sus proyectos, y que correspondan a los principios y lineamientos planteados.

En relación con la necesidad de crecimiento, tanto de la Escuela como del TU, el director le apuesta a la expansión del edificio actual hacia arriba, con dos plantas más y ampliando el terreno hacia el sur.

No obstante, puntualizó que los dueños del lote colindante se niegan a venderlo a la UCR. “Tendríamos un espacio mucho más amplio para los próximos 50 años, que permitiría poner en marcha planes como tener un segundo y teatro móvil más grande”, argumentó Ruiz.

También externó la esperanza de construir el megaproyecto de la UCR denominado “Ciudad de las artes”, que estaría ubicado en el edificio Saprissa y cuya iniciativa sigue en proceso.

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