Una muestra artística revela parte del talento del científico ramonense Rafael Lucas Rodríguez Caballero

Rafael Lucas Rodríguez Caballero no solo fue uno de los científicos más brillantes de la Universidad de Costa Rica (UCR), sino que su espíritu

Rafael Lucas Rodríguez Caballero no solo fue uno de los científicos más brillantes de la Universidad de Costa Rica (UCR), sino que su espíritu inquieto lo llevó por los caminos de la pintura y el diseño de los más curiosos objetos creados con variedad de materiales.

 

Durante sus 66 años de vida, el artista y científico dejó un enorme legado en ambos campos. Una parte se exhibe en el Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer, ubicado San Ramón de Alajuela, su ciudad natal, en la exposición “Encuentro con el Dr. Rafael Lucas Rodríguez Caballero”.

La muestra es una selección de 43 cuadros, cuatro juegos de ajedrez, algunos objetos,  libros y diarios de investigación que pertenecen a la colección privada de la familia del científico, explicó Leda Chavarría, vocera de dicho centro cultural.

“La recopilación de las obras se hizo con criterio artístico, no científico. Lo que se quiere que sobresalga es la estética de sus creaciones, su habilidad para manejar la acuarela y otras técnicas”, comentó Chavarría.

Esta exposición después de 20 años de su muerte, se presentó por primera vez en el campus Rodrigo Facio de la UCR, en octubre del año pasado con el auspicio de la Vicerrectoría de Administración y la Sección de Extensión Cultural de la Vicerrectoría de Acción Social.  La curaduría estuvo a cargo de Grace Herrera Amighetti y Luis Paulino Delgado.

La exhibición estará abierta al público hasta el 1 de marzo, de 9 a.m. a 7 p.m., martes y miércoles y de 9 a.m. a 8 p.m., de jueves a sábado.  La entrada al Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer es gratuita.

EL CIENTÍFICO QUE DIBUJA

Rafael Lucas Rodríguez Caballero nació el 24 de marzo de 1915.  En 1942 hizo sus estudios superiores en la Escuela de Ciencias de la UCR; luego en 1945 obtuvo su doctorado en la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, y su tesis sobre las orquídeas costarricenses fue publicada en ese país.

A su regreso, se incorporó a la UCR y en 1956 creó el departamento de Biología en dicho centro de enseñanza. Posteriormente, se convirtió en la Escuela de Biología, de la cual  fue su director durante 11 años. Después participó en la reforma universitaria de 1957, la cual creó los Estudios Generales. Además, fue uno de los forjadores de la Revista de Biología Tropical y de la Organización para Estudios Tropicales.

En 1977 por primera vez se otorgó el Premio Magón a un científico, pues el jurado de aquel momento reconoció que Rodríguez Caballero no era cualquier científico; su labor como excepcional dibujante de la riqueza natural costarricense, convirtieron el acerbo nacional en punto de referencia para científicos de todo el mundo. Sobre todo, sus trabajos como dibujante de las orquídeas recrearon parte del enorme inventario natural de esa especie.  Rodríguez es autor de unas mil láminas de flores y plantas de Costa Rica. Su libro “Géneros de Orquídeas de Costa Rica”, de 1986, fue una importante fuente de consulta para aficionados al cultivo de esa planta y para científicos.

Desde 1978, una zona de Bagaces, Guanacaste, fue declarada refugio de vida silvestre y en honor lleva su nombre.

ARTISTA NATURAL

Rafael Lucas Rodríguez Caballero mostró su sensibilidad artística desde su niñez. En su juventud diseñaba joyería, hacía repujado en cuero y practicó la caligrafía y la rotulación.

Uno de sus aportes más perdurables es su trabajo en las tallas del Salón Dorado del Museo de Arte Costarricense, proyecto dirigido por el francés Louis Feron, con el cual empezó a trabajar al graduarse de la secundaria. Muchos de sus diseños y tallas quedaron plasmados en las paredes del Salón Dorado.

Así, este biólogo descubrió que en la naturaleza subyace la esencia del arte más auténtico.  Rodríguez Caballero hizo de la biología y el arte una misma cosa. «Hay que saber mirar las cosas de siempre, lo que nos rodea, lo acostumbrado, (…) mirar para comprender la naturaleza, mirar para comprender a sus semejantes, mirar para comprender su propio ser», dijo el que fuera llamado por el pintor Francisco Amighetti el científico artista.

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