Afirman que canchas sintéticas podrían causar cáncer

Héctor Marín Esquivel, licenciado en Ciencias del Deporte de la Universidad Nacional, con Énfasis en Rendimiento Deportivo y graduado como director técnico de fútbol

Profesionales rechazan afirmaciones que avalan como saludables estos terrenos.

Héctor Marín Esquivel, licenciado en Ciencias del Deporte de la Universidad Nacional, con Énfasis en Rendimiento Deportivo y graduado como director técnico de fútbol considera que el uso de las canchas sintéticas es desfavorable para los deportistas.

Parte II

Si bien en el reportaje de la edición anterior varios médicos citaron estudios de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde afirman que si se cumplen las especificaciones de calidad, las canchas sintéticas no tiene efecto en la salud de los jugadores, otros especialistas opinan lo contrario.

La opinión de Marín está basada en investigaciones científicas que indican que “las canchas sintéticas tienen componentes cancerígenos, sobre todo por el plomo”.
Este metal provoca en los jugadores una enfermedad que se llama saturnismo, porque según la cantidad de plomo que entre a la sangre, así se afectarían el hígado, el páncreas y los riñones, el sistema nervioso central, el cerebro y la memoria.

Esto hay que verlo como un problema grave de salud, y no como un daño específico al futbolista, quien está expuesto al plomo por dos vías: la rotura del tejido epitelial; uñas, piel del cuerpo y el pelo; cuando se rompe hay una expansión del plomo que va directo al organismo y a la sangre.

La otra vía es por la respiración; en canchas sintéticas los jugadores respiran malos olores por el caucho y el césped sintético, lo cual afecta los pulmones”.

¿Como afecta el rendimiento del jugador?, se le consultó a Marín.

“El fútbol es aeróbico y anaeróbico: cuando un jugador hace piques cortos de 10 metros para defender o atacar a alta velocidad, ejecuta esfuerzos anaeróbicos que alteran la frecuencia cardiaca a alta intensidad hasta marcar 180 a 190 pulsaciones por minuto”.

“De esta forma el organismo requiere compensación. Hay que recuperar oxígeno pero el medio ofrece aire contaminado con caucho, plomo y malos olores. Todo esto atenta contra su salud del futbolista, lo cual no sucede en las mejores canchas del mundo por que son naturales.

Una cancha natural, de alto nivel constructivo y con drenajes apropiados es lo mejor y si no tiene estas características, por lo menos el jugador respira aire puro. En el estadio de Liberia, el domingo pasado, los futbolistas respiraron aire puro.  Programe ese mismo partido al mediodía en cancha sintética y notará la diferencia”, explicó Marín.

Y agregó, “en el zacate natural se produce la fotosíntesis, es decir, la hoja verde que proporciona aire puro y limpio al jugador para que se recupere”.

OJO CON LOS NIÑOS

El profesor universitario llama la atención en otros puntos.  “La cancha sintética afecta la salud y el rendimiento porque altera las condiciones fisiológicas del deportista;  aumentan las posibilidades de que se rompan ligamentos, rodillas y tobillos. Otro asunto grave se da con los niños; poner a niños y niñas a entrenar y jugar en canchas sintéticas es un irrespeto a su sistema esquelético que es cartilaginoso.

Ellos están en crecimiento y no están capacitados ni maduros fisiológicamente para enfrentarse a una superficie sintética. Estas lesionan las articulaciones que todavía no son duras. Además, tocan los balones con sus manos y luego se restriegan los ojos, lo que puede provocar conjuntivitis.

Cuando los infantes son entrenados en canchas sintéticas y expuestos a lesiones, pasan después al alto rendimiento, donde deberían tener su máximo desarrollo y no lo pueden lograr porque arrastran las secuelas de su mala formación, con lesiones en las rodillas, problemas pulmonares y tobillos desgastados en sus articulaciones.

Otro detalle negativo de las superficies sintéticas es que afecta la manifestación adecuada de los gestos técnicos.  En otras palabras, los fundamentos del juego: conducción del balón, pases, técnicas de las carreras.

Cuando un futbolista se cae y se raspa, no solo se raspa, sino que se quema; es ilógico que se juegue en canchas sintéticas con balones que son de cancha natural; esto perjudica al atleta, quien tendrá entonces un factor de rendimiento desfavorable.

Otro elemento negativo se relaciona con la temperatura ambiente que afecta igualmente el rendimiento. En cancha sintética la temperatura se altera de forma anormal hasta que el cuerpo humano llega a tener niveles de temperatura no acordes con lo natural. Por ejemplo, no es lo mismo jugar en Puntarenas al mediodía en cancha sintética que en una natural.

Alterar la temperatura normal de un estadio y de un futbolista causa un impacto ambiental negativo porque favorece el calentamiento global. Por eso las sintéticas atentan contra el ambiente.

Si se tiene un estadio con una superficie natural y le pongo en su lugar una alfombra, lógicamente que pierdo y tapo el suelo, que es alimento.

En Alajuela, por ejemplo se montó una pista sintética cuyo nivel de plomo es muy elevado, lo que obligó a construir dos tanques receptores de agua que se contamina con el plomo, aluminio y zinc.

Esta agua desciende a las alcantarillas, sigue a los ríos y va al mar. El peso del plomo hace que esta agua baje a las profundidades del mar y por ejemplo, en el golfo de Nicoya, que alimenta el Valle Central, el camarón la toma y luego nosotros comemos de ese camarón contaminado”, alerta el investigador.

Marín no se explica como el fútbol no es capaz de vender su propio espectáculo: “Los estadios de fútbol son para jugar fútbol; que los carros, las motos y los artistas busquen otros escenarios”.

SACRIFICAN LO NATURAL

Para Rónald Castillo Chávez, especialista con una maestría en Construcción Deportiva y Césped, “el deterioro en los campos del fútbol en Costa Rica, se debe a varios factores: clima lluvioso; falta de drenajes de calidad; el no uso de sustratos arenosos; utilizar un césped de baja calidad; poco conocimiento para su mantenimiento y ausencia de sistemas de riego para la temporada de verano”.

Algunos dirigentes creyeron que la solución estaba en lo sintético y sacrifican lo natural. Pero las mejores canchas del mundo son de césped natural. Usar las sintéticas va a contrapelo de la política de un país que como Costa Rica se declaró verde y neutro ante las emisiones de carbono, en apoyo a las medidas que buscan contrarrestar los efectos del calentamiento global.

“Una cancha natural es como un cultivo que ofrece sus frutos en forma de una buena superficie que logre exponer gran resistencia a los múltiples tipos de estrés, buen rodamiento del balón, estética y sobre todo, y dar seguridad al jugador”, expresó este profesional, copropietario de la empresa Agrícola Roca.

El Dr. Bernal Gutiérrez Alpízar, quien trabajó con la Selección Nacional y el Herediano y es profesor de la Universidad Nacional, considera que no es “ético ni profesional recomendar el uso de las canchas sintéticas”.

“Tengo mucho interés profesional en este asunto”, dijo el galeno. “En Europa se han dejado de usar: en Italia, por ejemplo, el Ministerio Nacional de Salud, las prohibió.
Los químicos que brotan de esas superficies producen cáncer, atentan contra el ambiente; son plásticas; no procesan; incrementan la temperatura; provocan gases tóxicos; son cancerígenas y sus residuos de plomo lesionan el hígado”, afirmó.

Gutiérrez considera que los médicos que recomiendan usar este tipo de canchas lo hacen porque tienen intereses laborales.

“Estamos en contra del mundo: en Perú, después de que terminó el Mundial Infantil que se jugó en superficie sintética, se ordenó que el Estadio Nacional se readapte a cancha natural.

La sintética rompe y quema por lo que las lesiones duran más en sanar.  Tenemos los casos de Paulo Wanchope y Rónald Gómez que se quedaron sin rodillas para seguir jugando, deterioro que se consumó cuando empezaron a jugar sobre desechos de llantas y caucho podrido.

No es cierto que las FIFA apoya la construcción de campos sintéticos. El técnico Marvin Solano acaba de regresar de un curso en el Club Barcelona donde comprobó que el mejor equipo del mundo se entrena en nueve canchas, seis naturales y tres sintéticas”, dijo.

“En césped artificial la temperatura aumenta en 3 o 4 grados, por eso vemos a nuestros futbolistas echarse agua en sus zapatos. ¿Cómo puede ser esto beneficioso? En Estados Unidos el 80% de los campos de juego en fútbol y béisbol son naturales.

Lo que sucede en Costa Rica es una nota comercial y tercermundista ya que los países desarrollados no las usan. Noten como aumentan las lesiones de nuestros futbolistas en sus rodillas, como en Lonnis, Porras y Alonso Solís.

La cancha sintética del Ricardo Saprissa no es la misma de hace cuatro años. Fue muy agradable pero hoy está obsoleta. Ya se compactó. Es una alfombra.

Entonces el país se está inundando de las sintéticas para fútbol, fútbol sala, fútbol cinco, construidas con residuos de llantas, repletas de plomo, neumáticos molidos, que viene siendo lo mismo que cementar un bosque. Es algo que atenta contra el ambiente.

Noten que en Noruega optaron por cancelar el campeonato ocho meses, que jugarlo en superficies sintéticas; en Islandia también y en otras naciones con inviernos duros y largos. En cambio en México, en la vía para Monterrey en carretera, se construyeron más de 30 canchas sintéticas en fila. ¿Es esto lo que queremos para la salud de nuestros niños?, se pregunta Gutiérrez.

 

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