Crónica:

La mancha roja conquistó Copacabana

Costa Rica sorprendió al mundo con su victoria de 3-1 sobre Uruguay y los ticos en Copacabana lo celebraron a lo grande

A la pantalla gigante que domina la famosa playa de Copacabana, en Río de Janeiro, se fueron aproximando tímidamente los aficionados costarricenses, una hora antes del juego.

En este mar múltiples lenguas, nacionalidades y colores que se reúne aquí cada tarde para ver los juegos del mundial, los “ticos” no sumaban más de 50 personas, pero se hicieron sentir desde antes del partido con sus cantos y porras.

Los uruguayos eran muchos más, y se juntaron justo delante de la pantalla, confiados de su victoria en el llamado “grupo de la muerte” que integran tres excampeones de mundo (Italia, Inglaterra y Uruguay). Costa Rica era el rival al que se debería ganar sin problema.

Inició el juego, el pequeño grupo uniformado de rojo se empezó a conjuntar. Saludos, “pura vida”, y apretones de mano fueron revelando la procedencia de cada uno: Heredia, Alajuela, Escazú, Tibás, San José… la barra estaba lista.

Los primeros minutos del partido fueron de gran satisfacción, nerviosismo y ansiedad. Costa Rica se veía bien parada en el campo, con aplomo en defensa y con un Campbell inquieto en el ataque.

Algunos remates de la “sele” nos hicieron suspirar, otros de Uruguay provocaron más de una mueca, pero el partido parecía controlado. Mucho mejor de lo que cualquiera pudo haber esperado.

Llegó el penal de Díaz sobre Lugano al minuto 23. Primero hubo reclamos en la barra, luego la repetición nos aclaró el panorama. Todos pusimos la confianza en Navas, a la espera de un milagro. Sin embargo, Cavanni logró poner el 1-0.

Pese al gol, el ánimo no decayó.  Iban y venían los comentarios: “Bolaños no está haciendo nada”, “todo por culpa de Junior Díaz, semejante torta se jaló”, “hay que reforzar el medio campo, porque estamos jugando bien”.

En el medio tiempo, el Fan Fest de FIFA entretiene con bailes y un animador. El animador brasileño pide un grito de Costa Rica, y la barra responde sin complejos, a pesar de su tamaño.

Llega la segunda parte, la “sele” se ve mejor y se siente que el gol va a llegar. Al minuto 54 Campbell hace lo que todos estábamos esperando, vence a Muslera y la pequeña mancha roja sobre Copacabana estalla en alegría.

Una mezcla de agua, cerveza y guaraná (bebida brasileña) nos baña a todos. Hay saltos, gritos, abrazos. Los uruguayos vuelven a ver hacia atrás, y luego otra vez a la pantalla. No entienden lo que pasa, en ningún lado encuentran explicación.

No habíamos terminado de celebrar, cuando Costa Rica avanza otra vez y el centro de Bolaños lo cierra Duarte cruzándole el balón a Muslera. La locura estalló de nuevo, la prensa internacional que se puso frente a los uruguayos empezó a correr para tomar a aquellos ticos vestidos de rojo que habían iniciado su fiesta.

Había lágrimas en algunos, el tico que me encontré caminando solo por el centro de Río y que nunca me dijo su nombre se sostenía la cara viendo hacia la pantalla. La barra que no sumaba más de 50, ahora se había triplicado: había ingleses, brasileños, argentinos y colombianos celebrando con nosotros.

¿Y los uruguayos? francamente no me acordé de mirar para ver qué hacían. Ir ganando 2-1 a Uruguay era mucho para ponerles atención.

El resto del segundo tiempo estuvo lleno de nerviosismo. Uruguay se aproximaba en busca del empate. También se acercaban cada vez más aficionados a celebrar con nosotros. Un inglés me pregunta «¿qué es lo que están cantando?». Entre la bulla le dijo que “¡ticos, ticos!” y sale brincando mientras repite el canto.

Llegó el minuto 84, gran pase de Campbell para Ureña y este hace lo suyo al definir con gran clase frente a Muslera. Yo también celebro pero me retiro a un costado, porque la barra tica ahora está llena de camisetas de todos colores y bolso con la computadora portátil pesa mucho para quedarme en ese torbellino de alegría.

Sobre una baranda me esperan para celebrar los de Alajuela y Heredia: Marvín Luna, Marcio Jiménez, Senén Chacón, Óscar Vega y José Pérez me abrazan, me chocan la mano, y ninguno de todos da crédito a lo que estamos viendo.

Para ese momento los “ticos” somos el centro de atracción en Copacabana. Unos llegan preguntar por jugadores, otros que dónde está el país y un argentino llegó a pedir un cambio de camiseta para tener una roja.

Luis, un colombiano, me felicita y me dice que Pinto es un gran técnico, que es “bien bravo”, pero que sabe trabajar mucho y se notó el coraje que le imprimió a los jugadores.

El árbitro pitó el final y Costa Rica ganó 3-1 en su debut en Brasil. La mancha celeste que dominaba el frente de la pantalla se dispersó rápidamente, mientras aquella pequeña barra vestida de rojo cantaba una vez más.

Yo los dejo celebrando y me voy a una tarima de prensa a escribir esta crónica. La camiseta blanca que dice “Costa Rica” me delata y un grupo de Ingleses (aficionados del Everton en el que juega Bryan Oviedo) me detienen a felicitarme. Nos deséan lo mejor en la Copa pero piden que no les hagamos lo mismo.

Mientras camino a escribir, el recuerdo efímero que tengo de aquel “verano italiano” que tanto hemos soñado con repetir me vuelve a la mente. Esto es cierto, Costa Rica le ganó a Uruguay en un mundial, y nosotros lo vivimos en Brasil. La historia apenas comienza.

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