Once clásicos rojinegros

La supremacía de Liga Deportiva Alajuelense sobre el Deportivo Saprissa suma más de tres años Rolando Fonseca fue el héroe del clásico. Cuando el

La supremacía de Liga Deportiva Alajuelense sobre el Deportivo Saprissa suma más de tres años

Rolando Fonseca fue el héroe del clásico.

Cuando el Saprissa goleó 4-0 al Alajuelense en la temporada 1999-2000, última victoria de los morados en el clásico, el técnico manudo de entonces, Guilherme Farinha, que esa noche no solo perdió el partido sino la punta del campeonato, sentenció que la Liga, pese al traspié, sería campeón nacional.

En la fecha siguiente, los morados cayeron sorpresivamente en Santa Bárbara, 4-2, la Liga ganó y se trepó de nuevo a la cima de la clasificación, que ya no soltó más. Fue el primer título del equipo rojinegro de los tres que lleva en fila y el Saprissa, ya no le ganó jamás.

El entrenador portugués fue bicampeón con la Liga, luego tuvo un mal arranque en la temporada 2001-2002, fue sustituido por el colombiano Jorge Luis Pinto, quien tampoco ha perdido ningún clásico y guió a los erizos a la conquista del tricampeonato.

La paliza 4-1 que el Alajuelense le propinó al Saprissa en la última edición del juego más caliente del fútbol nacional, nada más amarró la supremacía palpable de los alajuelense sobre el popular club de la ciudad capital. Entre las dos instituciones se pelean el fervor de la fanaticada, mitad y mitad.

 

 

Los otros dos grandes se reparten lo que queda de la tajada de aficionados, el Herediano, un club histórico a quien se le conoce como el de las grandes jornadas internacionales tiene numerosa afición y los leales seguidores del Cartaginés, esperan cada temporada que llegue un título que les es ajeno desde el 6 de enero de 1941, hace 62 años.

Desde luego que otros clubes provinciales cuentan con su propia afición, pero inundados de problemas financieros, la quiebra los ha llevado a descender de la primera división, como han sido los casos de los puertos, Puntarenas y Limón, mientras que zonas muy fuertes económicamente como Guápiles, Pérez Zeledón y Ciudad Quesada, no han podido ser soporte financiero de sus equipos representativos en la máxima categoría.

Clubes de barrio,cantonales y de grandes ciudades, como Carmelita, Liberia y Santa Bárbara apenas sobreviven, mientras que Guanacaste no representa a su provincia, sino al cantón de Nicoya.

Así, Alajuelense y Saprissa acaparan aficionados, recaudaciones, patrocinadores, vallas publicitarias y lógicamente títulos, aunque en este renglón, también suma el Herediano.

Liga y Saprissa han obtenido 22 coronas; los florenses 21; fácil notar que los rojinegros con sus tres gallardetes seguidos, pasaron del tercer al primer lugar y ahora esperan ganar su título 23 para estar solos en tan memorable departamento.

En lo estadístico, Saprissa se enorgullece de sus seis campeonatos consecutivos, de 1972 a 1977 y por esa marca parece enrumbado el Alajuelense, solo que con el aporte millonario de dólares que el empresario mexicano Jorge Vergara ha dado al Saprissa, más el concurso también millonario del mozambiqueño, Aquil Alí en el Herediano, con Isaac Sasso apoyando desde atrás, parece difícil que los rojinegros cumplan su propósito. Por ahora, van por su cuarto cetro y esa goleada a los morados, reafirma sus intenciones.

CAMINOS DIFERENTES

Después de la histórica actuación de la Selección Nacional en el Mundial de Italia 90, el fútbol costarricense entró en ebullición y se inició la inflación.

Varios integrantes de la selección mundialista, como Juan Cayasso, Luis Gabelo Conejo, Rónald González, José Carlos Chávez y Hernán Medford fueron contratados para jugar en Europa. A otros que retornaron al fútbol nacional, como Mauricio Montero, Héctor Marchena, Róger Gómez, Oscar Ramírez, Claudio Jara, German Chavarría y Alexandre Guimaraes, hubo que «retocarles» los sueldos con varios ceros a la derecha de los cheques.

Digamos que el fútbol costarricense se profesionalizó.

Por aquí, los directivos de Liga Deportiva Alajuelense y los del Deportivo Saprissa, tomaron caminos diferentes; los rojinegros volcaron sus ojos a las divisiones menores de su club y le pusieron el ojo y la puntería a la selección juvenil mundialista en Arabia Saudita en 1989, mientras que los directivos morados optaron por el mercadeo, la empresa y la globalización.

La Liga, con Juan José Gámez como entrenador, formado al lado de los checos que innovaron toda la estructura administrativa y futbolística del club, como Millan Kollar, José Karel, Iván Mraz y Josef Bouska, apostó a los futbolistas de la juvenil, la mayoría integrantes del club y así en la temporada 91-92, el Alajuelense llevó a la cancha a Paúl Mayorga, Oscar Valverde, Maximilian Peynado, Austin Berry, Alexánder Víquez, Hárold López, Juan Carlos Arguedas y Danilo Brenes, mientras en el Saprissa, se interesaron más en promover, no a jugadores, sino los signos externos del club, encabezados por su famosa mascota «El Monstruo», creación del periodista deportivo, en aquel entonces de Diario Extra, Jorge Umaña.

BASE DEL PREDOMINIO

En la última década, mientras los dirigentes del Alajuelense apostaron al fútbol, los del Saprissa se entretuvieron en otras cosas y ahí se empezó a engendrar esa marcada supremacía de un equipo sobre el otro.

Fabio Garnier y Enrique Artiñano, sacaron al Saprissa de su propósito original, le cambiaron el acta de nacimiento, metieron a la institución en aventuras extrafutbolísticas con inversiones millonarias en mercadeo, ciudad deportiva, casa club, firmaron préstamos y lo ahogaron en deudas.

Alajuelense se dedicó a jugar al fútbol; crecieron los jóvenes del 90; llegaron otros vistos por sus «scouts», como Rónald Gómez y Froylán Ledezma, vendidos luego en sumas millonarias a Europa, lo que llevó miles de dólares a la tesorería rojinegra.

Entonces, de una caja fuerte, la morada, salía el dinero para pagar intereses a los bancos acreedores y a la otra, la rojinegra, entraban los dólares por una mejor visión de sus directores.

Alajuelense fue formando un equipo; Saprissa lo fue deshaciendo.

Evaristo Coronado, gloria del fútbol nacional y saprissista de mil batallas y corazón, lo sentenció muy claramente antes de tomar posesión como vicepresidente del club, en la nueva era que preside el magnate Jorge Vergara.

Dijo el bien llamado caballero del fútbol.

«En el fútbol de Costa Rica, desde hace muchos años, solo hay un equipo: el Alajuelense; los demás son rejuntados que cada técnico trata a como puede, de ordenar».

En esa frase categórica, corta y contundente de Coronado, está reflejada la supremacía del Alajuelense sobre el Saprissa, con el último 4-1 incluido.

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