América Latina cruje bajo el peso de los intentos de reformas

América Latina sigue buscando una salida al laberinto del neoliberalismo en medio de renovadas tensiones que estallaron la semana pasada, en Quito, con el

Países suramericanos como Brasil, Ecuador y Perú, experimentan una efervescencia electoral y política en estos días.

América Latina sigue buscando una salida al laberinto del neoliberalismo en medio de renovadas tensiones que estallaron la semana pasada, en Quito, con el alzamiento de policías y militares contra el presidente Rafael Correa, pero que se dejaron sentir también en Brasil y Perú, donde elecciones generales, en un caso, y regionales, en otro, todavía no terminan de definir los ganadores.

Además de las resistencias y tensiones, las alternativas políticas al neoliberalismo despiertan grandes polémicas. Si, por un lado, han logrado creciente apoyo popular, por otro no dejan de surgir críticas de quienes estiman que no ofrecen, en realidad, otro camino para el desarrollo de América Latina.

DILMA GANA EN BRASIL

Las elecciones presidenciales en Brasil no se resolvieron en la primera vuelta, pero dieron una amplia ventaja a la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff. Con 47.6 millones de votos (casi 47% del total), tiene una ventaja de 14% sobre su rival en el segundo turno, José Serra, actual gobernador del estado de São Paulo, quien logró 33.1 millones de votos.
Heredero político del expresidente Fernando Henrique Cardoso, Serra representa el afán privatizador con que el neoliberalismo marcó su paso por el poder en América Latina.
Sus posibilidades, según los analistas brasileños, son limitadas, pero no da nada por perdido. Su esperanza está en lograr el apoyo de los casi 20 millones de electores de la tercera en esa disputa: la exministra del ambiente del gobierno de Lula, Marina Silva.
La corta campaña hasta los comicios del 31 de octubre, parece dominada por un debate sobre las posiciones religiosas de Dilma, particularmente frente al aborto, que la alejó del poderoso movimiento evangélico brasileño, al que pertenece Marina Silva.
“El crecimiento de Marina en función del voto cristiano (en defensa de la vida y la familia) no es una novedad. Ha sido así en las últimas campañas electorales”, afirmó el conservador César Maia, aliado de Serra, exalcalde de Río de Janeiro y candidato a senador derrotado en las pasadas elecciones.
Las encuestas le daban a Marina no más de 14% de los votos, por lo que su votación final, que superó el  19%, fue una sorpresa y la clave del resultado que impidió un triunfo de Dilma en primera ronda.
Si bien eso se prestó para todo tipo de análisis en Brasil, Emir Sader, sociólogo, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad de Río de Janeiro, estimó que “la izquierda registró el mejor resultado electoral de su historia: Dilma en primer lugar, gobernadores en los estados de Rio Grande do Sul, Bahía, Pernambuco, Ceará, Espíritu Santo, Sergipe, Acre, y tiene buenas posibilidades tanto en el Distrito Federal como también en Pará. Además, amplió su bancada en el Senado, incremento la bancada  en la cámara de diputados; en ambas ahora tiene mayoría.
Pero, añadió, un análisis más preciso necesitaría revisar el “altísimo número de abstenciones y también de los votos nulos y blancos que, sumados, superan un cuarto del electorado”.
Este éxito del PT y sus aliados se basa en la gran popularidad del presidente Lula, resultado de una política que promovió importantes programas de apoyo a los más pobres, que permitió a Brasil enfrentar, hasta ahora con éxito, la crisis financiera mundial (Brasil ya superó a España como la octava economía del mundo) y con una política exterior de creciente protagonismo.
La crítica, como señala el politólogo Franck Gaudichaud, es que “sin tocar la estructura social, y con el aplauso de los grandes empresarios y del FMI, el gobierno de Brasil practica tasas de interés muy elevadas, para gran beneficio de los capitales especulativos internacionales. Este ‘éxito’ tiene como contrapunto el mantenimiento, incluso el incremento, de las desigualdades sociales y de renta, lo que constituye uno de los principales problemas democráticos reales del país”.
Gaudichaud agrega que “la gran reforma agraria tan esperada, tan anunciada durante la campaña, no se ha llevado a cabo. Sin embargo, en Brasil, no podrá haber desarrollo alternativo, democrático y sostenible, sin una reforma agraria radical».

GOLPE EN ECUADOR

El otro escenario de la lucha política en América Latina fue el intento de golpe en Ecuador. Golpe cuya naturaleza misma es tema de debate, pero de una dimensión que los hechos van aclarando paulatinamente.
La grabación de las comunicaciones de los policiales golpistas durante el día de la intentona, puestas en la red por una agencia ecuatoriana de noticias, revelan que estaban dispuestos a llegar al asesinato del presidente Rafael Correa.
«Los gobiernos progresistas de América Latina, los que queremos un verdadero cambio de estructuras, enfrentamos una conspiración permanente; para nosotros el golpe no ha terminado. Lo del 30 de septiembre pudo haber sido una medición; debemos prepararnos para el resto», dijo Correa.
“Se quiso llevar adelante una estrategia de caos generalizado similar a la utilizada el 21 de enero de 2000, cuando cayó el gobierno del entonces presidente Jamil Mahuad”, afirmó.
Detrás de la rebelión policial existieron lazos políticos, dijo el mandatario, quien acusó al expresidente Lucio Gutiérrez, a su hermano Gilmar, y a su partido Sociedad Patriótica, de estar detrás de alzamiento. Correa tampoco excluyó que “grupos de extrema derecha norteamericanos” hubieran participado de la revuelta, aunque reiteró que el gobierno de Obama “no tuvo nada que ver”.
Del mismo modo que el gobierno de Lula, la “revolución ciudadana” de Correa –que cuenta con gran apoyo popular– despierta la reacción de los grupos conservadores que dominaron la política ecuatoriana.
“La revolución ciudadana de Correa coincide en el tiempo y es parte de la reconstrucción de la arquitectura del poder y la geopolítica en América Latina. Hay en el continente una redefinición de las relaciones y la inserción con Estados Unidos y los organismos, y Ecuador es parte central de ello. No suscribió el TLC y no renovó el alquiler de la base militar de Manta con Washington; tomó distancia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional”, dijo el analista mexicano del diario La Jornada, Luis Hernández Navarro.
“Hoy existe mayor control del Estado sobre los recursos naturales y mayor participación del Estado en la renta petrolera y minera. La recaudación tributaria ha crecido. Y la inversión social pasó de 4% del PIB a 8%. Sin embargo, no se ha reducido significativamente ni la pobreza ni la inequidad”, añadió, recordando también que el mandatario “se ha enfrentado permanentemente a los monopolios audiovisuales, controlados por los grandes banqueros”.
No obstante, el mismo Hernández reconoce los “desencuentros” de Correa con las organizaciones indígenas que le dieron apoyo al inicio y con el movimiento ecologista.
Para el economista René Báez, que estuvo también en un principio con Correa, la crisis es “producto de un autoritarismo derechista del régimen y del agotamiento de su estrategia económica neoderechista y bancomundialista”.

TAMBIÉN PERÚ

Pero las tensiones no terminan ahí. Mientras en Brasil se celebraban elecciones generales, en Perú las regionales mostraron el avance de las posiciones “progresistas” y “de izquierda”, según algunos comentaristas.
La gran pugna se dio en Lima, donde la candidata de esa nueva izquierda, Susana Villarán, va derrotando por menos del 1% de los votos a la candidata conservadora, Lourdes Flores, quien ya aspiró, inclusive, a la presidencia de la República. El resultado final está pendiente de un inusual recuento de más de 20% de las actas, ante reclamos que han hecho surgir el temor de un fraude que despoje a Villarán del triunfo.
En todo caso, las elecciones peruanas mostraron un total reacomodo del panorama político, con la desaparición de los partidos más tradicionales de cara a las presidenciales del año próximo, un escenario que una analista peruana describió así: El centro está tugurizado. Susana y su naciente partido, Fuerza Social, es la novedad. Más a la derecha, pero buscando parecer de centro izquierda, Alejandro Toledo; Solidaridad Nacional, con Luis Castañeda, alcalde de Lima, buscará parecer de centro izquierda también porque el espacio existe. Ollanta Humala ya no podrá jugar a acercarse al centro, no hay mucho espacio para eso. A la derecha, la radical candidatura de Keiko Fujimori (hija del expresidente Alberto Fujimori, hoy preso) que amenaza el Estado de derecho del Perú y que sigue apareciendo en las encuestas en el primer lugar de preferencias, con un 20%. Aparecerán otros que piensen nuevamente que siempre hay lugar para un nuevo ‘outsider’”.

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