China crece del otro lado del Atlántico

El presidente brasileño, Luis Ignacio Lula da Silva con su homólogo Hun Jintao de China, en una ceremonia en el palacio Planalto en Brasilia,

El presidente brasileño, Luis Ignacio Lula da Silva con su homólogo Hun Jintao de China, en una ceremonia en el palacio Planalto en Brasilia, Brazil, en la cual se le reconoció a la nación asiática como economía de mercado.

Obsesionado por el equilibro del poder, el exsecretario de Estado Henry Kissinger, no podía dejar pasar sin un comentario el papel de China en el  escenario internacional. «Las crisis regionales, como las de Irak o Corea del Norte, pasan a un segundo plano si se les compara con la más significativa transferencia de poderes que presenciamos en el sistema internacional», dijo en un extenso artículo sobre los desafíos que el escenario internacional presenta para los Estados Unidos.

El ascenso de China al rango de superpotencia es un acontecimiento al que Kissinger atribuye consecuencias extraordinarias. Pero percibe claramente que ellos no copiarán lo que llamó «política imprudente» de la antigua Unión Soviética, que amenazaba a sus vecinos y desafiaba a los Estados Unidos. «Ellos tratarán de alcanzar una influencia similar a la de su crecimiento económico por medios diplomáticos y políticos». Dejando de lado, naturalmente, el problema de Taiwán, para el que rige una lógica distinta. Para China ese no es un problema internacional, sino un problema interno.

La tinta del artículo todavía no se había secado cuando el presidente chino, Hu Jintao, desembarcó en Brasil para una visita de dos semanas a América Latina, que terminó el 23 de noviembre en Cuba, e incluyó también Argentina y Chile.

 

ALIANZA ESTRATÉGICA

La visita del presidente Hu Jintao sirvió para establecer alianzas estratégicas con Brasil y Argentina. Los dos países le otorgaron, aunque con limitaciones, el reconocimiento de «economía de mercado», un paso indispensable para su plena participación en las normas del comercio internacional, que países como Estados Unidos todavía no le reconocen.

Sergio Cesarín, un especialista argentino en economía china, con una maestría en la Universidad Popular de Beijing, donde vivió cinco años, analizó así los logros de China con los acuerdos firmados en América del Sur: acceso a recursos naturales, gas y petróleo. Consiguió el reconocimiento de la economía de mercado, que tiene importancia política porque Estados Unidos y la Unión Europea no se lo otorgan. «Claro que los chinos saben que no son una economía de mercado», estimó. Avanzó, con Brasil, Argentina y Chile, en un esquema bioceánico. Consolidó la relación con la Argentina y Brasil, los dos socios más importantes del Mercosur, y podría negociar, más adelante, el reconocimiento por parte de Paraguay, que hasta ahora mantiene relaciones con Taiwán. Y ganó un socio importante, porque la Argentina es un productor agroalimentario muy eficiente.

El reconocimiento de China como «economía de mercado» preocupa a los empresarios brasileños y argentinos, reunidos la semana pasada en Buenos Aires para discutir las implicaciones de esa decisión. El canciller argentino, Rafael Bielsa, dijo que es solo un porcentaje del comercio bilateral el que tiene conflictos, mientras que su colega brasileño, Celso Amorim, estimó que los dos países podrían desarrollar un esquema «antidumping» común para enfrentar una posible invasión de productos chinos de bajo precio.

Para consolidar su nueva posición, China avanzó en acuerdos económicos que le permitirán establecerse de forma permanente en la región.

Con un crecimiento sostenido superior al 7% durante varios años, el Producto Interno Bruto (PIB) de China es actualmente de unos 1,4 billones de dólares, lo que representa un PIB per cápita de unos mil dólares. Pero el objetivo es aumentarlo a $4 billones en el 2020, lo que permitiría triplicar el PIB per capita en poco más de 15 años.

Para sostener ese nivel de crecimiento, China necesita una enorme cantidad de materias primas que no produce y que ya no se contenta con importar, sino que quiere participar en el negocio de producirlos.

Con enorme superávit comercial con Estados Unidos, China ha acumulado reservas por unos $400 mil millones, que se van depreciando paulatinamente, a medida en que el dólar pierde valor y resulta mucho mas atractivo invertir en el extranjero, en la extracción y producción de lo que su economía necesita para seguir creciendo.

NEGOCIO MILLONARIO

Con Brasil, China ha desarrollado ya diversos proyectos en áreas de alta tecnología. Desde 1999 los dos países han lanzado dos satélites conjuntos de su propia fabricación y diseño, para la exploración de los recursos terrestres y tienen previsto lanzar otros tres más en los próximos años.

La empresa aeronáutica brasileña Embraer, la línea aérea Varig, Petrobras y el Banco do Brasil tienen importantes oficinas en China. Petrobras y la empresa china Sinopec establecerán empresas mixtas para la explotación petrolera en todo el mundo.

Por su parte, la Empresa Siderúrgica Baoshan, de Shanghai, está construyendo un complejo siderúrgico en Brasil que es uno de los mayores proyectos de inversión china en el exterior.

El comercio entre los dos países alcanzó, el año pasado, unos ocho mil millones de dólares, y el presidente chino propuso llegar a los $20 mil millones en los próximos tres años. Según el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio de Brasil, Luiz Furlán, las inversiones chinas en el país pueden llegar a los $10 mil millones en los próximos dos años.

En Argentina, el presidente Néstor Kirchner y su colega chino firmaron cartas de intenciones por las cuales empresas chinas se comprometen a desarrollar proyectos en ese país por $10 mil millones en los próximos cinco a diez años. Entre estos proyectos están la exploración petrolera, el desarrollo de la red ferroviaria, y otros, como el desarrollo conjunto de satélites, comunicaciones y construcción de viviendas.

A cambio del reconocimiento de su economía como «de mercado», China abriría el suyo a las exportaciones alimenticias de Argentina, que podrían pasar de los $300 millones actuales a $4.000 millones en el próximo lustro.

El comercio bilateral llegó a casi $3,2 mil millones el año pasado, lo que representó un aumento de 122 %, según cifras chinas, y se espera que siga creciendo.

La visita a Chile se dio en el marco de la reunión del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que reunió en Santiago a los principales líderes de esa región, entre ellos el presidente George Bush y el ruso, Vladimir Putin. Hu anunció, en Santiago, el inicio de negociaciones para un TLC con Chile.

Y, finalmente, en Cuba, Hu Jintao y su colega, Fidel Castro, destacaron la importancia de sus relaciones económicas y políticas. Ambos dirigentes suscribieron 16 acuerdos de cooperación, entre ellos un convenio de compraventa de síntesis de 20 mil toneladas de níquel para el período 2005-2009, y un memorando de entendimiento para el financiamiento de un proyecto en la producción de ferro níquel. Cuba tiene previsto producir unas 90 mil toneladas de ferro níquel en un año, para lo que necesitaría inversiones por casi 600 millones de dólares.

PRESENCIA CONSOLIDADA

El volumen de comercio entre China y América Latina alcanzó el año pasado una cifra récord de casi $27 mil millones, según datos oficiales chinos, un 50% más que el año anterior. China se ha convertido en el tercer mayor importador y el cuarto mayor mercado de exportación de la región latinoamericana.

Ahora que China se va transformando en uno de los mayores inversionistas mundiales, y de América Latina podría recibir unos $100 mil millones de esas inversiones en los próximos 10 años, dijo el presidente Hu, en Brasil.

«La visita del presidente chino deja la impresión de que se estaría formando un nuevo eje sur-sur entre los países de América Latina y las potencias emergentes de Asia», dijo una comentarista.

En Santiago, durante la reunión de la APEC, quedó en evidencia las estrategias muy distintas de China y Estados Unidos, más preocupado por restaurar vínculos con Asia y de impulsar la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que de marcar un acercamiento más profundo con Latinoamérica.

«Más que volcarse a sus vecinos americanos, Bush dio prioridad a las tratativas de la OMC entrampadas, al igual que el ALCA, por la resistencia de las naciones ricas a desmantelar sus millonarias ayudas agrícolas», señaló un comentario desde Santiago.

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