Cumbre de la OTAN: Muy lejos de la Guerra Fría, muy cerca de la guerra

La cumbre de la OTAN se celebró los días 4 y 5 de setiembre en Newport, Gales, donde hubo numerosas protestas contra esa alianza

La cumbre de la OTAN se celebró los días 4 y 5 de setiembre en Newport, Gales, donde hubo numerosas protestas contra esa alianza bélica. (Foto: www.holaciudad.com)

“Pocas veces una cumbre de la OTAN ha resultado tan castrense”. La frase no es de algún crítico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sino, por el contrario, de una fuente de insospechado apoyo a la institución: la Deutsche Welle, emisora financiada con fondos públicos alemanes. “La alianza mira el este”, dijo la emisora alemana en su comentario titulado “Una alianza sin norte”.

“Para los miembros de la OTAN vuelven los viejos términos del lenguaje de la Guerra Fría: la disuasión y la contención”, externó la Deutsche Welle.
Pero el calificativo de “guerra fría” no parece gustar a todos los analistas. Leonardo Del Grosso, en un extenso artículo para Argenpress, afirma que “ojalá sólo se tratara de una ‘guerra fría’. Estamos atravesando el momento más peligroso de la humanidad”.
Del Grosso rescata una serie de comentarios publicados, sobre todo en la prensa rusa, antes de la cumbre que la OTAN celebró el 4 y 5 de setiembre en Newport, Gales. La percepción que reflejan estos artículos es que se han acelerado los preparativos militares de la OTAN para enfrentar una crisis con Rusia en Ucrania.
En otro tono, José Ignacio Torreblanca, politólogo y miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigación, en España, publicó en el diario El País un artículo que tituló “El nuevo desorden mundial”.

A su parecer, “el verano de 2014 se ha resistido al fatídico emparejamiento con 1914 que algunos proponían. Pero nadie le podrá negar a este largo y caluroso verano sus méritos: como hace 100 años, agosto ha sido temporada alta para los cañones”. Menciona los conflictos en Ucrania, Gaza, Irak, Siria y Libia, por citar solo algunos.
Torreblanca habla de conflictos en un mundo “sin Estados”, que caracterizan los de Oriente Próximo –desde Siria hasta el norte de Irak–, y de la inestabilidad que proviene “de los Estados que desordenan”. En su opinión, el primero es, naturalmente, Rusia. “Potencias en declive e inseguras, que para sobrevivir necesitan generar un miniorden a su imagen y semejanza, en su periferia más inmediata”.

También hace una referencia a China –omitida en la declaración final de la cumbre de la OTAN− al señalar que “no es difícil imaginar el interés con el que desde Pekín se debe observar el desordenamiento de Europa y también, aunque desde el ángulo inverso, desde Tokio, Manila o Hanói. Ni en sueños podrían los líderes chinos imaginar un experimento de laboratorio tan idóneo para comprobar de qué manera enfrenta Occidente su declive como el que vemos en Ucrania”.

“Después de la Segunda Guerra Mundial –concluye Torreblanca–, Occidente pasó de hacer la guerra a hacer las normas que regían el orden internacional. Pero ahora ni está dispuesto a adaptar esas normas, ni tiene la capacidad de imponerlas, ni sabe cómo persuadir a los demás para que las acepten. Paralizado por su impotencia, se ha convertido en espectador pasivo de su propio declive”.

PREPARANDO LA GUERRA

La afirmación de la Deutsche Welle, de que “pocas veces una cumbre de la OTAN ha resultado tan castrense”, se sustenta en la larga declaración de la cumbre de Gales, con 113 puntos.
El tono de lo que se venía lo dio el Secretario General adjunto de la Organización, el general norteamericano Alexander Vershbow. En la Universidad de Cardiff, dos días antes de la cumbre, Vershbow se preguntaba si la OTAN estaba en condiciones de enfrentar los desafíos de hoy, si tiene los medios y la voluntad política para hacerlo.
“La principal razón de esa inquietud es –agregó–, por supuesto, la agresión de Rusia contra Ucrania”.

El funcionario atribuyó a la presión del presidente ruso, Vladimir Putin, el hecho de que Ucrania rechazara el acuerdo de cooperación con la Unión Europea, lo que –en su opinión– provocó la rebelión que puso fin al gobierno del presidente Viktor Yanukovych. En su discurso, no hizo mención a las presiones que Washington y la Unión Europea hicieron para derrocar a Yanukovych, se refirió solo a lo que calificó como “respuesta agresiva de Moscú, que ha causado la peor crisis de seguridad en Europa, desde el fin de la Guerra Fría”.

Con la OTAN avanzando hacia el este desde la caída del muro de Berlín, con la incorporación a la alianza de los países bálticos y de Polonia, con los avances en Ucrania y Georgia en el flanco sur de Rusia, la OTAN ha ido cerrando el cerco en torno a Rusia, olvidándose de que no ha sido Rusia la que ha avanzado hacia el oeste.

La declaración de la cumbre dedicaría, tres días después de la intervención de Vershbow, sus primeros 31 puntos a la situación con Rusia.

Para asegurar que la alianza está lista para responder rápidamente y firmemente a los nuevos desafíos de seguridad, “hemos aprobado un Plan de Acción Inmediata”, dice la declaración, que lo justifica en “los desafíos planteados por Rusia y sus implicaciones estratégicas”. Luego se enumeran las actividades para poner en marcha esta nueva estrategia.
Las medidas incluyen “una presencia por aire, tierra y mar, y una significativa actividad militar en la parte oriental de la alianza”. Como parte de esta iniciativa se creará una Fuerza de Tarea Conjunta de Reacción Muy Rápida, capaz de actuar en pocos días ante los desafíos que puedan surgir, “particularmente en la periferia del territorio de la OTAN”.

El documento agrega que “garantizaremos que la OTAN esté capacitada para enfrentar desafíos específicos planteados por amenazas de guerra híbrida (un concepto utilizado para definir los nuevos conflictos con la participación de fuerzas no estatales), con el uso de un amplio rango de medidas militares abiertas y encubiertas, paramilitares y civiles, empleadas con un formato altamente integrado”.

Los países de la OTAN acordaron también revertir la tendencia a la reducción de sus presupuestos militares, celebraron el establecimiento de un Centro de Comunicaciones Estratégicas en Letonia y destacaron la importancia de mantener una fuerte industria militar, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Decidieron, además, suspender toda cooperación civil y militar con Rusia, mientras avanzan sus relaciones con Ucrania, a la que reconoció su contribución a la fuerza de respuesta de la OTAN.

AQUELARRE ANTIRRUSO

Pese a estas decisiones, la Deutsche Welle expresó que la reunión de la OTAN había sido “pródiga” en contundentes afirmaciones y compromisos simbólicos con Kiev. “Sin embargo –añadió–, al país se le abandona a su suerte frente a Rusia. La alianza no puede ofrecerle auténtica asistencia: Ucrania está más allá de la línea roja. Eso, con toda seguridad, lo ha entendido Putin”.

Ante esta realidad, otros analistas estimaron que “la cumbre de la OTAN de Gales ha sido un auténtico ‘aquelarre antirruso’, con una dureza en la declaración final sin precedentes desde la Guerra Fría”.

Para el representante demócrata estadounidense por Ohio, Dennis Kucinich, delegados de 28 países se reunieron en Gales “para conocer el plan de la OTAN para responder de forma agresiva a Rusia”.

Kucinich recordó que los resultados de las intervenciones norteamericanas en Irak y Libia fueron acciones militares que, en su criterio, “terminaron por minar nuestra seguridad nacional”.

Reprochó la “guerra contra el terror”, de George W. Bush, y planteó medidas para garantizar la seguridad de Estados Unidos que incluyan dejar de promover guerras, de financiar y armar a mercenarios, de provocar el caos “liberando” países o evitar que la OTAN y otros grupos occidentales sigan promoviendo agendas neoconservadoras para el mundo.

“Estados Unidos –aseveró Kucinich– debe transitar hacia un nuevo modelo económico doméstico, que no se apoye en el complejo industrial militar y los fabricantes de armas”.
No parece, en todo caso, haber sido esa la tendencia predominante en la cumbre de la OTAN.

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