De los gruesos nubarrones de la crisis va surgiendo el temporal fascista

La educación en Grecia se ha convertido en una de las víctimas de la crisis y de los recortes. Profesores y alumnos han respondido

La educación en Grecia se ha convertido en una de las víctimas de la crisis y de los recortes. Profesores y alumnos han respondido con el cierre de universidades, la ocupación de colegios y numerosas huelgas.

La prensa europea abunda en descripciones y debates sobre el resurgimiento de una extrema derecha que hace recordar el ascenso del nazismo en los años 30 en Alemania, surfeando en la ola de la crisis económica de entonces.

Mientras sube la presión política y las recetas de austeridad para enfrentar la crisis van ahogando a los ciudadanos europeos y crispando el ambiente político, todos los sectores parecen alistarse para un escenario de confrontación.

Acostumbrados a décadas de bonanza, de garantías sociales y de un horizonte de prosperidad para sus hijos, los ciudadanos europeos ven cómo todo esto se va desvaneciendo.

El anuncio más reciente del fin del Estado de bienestar fue hecho por el Gobierno holandés. El encargado de hacerlo fue el nuevo rey de los Países Bajos. En su discurso anual ante el parlamento, el pasado 17 de septiembre, dijo: “todos los que tengan capacidad para ello, deberán asumir sus responsabilidades para su propia vida y la de su entorno”. Una manera elegante de decir que el Estado, hasta hace poco tan importante en el esquema de bienestar europeo, se desentenderá de esas responsabilidades. O sea, cada uno deberá velar por su propio bienestar. Un anuncio que se repite por toda Europa, causando desconcierto.

EN GRECIA

Un artículo reciente de la periodista francesa Amèlie Poinssot, residente en Grecia, titulado “En la guarida de Amanecer Dorado”, describe cómo los trabajadores de los antiguos bastiones sindicales del Pireo van asumiendo políticas fascistas, que ganan posiciones en el escenario político del país.

Amanecer Dorado es un grupo fascista griego, que entró por primera vez en el parlamento el año pasado. Con un 6,9 % de los votos superó el límite exigido de 5 % para tener representación parlamentaria y logró elegir 18 de los 300 diputados.

Poinssot cuenta que “en Keratsini, Nikaia y Perama, tres municipios vecinos donde el índice de desempleo supera el 40 %, la mayoría de los hombres trabajaba en los astilleros navales o en la industria metalúrgica”.

En los astilleros se pagaba 100 euros por jornada (unos $ 130) y nunca faltaba trabajo. Pero, a finales del 2008, todo cambió, afirma. Los empresarios empezaron a llevarse el trabajo a Turquía, Chipre o China. El fuerte sindicato PAME, controlado por los comunistas, defendió el nivel salarial y las condiciones laborales, pero los empresarios rechazaron firmar nuevos convenios colectivos. En muy poco tiempo, la mayoría de los obreros se encontró sin trabajo.

“Cuatro años después, las escasas jornadas laborales en los astilleros navales se pagan dos veces menos que antes, varias empresas siderúrgicas han cerrado y los obreros −sin empleo, tras un año de indemnizaciones−, ya no perciben ninguna ayuda ni se benefician de ninguna cobertura social. Muchos culpan de esta situación a los sindicatos y después de ellos, al Partido Comunista”, comenta Takis Karayanakis, que fue obrero en los astilleros de Perama y exlíder sindical. Amanecer Dorado, con su anticomunismo virulento y su rechazo al sistema político, “expresa la angustia y la frustración de estas personas que han perdido todo”.

LOS NAZIS

Imposible dejar de comparar el desarrollo de Amanecer Dorado y el ingreso de sus matones armados de cachiporras al parlamento, con el proceso que llevó los nazis al poder. ¿Volverá a repetirse la historia? Imposible saber.

En todo caso, el secretario nacional del Partido de Izquierda, en Francia, François Delapierre, asegura que este “es un juego muy peligroso, porque la extrema derecha está llegando poco a poco al poder. En Noruega, ya han llegado al Gobierno; en Grecia, el Gobierno no ha reaccionado hasta que ha habido numerosos crímenes”.

En Noruega, luego de las elecciones del mes pasado, el Partido Conservador y el Partido del Progreso sellaron una alianza, que supone la entrada de la ultraderecha en el Gobierno por primera vez en ese país.

En 1928, los nazis logran entrar al Reichstag, el parlamento alemán, con 800 000 votos, que les valieron ocho diputados. Dos años después, en 1930, con la crisis económica en pleno desarrollo y con el apoyo de los grandes capitales, sus votos se multiplicaron hasta los 6 millones. Esto les permitió aumentar a 106 diputados su representación. En 1932, Hitler perdió las elecciones presidenciales ante el mariscal Hindenburg, pero logró 13,4 millones de votos y 13,7 millones meses después, en las elecciones parlamentarias. En enero de 1933, Hindenburg lo llama para que encabece el Gobierno. Seis años después Europa estaba en guerra.

En todo caso, Grecia ni Noruega tienen el mismo peso en la política europea que Alemania. Pero, con distintas formas, ese extremismo de derecha se asoma en todos los países europeos.

RESISTIR

Ante las políticas que los sectores conservadores europeos han venido aplicando, y que alimentan esas tendencias fascistas, Delapierre predice que, con el nivel de sacrificio que se está imponiendo a los ciudadanos para enfrentar la crisis, “pronto habrá un país en el que el pueblo empezará a desobedecer y, a partir de ese momento, la desobediencia se extenderá como una mancha de aceite”.

Para Delapierre, nos enfrentamos a lo que él llama “un golpe de Estado financiero” dado por la banca, que cobra tributos como si fuera “un ejército de ocupación”. A la resistencia a las políticas neoliberales, “se une la necesidad de una revolución política para que los pueblos recuperen el poder”, afirma.

“En Europa, se ha sembrado el germen para que haya una guerra de todos contra todos. El problema no es el inmigrante, son los banqueros”, asegura.

En esa política, se han aliado las dos grandes corrientes que encabezaron la política europea desde el fin de la II Guerra Mundial: los socialcristianos y los socialdemócratas.

“Como corriente histórica, la socialdemocracia es como una estrella muerta, que ya no emite ninguna energía”, sostiene. “No puede hacer frente a las desigualdades, no es capaz de desarrollar una perspectiva ecosocialista, y forma parte de la izquierda del siglo XX, la izquierda que ha fracasado, aunque su fracaso haya sido menos espectacular que el comunismo de Estado”.

Y concluye asegurando que “hemos llegado a una situación en la que su relación con la derecha europea se va a plasmar de manera espectacular en la gran coalición en Alemania”, donde los socialcristianos de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU, por sus siglas en alemán), de la canciller Angela Merkel, negocian la formación de un gobierno de coalición con los socialdemócratas del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD, por sus siglas en alemán).

“La única solución que tienen los miembros de los partidos socialistas que no estén de acuerdo con el rumbo que están tomando las cosas, es romper el círculo y participar en la creación de otra fuerza de izquierdas”, asegura Delapierre.

Al final –agrega–, “esto se va a jugar entre la extrema derecha y nosotros, y debemos tener la estrategia apropiada y la ambición de conquistar el poder y empezar por convencernos a nosotros mismos de que podemos hacerlo”.

El dirigente político francés se refiere también al tratado de libre comercio que Europa negocia con Estados Unidos. Para él, este acuerdo afecta a todos los sectores: a la agricultura, a la industria, a la cultura y al medioambiente.

Y destaca un aspecto que también se impuso en el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y América Central: “consagra los tribunales de arbitraje para arreglar los litigios entre las empresas y los Estados. Esto quiere decir que las empresas escaparán a las leyes de los Estados y estos se tendrán que someter a los derechos comerciales privados que establezcan los tribunales de arbitraje”.

Ante el llamado de Delapierre a la desobediencia de los ciudadanos, su colega griego, Alexis Tsipras, líder de la plataforma de izquierda Syriza, exclama: “Mirad lo que está ocurriendo en toda Europa. Todos han vuelto sus ojos hacia nosotros. Todos esperan que nos convirtamos en la chispa que prenda fuego en el campo, que incite a los pueblos a levantarse…”.

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