El nuevo presidente de El Salvador deberá enfrentar el problema de la dolarización

Salvador Sánchez Cern, candidato presidencial del FMLN, y su esposa Margarita Villalta, saludan al público que participó el pasado domingo 26 en la ceremonia

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Salvador Sánchez Cern, candidato presidencial del FMLN, y su esposa Margarita Villalta, saludan al público que participó el pasado domingo 26 en la ceremonia de clausura de campaña. (Foto: DPA)

El debate no es del todo ajeno a Costa Rica. En la década pasada −la del neoliberalismo más desenfrenado−, las privatizaciones y el “libre comercio” fueron presentados (y aplicados) en El Salvador como complemento de una política económica que debería sentar las bases del desarrollo del país.

Los resultados han sido muy distintos. El Salvador dolarizó su economía en el 2011. Al contrario de lo que pregonaban sus promotores, el abandono del colón salvadoreño y su sustitución por el dólar norteamericano la debilitó y estancó.

El desempeño de la economía salvadoreña ha sido el más bajo de los últimos 60 años, dijo hace un año el presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Carlos Acevedo. Su ritmo de crecimiento se desaceleró sistemáticamente desde la década de los años 90.

Entre 1991 y 1995, creció a una tasa promedio de 6,5%; de 1996 a 1999, esa tasa se redujo a 3,3% para volver a caer, prácticamente a la mitad, después de la dolarización. En los últimos cuatro años (2010-2013) la economía ha crecido a una tasa inferior al 2% anual, de acuerdo con cifras de organismos financieros internacionales.

“A doce años de la dolarización, se evidencia que la medida no trajo consigo nada bueno y solo dejó un saco lleno de promesas incumplidas”, agregó Acevedo.

“La dolarización es una camisa de fuerza, obstaculiza el crecimiento económico, hace más caro producir en el país, no atrae inversiones, no da margen de maniobra para enfrentar los impactos de la crisis internacional, es uno de los varios candados del modelo remesero dependiente en el que vivimos”, escribió en febrero pasado el economista Roberto Cañas, uno de los firmantes de los Acuerdos de Paz por el FMLN.

“El dólar no ha contribuido a la reactivación de la economía, no incrementó la inversión extranjera, ni hay más empleo, ni mejor integración comercial”, reprochó.

Cañas recordó la frase del entonces Presidente del BCR: “vamos a blindar el salario de los salvadoreños”, al poner en marcha la dolarización. En ese momento –afirmó– supe que todo era showtime. Da vergüenza recordar cómo mintieron”.

 

Pobreza

 

El tema no puede ser ajeno a los comicios para elegir, el próximo 2 de febrero (el mismo día que Costa Rica), un nuevo presidente de la República.

Tres candidatos disputan el cargo pero son dos –Salvador Sánchez Cerén, actual vicepresidente y candidato del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), y Norman Quijano, alcalde de San Salvador, de Arena– los que aparecen adelante en las encuestas (ver nota aparte).

Ambos deberán hacer frente al desafío de “desdolarizar” la economía salvadoreña, algo en lo que todos coinciden que es difícil. Revertir la dolarización implicaría más problemas que beneficios, el temor a una devaluación haría que los ahorrantes retiren sus dólares de los bancos y provoquen iliquidez en el Sistema, advirtió Acevedo.

Pese a las promesas de bonanza, lo que ocurrió fue todo lo contrario. Roberto Maya Durán, un lector que comentó lo ocurrido con la dolarización, explicó: “El dólar incrementó el costo de la vida del país grandemente, sin que los salarios subieran y nivelaran el cambio. Ejemplo: una bolsa de guineos costaba un colón. Con el dólar, de la noche a la mañana, costó un dólar”. El nivel de pobreza en el país alcanzó en el 2012 el 34,5%.

Andrew Swiston, un joven economista de la división de América Central del Fondo Monetario Internacional (FMI), hizo en un artículo una evaluación positiva de la dolarización en el 2011, cuando esta cumplió 10 años. La dolarización “ancló la economía de El Salvador”, fue su criterio.

En resumen, Swiston argumentó que la dolarización redujo las tasas de interés y generó “ahorros sustanciales”, tanto en el sector público como el privado. “El alto grado de integración con Estados Unidos –agregó–, a través del comercio exterior, las remesas, y los flujos financieros, ha significado que la política monetaria estadounidense ha ayudado a estabilizar la inflación y el crecimiento del producto en El Salvador”.

Pero también a él le contestaron los lectores. Estimado Andrew –dijo uno–, “ya lo quisiera ver viviendo en El Salvador, ganando $250 al mes. Realmente no es lo mismo ver estas recetas que da el FMI a nuestros países, desde donde usted está”.

El comentario agregaba: –Cuando fue la dolarización, con aquello del redondeo, todos los bienes subieron. Lo que antes valía cinco colones salvadoreños, subió a un dólar, que equivale a 8,75 colones. Usted habla de los intereses: bueno, aquí ya nadie quiere ahorrar para que solo le paguen 0,25%. Realmente es una miseria”.

Una de las críticas más generalizadas a la dolarización salvadoreña es que “redujo la capacidad adquisitiva de la mayoría de las familias salvadoreñas”.

En cuanto a las condiciones crediticias, los economistas señalan que “la mayoría de los salvadoreños no tienen acceso al crédito barato y se ven obligados a buscarlo a través de microcréditos y cooperativas con intereses más altos, por lo que no se percibe el beneficio que trajo el cambio de la moneda”.

 

Privatizaciones

 

En realidad, los resultados económicos de la última década no responden solo a la dolarización de la economía. Willian Alirio Martínez, en sus “Apuntes sobre macroeconomía y política económica”, destaca que El Salvador ha venido aplicando en los últimos 20 años políticas basadas en el llamado “Consenso de Washington”, nombre con el que se conocen las políticas de corte neoliberal.

Esas políticas iniciaron en 1989 “con la apertura unilateral de las aduanas, desgravación arancelaria, apertura del régimen cambiario de fijo a flotación sucia, privatización de empresas estatales, reforma del Banco Central (1991), privatización del sector financiero, venta de activos del Estado, reforma del aparato de gobierno, reforma fiscal e introducción de impuesto al valor agregado (1996-1998), privatización de la distribución de energía eléctrica, telecomunicaciones, reforma del sistema de pensiones y dolarización, eliminando la política monetaria (2001)”.

Como se ve, en toda la receta de privatizaciones en las que se basan estas políticas, uno de los resultados es que “el ingreso per cápita del país es de $2557, menor que el de Costa Rica ($5189), Chile ($6.334) y México ($6.105)”.

“Sus ingresos de divisas dependen de sus exportaciones de manufacturas, principalmente maquila, productos industriales y café”.

Además, con el voluntarismo de mantener a toda costa la dolarización, “las autoridades endeudaron crecientemente al país para cerrar la brecha entre la oferta y la demanda de dólares en la economía”.

 

Remesas

 

Martínez hace ver en su libro que otro de los pilares que ayuda a mantener a flote la economía salvadoreña son las remesas “… una proporción importante de la población (2.5 millones de personas) vive en el exterior, principalmente en Estados Unidos”, desde donde “proveen ingresos por remesas familiares estratégicas”.

Según la Gerencia de Estudios y Estadísticas Económicas del Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR), el año pasado los salvadoreños que viven en el exterior enviaron al país $3,97 mil millones, 1,5% más que los $3,91 millones del 2012. Estas remesas representaron casi 16% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, según la misma fuente.

“Estamos más dependientes de las remesas familiares, que es lo que realmente mueve a este país, no las recetas del FMI”, le dijeron al economista de la División de América Central del Fondo.

Los sectores más pudientes “se benefician de todo el trabajo de los compatriotas en el extranjero porque esa ha sido, quizás, su política: pagar mal aquí para que emigren y envíen más remesas. El gobierno gana, porque cobra más impuestos y el pueblo… ¡bien gracias!, esperando las mil y una promesas de los gobiernos asesorados por el FMI, Banco Mundial”.

RECUADRO

 

Elecciones en El Salvador:

Tres candidatos en busca de la presidencia

  

Tres candidatos se enfrentan en las elecciones presidenciales del domingo 2 de febrero, en El Salvador.

Hay dos claramente favoritos: Salvador Sánchez Cerén, actual vicepresidente del país y candidato del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), y Norman Quijano, alcalde de San Salvador, candidato de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

El expresidente Elías Antonio Saca (2004-2009), del Movimiento Unidad, es el tercer candidato.

Al igual que en Costa Rica, las encuestas son motivo de polémica en El Salvador. La semana pasada, el Centro de Investigación de la Opinión Pública Salvadoreña, de la Universidad Tecnológica (UTEC) —una institución privada− le dio a Sánchez Cerén 38,3% de las preferencias. Quijano obtuvo 29% y, en tercer lugar, quedó Saca, con 11,6%.

En la misma fecha, la consultora Mitofsky dio la ventaja a Quijano, con 35,5%. Sánchez Cerén obtuvo 31,8% y Saca, nuevamente, quedó tercero con 16%.

Esto parece indicar que ningún partido alcanzará más del 50% de los votos, necesarios para ganar en primera vuelta. La segunda ronda, en ese caso, sería el 9 de marzo.

Sin embargo, una tercera encuesta, de la Universidad Centroamericana (UCA), le dio a Sánchez Cerén 46,8% y dejó abierta la posibilidad de que este alcanzara más del 50% en la primera ronda.

Quijano obtuvo 32,8% y Saca 14,7% en esa encuesta.

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