G-20 en Australia: Relaciones entre Rusia y Occidente alcanzaron máxima tensión

En la reunión del Grupo de los 20 en Australia no faltaron las protestas de todo tipo. (Fotos: tomadas de www.india.com y www.brisbanetimes.com.au)“Las relaciones

En la reunión del Grupo de los 20 en Australia no faltaron las protestas de todo tipo. (Fotos: tomadas de www.india.com y www.brisbanetimes.com.au)

“Las relaciones entre los países occidentales y Rusia alcanzaron un nivel de tensión máxima cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, abandonó el encuentro antes de que terminara”. De este modo describía la corresponsal del diario español El País, desde Brisbane, Australia, el resultado de la reunión del G-20 (un grupo que reúne a 19 países y la Unión Europea), el pasado fin de semana.

Creado para discutir una reforma de la economía global, el G-20 está integrado −entre otros países− por Estados Unidos, Rusia, China, India y los latinoamericanos Brasil Argentina y México. El grupo representa cerca de tres cuartos del comercio mundial.

La reunión de Australia se celebró solo una semana después del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC, con 21 países de la cuenca del Pacífico) en China, donde algunos de los principales líderes mundiales se enfrentaron diplomáticamente para discutir la crisis económica y la tensa situación internacional.

Si la cita de Australia puso en evidencia las tensiones creadas por la crisis de Ucrania, la celebrada en suelo chino fue destacada con titulares como “China recibe países de APEC y marca agenda ante caída de Obama” o “China demuestra su liderazgo global en la cumbre Asia-Pacífico”, según el diario español El País.

En la cita se puso énfasis en el estancamiento que amenaza la economía mundial y que afecta especialmente a Europa y Estados Unidos.

“La segunda economía del mundo recibe a Barack Obama, Vladimir Putin y Shinzo Abe, pero apunta a marcar la agenda en todo momento, con Pekín como el más pujante motor de la economía mundial, ante un Obama en decadencia, tras la desastrosa votación de sus elecciones legislativas, y un Putin enfrentado con Europa por Ucrania”, se podía leer en vísperas de la cita en La Red21, de Uruguay.

El presidente chino, Xi Jinping, dejó clara, en su discurso de bienvenida, la necesidad de pasar a un “nuevo nivel de desarrollo” de la economía mundial, enumerando las prioridades “sin las cuales la inacción podría dejar la economía global, en un peligroso estado de mínima fluidez”.

Ante la preocupación de algunos sobre un posible enfriamiento de la economía china, el presidente Xi afirmó que, efectivamente, “existen riesgos, pero no son tan alarmantes”, pues el país va transformando la demanda interna en motor de su economía, en detrimento de la dependencia de las inversiones y el comercio exterior, explicó.

FRENTES DIPLOMÁTICOS

La cumbre de Pekín permitió a China cerrar varios frentes diplomáticos abiertos. El más espectacular, estimaron los analistas, fue “el apretón de manos y la reunión con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, la primera entre líderes de ambos países en tres años”.

China cerró también un esperado acuerdo de libre comercio con Corea del Sur. El presidente Xi se reunió, además, con su colega de Vietnam, Truong Tan Sang, país con el que Pekín mantiene un diferendo territorial en el mar del Sur.

Por otra parte, la buena sintonía entre China y Rusia fue destacada por Macarena Vidal, de El País. “Sus respectivos presidentes, Xi Jinping y Vladimir Putin, se reunieron ayer por décima vez en 18 meses”, destacó.

“Los dos mandatarios asistieron a la firma de 17 acuerdos, entre ellos un memorándum de entendimiento (MOU) para el desarrollo de un segundo gasoducto, la ‘ruta occidental’, que suministre gas ruso a la segunda economía mundial. El primer gasoducto, la ‘ruta oriental’, está en construcción”, puntualizó.

Mientras tanto, las relaciones entre China y Estados Unidos, permeada por inevitables tensiones, fueron objeto de permanente análisis de los corresponsales.

“Obama defiende el liderazgo mundial de Estados Unidos mientras tiende la mano a China”, tituló el diario español La Vanguardia, de Barcelona.

En un mensaje “entre amistoso y retador”, Obama defendió “el liderazgo mundial de su país, sobre la base de su fortaleza económica y su rol dirigente en asuntos internacionales, sin dejar de dar la bienvenida al ascenso de la potencia asiática”, afirmó el periódico.

“He venido en un momento en el que, por todo el mundo, Estados Unidos está liderando desde una posición de fuerza”, dijo en “tono victorioso” Obama, en un discurso pronunciado en un foro de líderes empresariales en el marco de la cumbre de la APEC.

Enseguida, en la inauguración de la cumbre, expuso que “Estados Unidos es favorable al surgimiento de una China próspera, pacífica y estable”, y abogó por incrementar las relaciones bilaterales entre los dos países. Pero, tampoco dejó de insistir en temas como los derechos humanos y la libertad de la prensa, los cuales mencionó en su discurso, sin enfatizar sobre las recientes protestas en Hong Kong.

Tras finalizar la cumbre, Obama inició una visita de Estado a China, la segunda desde que asumió la presidencia. La primera había sido en el 2009.

El comercio juega un papel principal en las relaciones entre ambos países. China, que promueve la creación de una Zona de Libre Comercio para Asia-Pacífico, anunció el lanzamiento de las negociaciones para su conformación, uno de los objetivos principales del país en esta reunión.

Estados Unidos, por su parte, propone la creación de la Alianza Transpacífica (TPP) con doce países de la APEC, sin la participación de China. Para eso, el presidente Obama se reunió con los países participantes de esta alianza en la embajada norteamericana en Pekín.

CAMBIO CLIMÁTICO

Estados Unidos y China anunciaron también un acuerdo para el recorte de emisiones contaminantes, que fuentes científicas estimaron como un “primer paso muy importante” para instaurar “una especie de cooperación política, indispensable para combatir efectivamente” el problema. No faltaron, sin embargo, quienes consideraron el acuerdo insuficiente ante la urgencia del calentamiento global.

Se trata de un acuerdo para reducir los niveles de emisiones de CO2 por parte de China a partir del 2030. El presidente Xi anunció que, en ese año, un 20% de la energía producida en su país procederá de fuentes limpias y renovables. Por su lado, Estados Unidos reducirá −para el 2025− sus emisiones entre un 26% y un 28%, con respecto a los niveles del 2005.
El anuncio fue recibido con desconfianza por la oposición en Estados Unidos. El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, estimó “poco realista” el acuerdo y recordó a Obama que ese pacto “afrontará oposición en el Congreso estadounidense”.

“Nuestra economía no puede soportar la guerra ideológica del presidente contra el carbón, que aumentará la presión sobre las familias de clase media y los mineros”, advirtió el senador.

Si las relaciones entre Estados Unidos y China estuvieron en el primer plano en la reunión de la APEC en Pekín, fueron las tensiones entre “Occidente” y Rusia las que prevalecieron en la reunión del G-20 en Australia.

“Todos contra Putin por la crisis de Ucrania”, titulaban los medios, una presión que hizo que el presidente ruso abandonara Australia antes de la firma de la declaración final. Si bien el tema central debía ser la adopción de medidas económicas para estimular el crecimiento económico en dos puntos porcentuales más que las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el 2018, fueron las presiones sobre el mandatario ruso las que dominaron los debates.

“Los líderes del G-20 advirtieron a Rusia sobre la posibilidad de nuevas sanciones por su injerencia en el este ucraniano”, destacó La Nación de Argentina, dejando en evidencia el poder desestabilizador de los avances occidentales en ese país, crisis que parece lejos de cualquier solución.

Luisa Corradine, analista del periódico argentino, comentó que “la Casa Blanca tuvo que resignarse a admitir a China y Rusia como protagonistas de este nuevo orden geopolítico planetario”.

En su opinión, “el doble juego de China, legítimo desde sus intereses de gran potencia, quedó en evidencia en el brindis de Xi durante el banquete ofrecido a Putin: ‘Rusia y China deben resistir las presiones de Washington y permanecer unidas en el interés del mundo entero”.

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