Jorge Arrate:“La Concertación no fue capaz de enfrentar su crisis”

“El partido de coalición Concertación no fue capaz de enfrentar su desgaste. Se quedó donde estaba, incapaz de salirse de sí mismo. La elección

El excandidato presidencial chileno, Jorge Arrate, evalúa las causas de la derrota de la Concertación en los comicios pasados.

“El partido de coalición Concertación no fue capaz de enfrentar su desgaste. Se quedó donde estaba, incapaz de salirse de sí mismo. La elección se perdió por 220 mil votos. Se hubiese ganado si al menos 110 mil electores cambian su voto. Pero, si eso hubiese ocurrido, hoy estaríamos oyendo las alabanzas de la Concertación sobre sí misma. Y yo no creo que el diagnóstico dependa de 110 mi votos, sino más bien de una concepción más realista de lo que se quería hacer y de lo que no se hizo”.

El diagnóstico es de Jorge Arrate, candidato presidencial de una coalición de izquierda en las pasada elecciones en Chile. Estamos en su casa, en una acogedora oficina en el barrio de Ñuñoa, en Santiago. Detrás suyo está la foto del presidente Salvador Allende, con quien, a ratos, se funde en la imagen.

Se alejó de la Concertación, que gobernó el país en los últimos 20 años, hace siete, según relata. Había sido Ministro de Minería de Allende, y lo fue de Educación y de Trabajo, además de embajador en Buenos Aires.

La Concertación “perdió la perspectiva”, asegura. Y decidió lanzarse de candidato a la presidencia en los comicios de diciembre pasado, en representación de la izquierda extraparlamentaria. No le daban ninguna posibilidad. Al final, sacó 6,2% de los votos.

Estuvo exiliado mucho tiempo. Diez años en Holanda. Y nos cuenta, divertido, cómo, en 1984, desafiando la prohibición de la dictadura, decidió regresar al país con un puñado de otros exiliados. No los dejaron bajar del avión, donde estuvieron más de diez horas. La policía los arrastraba por el pasillo, en medio de patadas e insultos. En el suelo, insultados y golpeados, se reían cuando se cruzaban por los pasillos.

Han pasado muchos años. La dictadura cayó en 1990 y la Concertación, conformada por socialistas y demócrata cristianos, gobernó Chile durante 20 años, hasta que Sebastián Piñeira, el candidato de la Alianza, una agrupación de los viejos conservadores pinochetistas, les ganó la elección, en el segundo turno, en enero pasado. Pero Arrate ya no estaba en ese grupo.

“En realidad me retiré mucho antes. Me fui espiritualmente, porque la Concertación se convirtió en un conglomerado conformista. Y yo soy un inconformista. Renuncié a mi afiliación al Partido Socialista (PS), en la fecha en que era preciso hacerlo para ser candidato presidencial de la izquierda. Pero en algún momento, nos vamos a volver a encontrar, cuando los socialistas vengan donde yo estoy: En la izquierda”, vaticinó.

LAS CAUSAS DE LA DERROTA

Las causas de la derrota electoral son motivo de controversia en Chile. Para el exsenador socialista, Jaime Gazmuri, se debió más a una pérdida de capacidad de conducción del proceso político por parte de las direcciones de los partidos de la Concertación, que a deficiencias en las políticas concertacionistas para desmontar el legado de Pinochet (Ver edición anterior).

Arrate no comparte esa evaluación. En la Concertación, afirma, “aceptamos una determinada forma de desplazar la dictadura, similar a la que se aplicó en otros países de América Latina o del sur de la Europa mediterránea. Las transiciones fueron procesos políticos muy opacos, porque estuvieron impregnadas de concesiones, de pactos”.
Después de dos gobiernos demócrata cristianos, la Concertación eligió a un candidato socialista, Ricardo Lagos. Ese fue un punto de inflexión, afirma Arrate.

“Lagos despertó grandes esperanzas cuando asumió e intentó cambiar el curso de los acontecimientos. Pero posteriormente, debió pactar con la derecha y se consolidó el proceso de una Concertación que se movía solo en los espacios de lo que la derecha decía que era posible. Cuando terminó ese gobierno, la Concertación tuvo la capacidad de sacar un conejo del sombrero: la figura de una mujer, Michelle Bachelet, con gran prestigio, calidez e integridad personal y nuevamente despertó grandes esperanzas de cambio”.

“Más allá de lo que fue su voluntad, en los hechos Bachelet se sujetó a las limitaciones que hicieron que esos cuatro gobiernos terminaran pactando con la derecha y nunca dijeron: “Aquí hay grupos que impiden que hagamos lo que prometimos en nuestros programas”. La necesidad política de pactar con la derecha se convirtió en una virtud. Y los pactistas se transformaron en hombres de Estado”, señaló Arrate.

INSUFICIENTES CAMBIOS

Lo cierto es que la Concertación no ha podido cumplir debidamente sus tareas, entre ellas “restituir la democracia”. “Nos rige la Constitución ilegítima de 1980, que nosotros aceptamos para la transición. Lagos promulgó las últimas reformas a esa Constitución, en el 2005, aunque era la vieja, insuficientemente remendada, pero ahora firmada por él y no por Pinochet”.

“Cuando comenzó la transición, imperó el punto de vista de la Democracia Cristiana (DC), de que no se debía generar problemas haciendo reformas profundas en la economía. A los socialistas todavía les pesaba el hecho de que la Unidad Popular tuvo un final donde hubo desorden en la economía”.

“Por ejemplo, nunca se impulsó una verdadera reforma tributaria, porque no se quiso provocar un enfrentamiento político. Bachelet mejoró las pensiones públicas, pero el proyecto que envió al Congreso dejó de lado las modificaciones de las AFP, la administración privada de las pensiones. Lo mismo le pasó a Lagos con la atención de salud, pues la derecha vetó el aspecto solidario del proyecto”, añadió.

“En el tema salarial, agregó Arrate, fue la iglesia católica la que habló del ‘salario ético’. Recién hubo una discusión sobre salario mínimo y nadie mencionó lo que monseñor Goic planteó en su oportunidad, que es un 50% más alto que lo aprobado”, cuando la Cámara de Diputados acordó un salario mínimo de 172 mil pesos, unos $320 al mes.

EL COBRE

 “Se abordó equivocadamente lo relativo a los recursos naturales. Habría que ver si la previsión estuvo mal fundada, o fue mal intencionada. La Concertación siguió con la idea de que el cobre iba a valer poca cosa, que era necesario sacarlo pronto y se tenía que ofrecer condiciones excepcionales a las empresas que lo explotan. Hoy sabemos que esas bases estaban muy equivocadas y que el mineral ha alcanzado precios récords”.

Arrate destaca que la actual administración “no tiene la mayoría en el parlamento, pero está imponiendo sus proyectos sobre la base de la extorsión, afirmando que la oposición no quiere aprobar recursos para la reconstrucción del país”, después del terremoto de febrero pasado.

El debate gira en torno a los recursos para la reconstrucción, que se estiman en $30 mil millones. Y las miradas se han vuelto hacia el cobre, la principal fuente de divisas de Chile.

Nacionalizado durante el gobierno de Allende, fue nuevamente entregado a las multinacionales por el régimen de Pinochet. Las empresas han obtenido ganancias extraordinarias con el aumento del precio en los mercados internacionales.
Ahora se debate el establecimiento de un “royalty” para financiar la reconstrucción, que Arrate estima del todo inconveniente para el país.

“Lo que hacen es completamente falto de pudor: establecer royalties a las grandes mineras del cobre a cambio de la inalterabilidad de su situación tributaria, y también del propio royalty. Están vendiendo certeza tributaria para las empresas a cambio de unos pocos cientos de millones de dólares”.

Los $30 mil millones de dólares que Chile necesita para la reconstrucción pueden ser las ganancias de la gran minería del cobre en solo un año. Con la producción estimada para el 2010 y el precio del metal registrado en marzo pasado, las mineras privadas generarían ingresos por venta, antes de impuestos, superiores a los $44 mil millones, según los expertos.

“Hay mineras que han amortizado su inversión en un par de años. El funcionamiento de estas es un cuarto oscuro”, asegura Arrate. Las mineras venden sus productos sin refinar a sus propias empresas en el exterior, se financian con créditos de sus bancos y obtienen beneficios tributarios por esos financiamientos, lo que hace imposible calcular exactamente los beneficios que obtienen por la explotación del cobre chileno. “No hay un aporte siquiera en términos de empleo, porque todo está muy automatizado”, aseguró.

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