La rebelión árabe se extiende al Sinaí

La rebelión iniciada en el norte de África hace cerca de año y medio, que se llevó consigo gobiernos instalados durante décadas en el

La rebelión iniciada en el norte de África hace cerca de año y medio, que se llevó consigo gobiernos instalados durante décadas en el poder, se sigue extendiendo por Oriente Medio, sin que se sepa cuándo y cómo va a terminar.

El orden impuesto en la región desde la firma de los Acuerdos de Camp David (1979), que pusieron fin a la guerra entre Israel y Egipto, parece ahora cada vez más insostenible, señalan los analistas.

Un ataque contra una comisaría egipcia en la zona fronteriza con Israel en la península de Sinaí, cerca de la franja de Gaza, el pasado domingo 5 de agosto, dejó un saldo de 16 soldados muertos. Un comando, cuya filiación no se ha podido precisar, atacó a los policías y entró luego a Israel, donde fueron diezmados por el ejército israelí.

 

 

Las autoridades egipcias atribuyeron el atentado a grupos identificados con la Yihad Islámica y calificaron a los atacantes como «infieles» que prometieron combatir.

Los Hermanos Musulmanes, por su parte, acusaron a los servicios de inteligencia de Israel del ataque, afirmación que pone en situación difícil al recién asumido presidente de Egipto, Mohamed Morsi. El objetivo del ataque, aseguraron, era boicotear el mandato de Morsi.

“Todos los problemas de la zona, y los intereses de sus actores, desde Israel hasta los palestinos, pasando por el ejército egipcio y la oscura amalgama de la Yihad mundial, juegan sus cartas en las ardientes dunas” del Sinaí, un territorio de unos 60 mil kilómetros, afirmó el periodista Dabid Lazkanoiturburu.

CONSECUENCIAS DEL ATAQUE

Con el Sinaí desmilitarizado, desde la firma del acuerdo de paz y la retirada israelí, en 1982, la península se transformó en una zona “olvidada” por los medios internacionales y por los gobernantes egipcios, según acusaciones de los beduinos que la habitan.

Lo cierto es que la primera consecuencia del ataque fue el regreso del ejército egipcio a la península, aunque esta vez con el apoyo de Israel.

El triunfo de la revolución egipcia, en opinión de Lazkanoiturburu, “parece haberse convertido en un detonante para el incremento de la tensión” en esa región.

Desde el triunfo de la revuelta en la Plaza Tahrir, en febrero de 2011, hasta hoy, “se han constatado al menos ocho incidentes armados como los de estos días”, afirma.

Durante 40 años, los acuerdos, quizás los más estratégicos en el marco del conflicto árabe-palestino, se mantuvieron intactos.

Ahora se plantea que lo firmado por el entonces presidente egipcio, Anwar el Sadat, y el primer ministro israelí, Menachem Begin, debe ser revisado.

Al día siguiente del ataque en la frontera, el ministro de Asuntos Parlamentarios de Egipto, Mohamed Mahsub, abogó por enmendar los Acuerdos de Camp David “para fortalecer la seguridad en la península del Sinaí”.

No obstante, la idea de revisar el tratado no es vista con simpatía en ese país. “Abrir el melón del tratado puede resultar bastante complicado, pero se pueden buscar fórmulas sin tocarlo. Puede haber más policías en lugar de soldados o pueden luchar contra los grupos armados con operaciones puntuales en lugar de una presencia militar permanente”, dijo la corresponsal del diario El País en Jerusalén, Ana Carbajosa, citando fuentes israelitas.

La otra consecuencia del ataque fue la decisión del Gobierno egipcio de cerrar el paso fronterizo de Rafah con la Franja de Gaza, el único a través del cual los palestinos pueden abastecerse de productos básicos, incluyendo combustible.

La decisión pone en un aprieto al presidente Morsi, pues afecta a sus partidarios en Gaza. El primer ministro de la Franja, Ismail Haniyeh, pidió a su “hermano” y supuesto aliado, Morsi, que reabra el paso fronterizo, por donde circulan diariamente unas 800 personas.

Pero Egipto no se trata solamente de esto, sino de los varios túneles que los palestinos usan para abastecerse y que también han sido cerrados por Egipto.

“Si no se reabren, Gaza simplemente morirá”, dijo Omar Shaaban, un economista que dirige el PALthink, un grupo de reflexión y análisis con base en Gaza. Shaaban calcula en $500 millones anuales el montante de la cifra de negocios que generan los túneles. Cerrarlos “tendría un efecto devastador para los habitantes de Gaza”, afirma.

Para el profesor Gamal Eltahawy, de la Universidad de Al Minya (Egipto), este ataque ha sacudido la estabilidad política de Egipto: «Y cuando la estabilidad política se ve afectada, le sigue la estabilidad económica y, por lo tanto, dificulta el proceso de desarrollo”. “Hay fuerzas externas responsables de esto», dijo.

SIRIA

El otro escenario del conflicto es Siria, donde se tejen todas las conjeturas sobre el destino del gobierno de Bashar Al-Assad y el futuro del país.

Pero lo que ocurre en Siria no se puede desvincular de lo que pasa en el otro extremo del escenario, en Irán, donde la destitución del régimen actual sigue siendo el principal objetivo de Estados Unidos e Israel, afirman los analistas.

Aliada del régimen de Bashar al Asad, la diplomacia iraní se mantiene activa, buscando una salida negociada al conflicto.

La semana pasada, representantes de 29 países, entre ellos cuatro latinoamericanos –Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua–, llamaron a un diálogo entre la oposición y el Gobierno sirio al terminar en Teherán una conferencia especial sobre Siria, a la que asistieron también Rusia y China.

«Es un error creer que presionando el régimen sirio va a cambiar», dijo el canciller iraní, Alí Akbar Salehi criticando la política de Estados Unidos, Arabia Saudita, Catar y Turquía, los cuatro países que respaldan abiertamente la rebelón en Siria.

Según el New York Times, Estados Unidos ya está diseñando una Siria post Assad, pues se da como un hecho que el presidente sirio no permanecerá mucho tiempo más al frente del país. El plan trataría de evitar el caso que se produjo en Irak con la intervención de Washington, al parecer sin darse cuenta que fue la intervención misma la que produjo ese caos.

DEBATE

En todo caso, con el conflicto sirio en pleno desarrollo, los analistas buscan definir las posiciones de los diversos sectores y vislumbrar una salida a la virtual guerra civil que vive el país.

En un artículo publicado en Le Monde Diplomatique, Nicolas Dot-Pouillard muestra la complejidad del conflicto en un análisis de la posición de los diferentes grupos de izquierda en Siria y en el mundo árabe.

La mayoría de las fuerzas que se sitúan a la izquierda del espectro político en el mundo árabe “guardan una distancia prudente hacia la revuelta”, afirma.

Denuncian, primero, “la militarización de la insurrección, que no beneficiaría más que a los grupos islamistas radicales y a los combatientes extranjeros que afluyen a Siria”.

Subrayan luego la confesionalización del conflicto, que opondría progresivamente a las minorías alauita (que gobierna siria) y cristiana “a una mayoría sunita radicalizada por la represión, viendo ahí la amenaza de una guerra civil interminable”.

Por último, “se inquietan por las correlaciones de fuerzas regionales y mundiales. Irán y Siria contra las monarquías del Golfo; Rusia y China contra Estados Unidos”.

Ante el gran juego regional e internacional que hace de Siria un frente de batalla entre varios actores estatales e internacionales, “en la izquierda se hace a menudo la opción a favor de los primeros contra los segundos (las monarquía del Golfo y los Estados Unidos)”.

“La lógica reformista es la preferida por una parte de las izquierdas árabes: la solución al conflicto sirio debe ser política y no militar. El comunicado final de una Conferencia Nacionalista Árabe, que reunió el pasado mes de junio en Hammamet, Túnez, a unos 200 congresistas miembros de formaciones árabes, nacionalistas de izquierdas y, en una menor medida, islamistas, refleja esta posición”, dice Dot-Pouillard.

“Si para una parte de la izquierda radical árabe, la perspectiva revolucionaria debe claramente estar al orden del día en Siria, otra fracción, sustancialmente más importante, se ha despedido de ella: no desea una caída brutal del régimen. Para ella, el corazón de la contradicción reside en una guerra fría que no es reconocida como tal”, sostiene.

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