Lucha de Grecia contra austeridad desnuda voracidad de acreedores

El nuevo gobernante de Grecia, Alexis Tsipras, se opone a las políticas de ajuste económico que le han impuesto sus acreedores europeos.Como una enorme

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El nuevo gobernante de Grecia, Alexis Tsipras, se opone a las políticas de ajuste económico que le han impuesto sus acreedores europeos.

Como una enorme aspiradora, el plan de austeridad impuesto a Grecia por la “troika” (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) ha succionado toda la riqueza que ha podido a los griegos.

A cambio de préstamos –que suman ya más de 320.000 millones de euros–, ha impuesto una política de privatizaciones y reducción del gasto público que ha sumido el país en la pobreza.

Después de cuatro años de “ajuste”, los resultados no podrían ser más dramáticos: pérdida de 25% del Producto Interno Bruto (PIB), aumento de la deuda a casi 180% del PIB; 1,5 millones de personas perdieron su trabajo y la población se empobreció. El desempleo afecta a cerca del 28% de la población económicamente activa, aunque entre la juventud esa tasa es de casi 60%.

El Partido de Izquierda Radical (Syriza) denunció esa política que, en realidad, no es otra cosa que la transferencia de todos los recursos posibles a los acreedores, principalmente a la banca alemana. Como resultado de sus acusaciones, obtuvo un triunfo electoral en enero pasado que lo llevó a conformar el gobierno que ahora encabeza Alexis Tsipras.

El nuevo líder adelantó, en su primera semana de gobierno, una serie de medidas contra el plan de austeridad: “Apenas formado, el gobierno paró la privatización del puerto del Pireo”, destacó el diario francés Les Echos. En lugar de seguir con los despidos, anunció la recontratación de los despedidos y el aumento del salario mínimo, que pasará de 580 a 750 euros.

DESPLOME

En la mayoría de países de la Unión Europea, dijo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, “el PIB per cápita es menor al de antes de la crisis. Una media década perdida se está convirtiendo rápidamente en una década entera. Detrás de las frías estadísticas, las vidas se arruinan, los sueños se desvanecen”.

Recién asumido el nuevo gobierno, el 26 de enero pasado, se hizo mucho ruido sobre la demanda de una reducción de la deuda griega, a la que se oponían, con especial énfasis, la canciller alemana Angela Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, aunque también la “troika” y otros países europeos.

Se trata, en todo caso, de una deuda que –todos los saben– nunca podrá ser pagada en su totalidad, por lo que el fin de la política de austeridad debe incluir una renegociación de esos compromisos financieros.

Pero, ante las resistencias a esta propuesta, el ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, cambió el tono: “Podemos usar eufemismos para tratar el tema”, afirmó. Su propuesta enfatizó en una cancelación de la deuda, condicionada al ritmo de crecimiento de la economía griega.

RECURSOS

Uno de los primeros anuncios del nuevo gobierno fue que Grecia no estaba interesada en renovar el plan de ajuste, ni de seguir negociándolo con la “troika”.

Lo que ocurre es que, a cambio de aceptar esas condiciones, el Gobierno recibe los recursos que no tiene para mantener funcionando la maquinaria estatal. Otro problema de Grecia es “la fragilidad de sus bancos, que actualmente (como los bancos de toda la eurozona) tienen acceso al crédito del Banco Central Europeo”, recordó el también premio Nobel de Economía Paul Krugman.

“Si se cierra ese crédito –indicó–, el sistema bancario griego probablemente se vendría abajo en medio del pánico bancario. Por lo tanto, mientras siga con el euro, Grecia necesita de la buena voluntad del Banco Central, que a su vez depende de la actitud de Alemania y otros países acreedores”.

Ese es el as con el que las instituciones europeas pretenden ganarle la partida de póquer al gobierno de Tsipras. Solo un día después de la reunión de Varufakis con el presidente del Banco Central Europeo, el italiano Mario Draghi, y en vísperas de su encuentro con su colega alemán Schäuble, el banco anunció que dejaba de aceptar los bonos griegos como garantía de préstamos para la banca del país. Se trató, en realidad, de un regalo para el Ministro alemán, antes de su reunión con Varoufakis, la cual terminó en un completo desacuerdo.

“La decisión del banco viene a reforzar la intransigencia de Berlín”, comentó Kostas Vergopoulos, profesor emérito de Economía de la Universidad Paris-VII.

El carácter político de la advertencia quedó matizado con el anuncio de que Grecia tendría acceso a un financiamiento de urgencia por hasta 60.000 millones de euros, insuficiente para evitar el desplome de los valores bursátiles de la banca griega.

TSIPRAS Y LA DEUDA

El 13 de enero pasado, el Primer Ministro griego publicó una carta abierta en el importante diario alemán Handelsblatt, en la que explicaba su posición frente a la deuda, que tanto los medios más conservadores como el gobierno alemán reclaman “austeridad” a unos griegos que, a su parecer, vivieron en Jauja y ahora deben pagar sus deudas.

“Mi partido y yo, personalmente –dijo Tsipras–, nos opusimos frontalmente al préstamo de mayo de 2010, no porque ustedes, ciudadanos de Alemania, no nos dieran suficiente dinero, sino porque nos daban demasiado, mucho más de lo que debieran haber concedido, y nuestro gobierno aceptó más, mucho más de lo que tenía derecho a aceptar”.

“Europa adoptó las tácticas de los peores banqueros, quienes se niegan a reconocer préstamos equivocados y prefieren conceder otros nuevos a la entidad insolvente, de manera que puedan fingir que el préstamo original está funcionando, cuando realmente lo que se logra es extender la bancarrota en el futuro”, agregó.

“Es cierto que Grecia (o, para ser más exacto, la centroderecha que gobernó el país entre 2004 y 2009) tomó prestadas de manera voluntaria unas sumas enormes de dinero”, dijo, por su parte, Krugman. Sin embargo, agregó, “también es verdad que los bancos de Alemania y del resto del mundo le prestaron a Grecia todo ese dinero de manera voluntaria”.

La pretensión de obligar a Grecia a pagarlo no parece realista. Merkel y Schäuble dan el tono a la política europea, dijo Vergopoulos. “Una política basada en la ley de la estupidez, como dicen los grandes diarios norteamericanos. Alemania pretende hoy crear un imperio económico sin pagar un costo mínimo. Es un sueño irrealizable”, opinó.

El intento de ahogar la rebelión griega contra el plan de austeridad podría tener consecuencias nefastas, como han advertido dirigentes de las más diversas tendencias, comenzando por el propio presidente estadounidense Barack Obama, quien utilizó un lenguaje muy parecido al de Tsipras y su Ministro de Finanzas, en una entrevista con CNN. “No puedes seguir machacando a un país que se hunde en una depresión. La población griega lo está pasando muy mal”, advirtió.

El ministro de Economía británico, el conservador George Osborne, estimó que la disputa entre el gobierno de Grecia y la Unión Europea sobre el futuro de la deuda griega representa “una amenaza para la economía mundial”.

Algo similar dijo el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, citado por la prensa europea, quien estimó que si los mercados ven la unión monetaria, en torno al euro en problemas graves, “las dudas sobre la falta de solvencia de un país podría propagarse rápidamente a los demás Estados miembros”.

Lo cierto es que, más que el destino de la deuda, en Grecia está en juego una política cuyo objetivo se centra no tanto en la austeridad, sino en la insaciable voracidad de los acreedores, cuya base ha sido, en Europa y en América Latina, la privatización y los recortes de las garantías sociales.

Como dijo Tsipras, el colapso de ingresos provocó la ruina de miles de empresas en su país, “reforzando el poder oligopólico de las grandes firmas supervivientes”.

Es en esa voracidad donde está el secreto de la crisis financiera actual; en la decisión de Tsipras de poner fin a las políticas de ajuste, la mayor amenaza contra esos intereses.

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