Ministro de Agricultura de Brasil: Globalización acentuó la exclusión social

El australiano Marc Vaile presidió las reuniones del Grupo de Cairns. La 26ª reunión ministerial del Grupo de Cairns, realizada en San José la

El australiano Marc Vaile presidió las reuniones del Grupo de Cairns.

La 26ª reunión ministerial del Grupo de Cairns, realizada en San José la semana pasada, «es más importante de lo que se piensa», afirmó el ministro de Agricultura de Brasil, Roberto Rodrigues.

Se analizaron nuevas estrategias para avanzar en las negociaciones agrícolas multilaterales y Rodrigues advirtió sobre las graves consecuencias que tendría el fracaso de esas negociaciones.

Ministros y representantes del Grupo, que agrupa a 17 países de Asia, África y América Latina, todos interesados en la liberalización del comercio agrícola, lanzaron nuevas advertencias en San José, a los países desarrollados: no habrá progreso en las negociaciones comerciales si no se incluyen también los productos agrícolas.

Desde su creación, en 1986, el Grupo de Cairns ha luchado por poner el tema agrícola en la agenda multilateral de comercio. Su éxito ha sido relativo. En septiembre pasado, en vísperas de la fracasada reunión de Cancún, en la que se pretendía relanzar las negociaciones comerciales en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, afirmó que llegaba a ser indecoroso que más de 50 años después del surgimiento de las primeras normas para disciplinar el comercio internacional, los productos agrícolas, tan importantes para los países en desarrollo, permanecieran protegidos por excepciones, subsidios y barreras de todo orden».

En Cancún, el país anfitrión, México, presentó una propuesta de discusión que estuvo lejos de satisfacer a los miembros del Cairns. Por el contrario, enfatizaba regulaciones en materia de interés para los países desarrollados, incluyendo servicios y propiedad intelectual, pero no respondía a las exigencias del resto del mundo, para eliminar las distorsiones en el comercio de productos agrícolas. El resultado fue el fracaso de la reunión de Cancún. Desde entonces, se realizan esfuerzos para reencauzar la nueva fase de negociaciones, conocida como Ronda de Doha.

DEMOCRACIA Y PAZ

Los países desarrollados dicen estar dispuestos a eliminar los subsidios a sus productores agrícolas, pero, en la práctica, siempre lo condicionan a lo que hagan otros.

Se trata de dos tipos de subsidios: a las exportaciones y a la producción interna. Sobre los primeros todos coinciden en que se debe eliminarlos rápidamente. Y si bien se ha avanzado algo, todavía están allí. El Secretario de Comercio de los Estados Unidos, Robert Zoellick, que se reunió el 25 febrero con los ministros de Cairns, minimizó la importancia de ese tipo de subsidios en su país, comparados, dijo, con los dos o tres mil millones de dólares otorgados por la Unión Europea.

En realidad, todo el discurso de Washington en esta materia está vinculado a lo que hagan europeos o japoneses. Zoellick reiteró que su país está en contra de todos estos subsidios, pero que solo los eliminará en la medida en que los hagan sus competidores. Para algunos países de Cairns, esa posición no es aceptable y representa solo una forma de postergar cualquier avance.

Pero el verdadero problema son los segundos, las diversas formas de subsidios a la producción, disfrazados de muchas maneras, desde créditos subsidiados hasta precios básicos de sustentación. Los países ricos siguen gastando cerca de mil millones de dólares diarios en apoyo a sus agricultores, afirmó el Grupo de Cairns.

Las consecuencias de ese financiamiento pueden ser devastadoras para los productores de los países pobres.

El ministro brasileño dijo, en la conferencia de prensa al concluir la reunión, que el mundo enfrentaba un problema, como consecuencia del modelo de apertura que se ha impulsado: la exclusión social y la concentración de la riqueza.

Ya en septiembre pasado, en vísperas de la reunión de Cancún, el canciller Amorin había dicho que era »fundamental mantener la cuestión del desarrollo al frente de las negociaciones», es decir, el interés de los más pobres. Pero no es eso lo que ha ocurrido, sino todo lo contrario. De los miles de millones en subsidios otorgados por los países desarrollados, sobre todo por Estados Unidos, un 60% va para las grandes corporaciones. Todo el proceso termina por sacar del mercado a los productores de los países más pobres, sumiéndolos más en la pobreza.

No parece posible eliminar los subsidios internos. Zoellick habló de reducirlos de $19 mil millones a $10,5 mil millones al año. Los países ricos quieren negociar esa reducción a cambio de concesiones en áreas que son de su interés, como la de servicios, o de propiedad intelectual, donde presionan en las negociaciones para obtener nuevas y mayores ventajas.

Rodrigues salió al paso de estos argumentos. «La lógica de esta negociación no llega todavía a los Estados Unidos», afirmó. «Lo que les ofrecemos a cambio de la eliminación de subsidios es paz y democracia. Ellos parecen olvidarse del 11 de septiembre», agregó.

La propuesta incluye también un tratamiento diferenciado para los productos de los países más pobres, de modo que puedan entrar en los mercados del primer mundo sin aranceles.

NUEVA ESTRATEGIA

En San José, el Grupo de Cairns pasó revista a la situación internacional. Brasil trajo un cuestionario muy detallado, para que cada uno de los países miembros diera su opinión sobre estos cambios y sobre la situación actual de cara a una nueva ronda de negociaciones. Ese cuestionario será contestado en los próximos meses. La idea es que, en agosto, se tenga una nueva propuesta de negociación.

En San José se acordó una estrategia renovada. Hacia adentro del Grupo, se trata de aclarar y consolidar posiciones, así como de acercarse al G-20, grupo de países del tercer mundo impulsado por Brasil, al que se integró durante unos meses Costa Rica, hasta que decidió retirarse. Pero el G-20, ahora integrado por 19 países, sigue activo y esta semana se reúne en Caracas.

El otro aspecto de la estrategia definida en San José es la de llevar un mensaje claro a la opinión pública de los países desarrollados, sobre las consecuencias de los subsidios en materia de seguridad alimentaria de los países pobres y los efectos sobre el ambiente.

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