Moscú responde con cautela a referéndum separatista en Ucrania

En Donetsk, una de las regiones en donde el separatismo ucraniano tiene mayor apoyo, las milicias antagonistas de Moscú patrullan armadas calles y caminos.

En Donetsk, una de las regiones en donde el separatismo ucraniano tiene mayor apoyo, las milicias antagonistas de Moscú patrullan armadas calles y caminos. (Foto: DPA)

A primera vista, el referéndum celebrado el domingo en Ucrania –para decidir una escisión de Kiev– puede parecer un éxito triunfal para las autoproclamadas «repúblicas populares» de Donetsk y Lugansk y las fuerzas prorrusas en los territorios del este parecían bastante solas un día después de la consulta popular.

El Kremlin manifestó su valoración de los resultados: Moscú respeta los resultados que muestran un apoyo de hasta el 96% a la escisión. Pero, ¿reconocimiento? Incluso el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, evitó esa palabra, en un signo de que quizá Rusia no quiera volver a cambiar las fronteras en Europa, al contrario de lo que hizo en el caso de la península de Crimea.

Y aún hay que esperar a ver cómo reaccionar a la recién proclamada independencia de Donetsk, que pidió además una anexión al territorio ruso.

Más bien, el presidente ruso, Vladimir Putin, está utilizando el referéndum para quitarse de encima a la cúpula proeuropea de Kiev y también a Occidente. El este de Ucrania sigue siendo un problema, “Rusia quiere mostrar a Occidente que la cuestión ucraniana nunca se podrá decidir sin Moscú”, analiza el politólogo Alexei Arbatov.

El Kremlin reaccionó a los resultados pidiendo un “diálogo civilizado” de los opositores ucranianos y de Kiev, lo que supone en la práctica un llamamiento a la unión a favor de una federalización más amplia y una autonomía más fuerte del este de Ucrania, de forma que Rusia pueda mantener su influencia en el este de la exrepública soviética.

Los expertos en Moscú destacan que Rusia no puede reconocer en estos momentos las “Repúblicas Populares” de Ucrania.

Incluso la semana pasada el propio Putin llamó a postergar los controvertidos referendos, destaca el politólogo Alexei Malashenko. “El Presidente no puede cambiar su opinión pública tan rápido”, dijo el experto en declaraciones al diario Novyie Isvestiya.

Además, Rusia podría enfrentar sanciones más duras de la Unión Europea, por no hablar de lo que le costaría a Moscú revivir la economía de la región carbonífera ucraniana de Donbás, similar a la de la era soviética.

A ello se suma la anarquía cada vez más extendida sobre todo en Lugansk, apuntan los analistas, donde hombres armados en uniformes de camuflaje campan a sus anchas y, por ejemplo, algunos bandidos con armas roban automóviles de forma sistemática.

En Kiev, el Gobierno prooccidental está intentando ignorar todo lo que puede el ánimo separatista. La comisión electoral central en la capital Kiev ya ha dicho que los «acontecimientos» no tendrán consecuencias legales de ningún tipo, pues no reconocen la legalidad de la consulta. «De facto no ha tenido lugar ningún referéndum», dijo Serguei Pashinski, jefe de la administración presidencial.

El Gobierno parece agarrarse con fuerza a la esperanza de que las elecciones presidenciales del 25 de mayo estabilicen la situación; Occidente también asegura que no hay alternativa a esa cita electoral. Sin embargo, es muy cuestionable que las elecciones puedan celebrarse en todo el país.

Otro problema: el Gobierno ha perdido el control en amplias partes de Donetsk y Lugansk. Allí continúa la denominada “operación antiterrorista” de Kiev, contra las fuerzas prorrusas, que provoca el desprecio de la población del este a la que llaman “La junta de Kiev”.

Desde hace tiempo, influyentes representantes –como el gobernador de Donetsk, Serguei Taruta, nombrado por Kiev, o el millonario oligarca Rinat Achmetov– piden el fin de la violencia. A Kiev se le acaba el tiempo, advierte el politólogo Vadim Karassyov.

“Las ‘Repúblicas Populares’ están amenazando con formar órganos de gobierno, Kiev debe frenar ese proceso. La violencia debe frenarse con rápidas concesiones y acuerdos. «En caso contrario, Kiev perderá de verdad la región», considera el analista.

Los expertos destacan principalmente que un reconocimiento ruso de Donetsk y Lugansk penderá en el futuro sobre la crisis como una espada de Damocles: con cada día que pasa durante el que las fuerzas prorrusas mantengan el control de la región separatista, el futuro de una Ucrania unida parece cada vez más improbable. Incluso, los separatistas ya tienen pensado un nombre para su nuevo Estado: Nueva Rusia.

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