Nicolás Maduro, en plaza pública: “El fascismo es una infección de la política venezolana”

Las protestas en Venezuela han sido una constante en los últimos días, ya sean a favor o en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Las protestas en Venezuela han sido una constante en los últimos días, ya sean a favor o en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

En Venezuela “hay plena libertad para hacer política”, aseguró el presidente Nicolás Maduro el pasado martes 18 de febrero, cuando, en las calles de Venezuela, se mantenían las protestas y la tensión provocadas por un nuevo intento de la oposición de deponer el Gobierno.

Maduro habló largamente en un acto público, ante miles de seguidores. Lo volvería a hacer el día siguiente, en una transmisión televisiva que enlazó con diversas partes del país, hacia donde se habían desplazado ministros y otros funcionarios para hacer frente a los desafíos planteados por la manifestación opositora.

Quizás en ningún acto se tocó tema más sensible que en la transmisión desde San Cristóbal, capital del Táchira, en los Andes venezolanos, frontera con Colombia. Ahí se denunció vínculos de la oposición con grupos paramilitares y sectores conservadores colombianos, que le dan una delicada dimensión internacional al conflicto.

El martes ya Maduro se había dirigido en duros términos al presidente colombiano, Juan Manuel Santos. “¿Me va a venir a dar lecciones a mí de democracia el presidente Santos, cuando yo lo que estoy haciendo es defender a Venezuela, el derecho a la paz de Venezuela y lo voy a defender con toda la fuerza de nuestro pueblo? —se preguntó—

¿Qué haría el presidente Santos si alguien anunciara que va a marchar hacia el Palacio de Nariño para hacerse con el poder? ¿Se iría y se los entregaría?”, agregó al recordar que unos 300.000 colombianos han muerto en los conflictos armados en ese país en los últimos 20 años.

Más que la de Santos, es la mano de su antecesor, Álvaro Uribe, la que se asoma en apoyo a Leopoldo López, del partido “Voluntad Popular” y quien ahora encabeza las protestas.

UN POCO DE HISTORIA

Imposible no comparar la situación venezolana con la de Chile en 1973. Hace menos de tres meses, el pasado 8 de diciembre, se celebraron elecciones municipales en Venezuela. La oposición se lo planteó como un plebiscito. El resultado fue 55% a favor del Gobierno.

Como las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 en Chile −cuando la oposición dijo que la única salida sería un golpe si, en medio de la crisis y del desabastecimiento, la Unidad Popular (UP) sacaba más del 40% de los votos−. La UP sacó 44%. Seis meses después, logró arrastrar a los militares a un golpe en el que derrocaron a Allende.

Ambas situaciones se parecen en el desabastecimiento y en la creciente violencia en las calles. Sin embargo, el mundo ha cambiado. Las posibilidades políticas de quienes inspiraban en 1973 el golpe de Estado en Chile están hoy mucho más reducidas.

Quizás en ninguna otra parte se anunció con más claridad el cambio de estrategia de la derecha venezolana que en la entrevista del diario El Universal al líder de las protestas actuales, Leopoldo López, dos semanas después de la derrota en las elecciones municipales del 8 de diciembre.

En la entrevista (http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/131223/entramos-en-otro-tablero-de-la-lucha-politica-y-social), López decía: «Nada cambió del 7 al 9 de diciembre. Sigue siendo un Estado delincuente, profundamente antidemocrático, corrupto, ineficiente. La gran discusión ahora es qué hacer con esa realidad, en la que salimos de un ciclo electoral, pero estamos en una relación Estado-nación que amerita asumir una posición política en torno al mantenimiento del régimen que está gobernando en Venezuela».

Lo arrevesado de la frase apenas oculta la intención. “Lo que expresó el resultado electoral –agregó López– no es lo que expresa la opinión de 7 de cada 10 venezolanos que están de acuerdo con que debe haber un cambio […] No podemos tomar los resultados del 8 de diciembre ni los del 14 de abril sin cuestionar un sistema profundamente injusto, que no da la fotografía de lo que es la conciencia nacional”.

Ya, entonces, López se desmarcaba de la dirección de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que había llevado a Enrique Capriles a disputar la presidencia de la república con Maduro, en abril: “Nosotros ya dejamos atrás el terreno de la política mediática por la vía de los hechos y entramos en un tablero distinto de lucha política y social, que tiene que ver con la calle […] el problema no está concentrado en el Ejecutivo nacional ni en Nicolás Maduro, sino que hay un problema sistémico”, afirmó López.

La grabación de una conversación telefónica entre dos importantes dirigentes opositores −el exembajador Fernando Gerbasí y Mario Carratú, vicealmirante retirado, jefe de la Casa Militar durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, actualmente refugiado en Miami−, difundida por una radio venezolana el 11 de febrero, desnuda el modelo operativo. Gerbasí le informa en la conversación a Carratú sobre una nueva asonada en la cual habrá muertos (hubo tres ese día). Cuando la grabación se hizo pública, ambos la desmintieron en sus cuentas de Twitter.

Otra grabación hablaba de que había lo equivalente a $20 millones para montar las protestas, operativos de grupos armados en el país y una vasta campaña internacional de apoyo a la oposición.

EN JUEGO

Lo que está en juego es el destino del proceso político iniciado por Hugo Chávez, hace ya 15 años. Como en Chile, donde la reforma agraria y la nacionalización del cobre desataron las tensiones políticas, en Venezuela la nacionalización de la industria petrolera, después de la paralización del sector y del intento de golpe a fines del 2002 y principios del 2003, afectó enormes intereses. En Chile, lo primero que el golpe militar revirtió fue esa nacionalización, se volvió a privatizar el cobre.

Para destacar la importancia del tema, Maduro propuso nombrar la faja petrolera del Orinoco, uno de los mayores yacimientos petroleros del mundo, como “Faja petrolera Hugo Chávez”.

Cerca de 95% de los ingresos de divisas en Venezuela provienen de la venta de petróleo, pero la producción de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha descendido de 3,5 millones de barriles diarios a menos de 2,2 desde 1999; una baja que se ha compensando con el alza de los precios internacionales.

Son, precisamente, los problemas económicos los que alimentan las protestas de la oposición en las calles. Las limitaciones impuestas por el modelo rentístico petrolero son evidentes, afirma un analista.

“Gran parte de los recursos entrantes en Venezuela han servido para pagar importaciones que sostuvieran el alto consumo privado y para financiar misiones sociales de gran impacto”, explica otro.

En un artículo en economiacritica.net, Juan Barredo afirma que “el necesario pero ineficiente control de capitales instaurado desde entonces, parece estar subvencionando la fuga de capitales, en divisas, por parte de una mafia defraudadora”.

“En los últimos 10 años –agrega– la fuga de capitales en el país ha superado la de todo el periodo 1970-2000 y que, a pesar del control de capitales (o gracias a él), es la economía nacional de la región con mayor desvío privado de activos al extranjero”.

A su parecer, “la inmensa parte de los desvíos de capital se hacen por medio de operaciones comerciales: el Estado se deshace de divisas para pagar supuestas importaciones privadas, que en realidad son desvíos de capitales al extranjero”.

Lo cierto es que Venezuela sufre una alta presión inflacionaria (cerca de 55% el año pasado) y, sobre todo, una escasez de productos que (como en Chile en los años 70) genera enorme descontento entre la población, obligada a hacer filas para conseguir los más diversos productos de uso diario.

Sobre esa base, la oposición se ha lanzado a la calle. ¿Con qué objetivo? Por lo menos con el de hacer ingobernable el país y crear las condiciones para, en un eventual referendo revocatorio de medio periodo, poner fin al gobierno de Maduro. Pero no hay que descartar que la creciente violencia termine por crear fisuras en las fuerzas armadas, que permitan otra salida a sus intentos de derrocar el Gobierno.

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