“¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas?”

Para el presidente ruso Vladimir Putin, no hay garantías de que el sistema de seguridad global y regional existente pueda proteger de graves turbulencias.

Para el presidente ruso Vladimir Putin, no hay garantías de que el sistema de seguridad global y regional existente pueda proteger de graves turbulencias. (Foto: tomada de www.news.com.au)

La idea no es del presidente ruso, Vladimir Putin: ¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas? En realidad, ese fue el tema del XI Encuentro Internacional de Valdai, una asociación creada en el 2004 que reúne a políticos, intelectuales y gobernantes. El objetivo del grupo –que tomó su nombre del lago ruso Valdai– es promover el diálogo entre la élite intelectual rusa y la internacional. Se reúne todos los años para analizar los acontecimientos políticos, económicos y sociales que afectan al país y al mundo.

Fue ahí donde habló Putin, en la sesión plenaria final, el pasado 24 de octubre. Habló sobre la visión de su país ante los desafíos que enfrenta el actual orden mundial y advirtió: “Voy a hablar clara y sinceramente”. ¡Y lo hizo!

“¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas? Esta formulación –dijo Putin– describe muy exactamente el histórico punto de inflexión en que nos encontramos y la elección que todos tendremos que hacer”.

El presidente ruso pasó, entonces, a analizar los cambios en el orden mundial desde el fin de la Guerra Fría.

“La solidez de este sistema se basaba no solo en el balance de fuerzas y en el derecho de los vencedores, sino también en que los ‘padres fundadores’ de este sistema de seguridad se relacionaban respetuosamente unos con otros. No intentaban apretar o aplastar a los otros, sino que trataban de llegar a acuerdos”, dijo Putin.

Hoy, en su criterio, no hay garantías de que el sistema de seguridad global y regional existente “pueda protegernos de graves turbulencias”.

En el contexto de dominio de un solo país y sus aliados (que Putin califica de “satélites”), “la búsqueda de soluciones globales se ha convertido muy a menudo en una tentativa de imponer sus propias recetas universales. Las ambiciones de este grupo han crecido tanto que las políticas que ellos acuerdan en los corredores del poder, las presentan como si fueran la opinión de toda la comunidad internacional. Pero eso no es así”.

“Las normas jurídicas han sido sustituidas por interpretaciones arbitrarias y valoraciones sesgadas. El propio concepto de ‘soberanía nacional’ para la mayoría de los países se ha convertido en algo relativo”, agregó.

Putin advirtió contra la tentación de tomar los mecanismos de pesos y contrapesos construidos después de la II Guerra Mundial y destruirlos, “sin construir algo en su lugar”. En tal caso, “no habría instrumentos, salvo la fuerza bruta”.

“Estados Unidos, que se ha declarado a sí mismo vencedor de la Guerra Fría, ha pensado que no había ninguna necesidad de ello. En lugar de establecer un nuevo balance de poder, condición indispensable del orden y estabilidad, al contrario, ha dado pasos que han llevado el sistema a una aguda y profunda desestabilización”.

Putin lamentó que el fin de la Guerra Fría no haya sido sancionado con una “declaración de paz”. Los vencedores de esa “guerra” decidieron “presionar los eventos y rediseñar el mundo, de tal suerte que sirviera para satisfacer sus necesidades e intereses. Y si el sistema existente de relaciones internacionales, el derecho internacional y los pesos y contrapesos en operación entorpecían el logro de estos objetivos, entonces el sistema era denunciado como inválido y anticuado y promovían su inmediata demolición”.

“¿Puede ser que la excepcionalidad de los Estados Unidos, tal y como ellos ejercen su liderazgo, sea realmente una bendición para todos nosotros, y que su continua injerencia en los asuntos de todo el mundo esté trayendo paz, prosperidad, progreso, crecimiento, democracia y simplemente tengamos que relajarnos y gozar?”, se preguntó Putin.

Su respuesta fue: “Me permito decir que no, que absolutamente este no es el caso. El dictado unilateral y la imposición de los propios modelos produce el efecto contrario, en vez de solucionar los conflictos, estos escalan en intensidad; en vez de Estados soberanos y estables, vemos la creciente diseminación del caos; en vez de democracia, el apoyo a un muy dudoso grupo que va desde neofascistas hasta el radicalismo islámico.

Se refirió luego a la situación de Ucrania, o a una renovada carrera armamentista, para terminar sugiriendo que “el camino lógico para salir de esta situación es la cooperación entre naciones y sociedades, buscando respuestas colectivas a los múltiples desafíos y una gestión común en el manejo de los riesgos”.

DEBATE EN EE. UU.

El debate sobre el nuevo orden internacional se expresó también en Estados Unidos, luego de la reciente publicación de World Order, el nuevo libro de Henry Kissinger, exsecretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional en los gobiernos de Nixon y Ford, entre 1973 y 1977.

Ahí vuelve sobre sus viejas ideas, a la aspiración de un orden mundial basado en un equilibro de poder entre los Estados, aplicable a todo el mundo.

En medio de un debate académico sobre las llamadas posiciones “idealistas” y “realistas” en política exterior, Kissinger afirma que la convicción de los “idealistas” (de que los principios de los Estados Unidos son universales) “introdujo un elemento desafiante en el sistema internacional, pues implica que los gobiernos que no los practican no están plenamente legitimados”.

El centro de la discusión está en un argumento que Kissinger va a buscar en una cita muy repetida de Jefferson: “Es imposible no ser sensible al hecho de que nosotros actuamos en nombre de toda la humanidad; estas circunstancias, negadas a otros, pero otorgadas a nosotros, nos impone la tarea de demostrar cuál es el grado de libertad y autogobierno en el que una sociedad puede permitir a sus miembros vivir”. Ahí, en opinión de Kissinger, comenzaron los problemas.

Salta entonces a la palestra Anne-Marie Slaughter, presidenta de New America y exdirectora de planificación política del Departamento de Estado, entre 2009 y 2011.

Ella discrepa de Kissinger, pues, en su opinión, la Declaración de Independencia de Estados Unidos no habla, para nada, de igualdad entre los Estados, sino entre todos los seres humanos.

Se refiere también a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “No se trata –dice– de una adaptación de los principios norteamericanos al resto del mundo, sino una declaración de principios universales”. Esos serían los mismos principios que Jefferson y otros filósofos de la Ilustración y líderes habían adoptado como propios muchos años antes.

Kissinger y Slaughter discuten sobre el respeto a lo que consideran como valores universales, que deberían ser aceptados tanto en el país como en el mundo. “Todos nuestros presidentes, aunque Obama no tanto –dice Kissinger–, han proclamado la relevancia de los principios norteamericanos para todo el mundo”.

Slaughter discrepa de la referencia a Obama y cita un importante discurso pronunciado por el presidente en la academia militar de West Point en mayo pasado, donde reafirmó su creencia en la condición excepcional de Estados Unidos: “Nuestra disposición a actuar en nombre de la dignidad humana” sería un factor fundamental del liderazgo de Estados Unidos, según Obama.

El debate es largo y sutil: Kissinger no cree que la política exterior es sobre la gente, sino en un sentido muy abstracto, afirma Slaughter; Kissinger, y virtualmente todos los expertos tradicionales en política exterior, ven un mundo de Estados. Pero lo que el siglo XXI necesita, en su opinión, es “un orden global, aceptable no solo por los Estados, sino también por la mayoría de los pueblos del mundo”.

¿Cómo se construye ese orden? ¿Quién habla en nombre de esos pueblos?

Como dice Putin: “Aquellos que organizan más y más ‘revoluciones de colores’ se consideran a sí mismos unos ‘artistas geniales’ y no pueden parar”.

Kissinger concluye, por su parte, en su libro: “La reconstrucción del orden internacional es el desafío más importante del arte de gobernar de nuestra época”.

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