Obama deberá desafiar la crisis más grave del capitalismo

Paul Krugman, el último premio Nobel de Economía, pidió, el día siguiente, en un artículo publicado en el New York Times, una investigación sobre

Un suspiro de alivio pareció recorrer el mundo cuando, a las 12h00 del martes 20, terminó en Washington el mandato de uno de los presidentes más desprestigiados del mundo: George Bush, hijo.

Paul Krugman, el último premio Nobel de Economía, pidió, el día siguiente, en un artículo publicado en el New York Times, una investigación sobre los delitos cometidos durante su administración.

“Seamos claros en cuanto a lo que estamos hablando aquí. No es sólo la tortura o la intervención telefónica ilegal, cuyos perpetradores afirman, en forma inadmisible, haber sido patriotas que actuaban para defender la seguridad de la nación. Lo cierto es que los abusos de la administración Bush abarcaron desde la política ambiental hasta el derecho al voto. Y la mayoría de los abusos implicaron el uso del poder del gobierno para recompensar a los amigos políticos y castigar a los enemigos políticos,” afirmó Krugman en su artículo.

Se trata de saldar cuenta con un pasado oprobioso que, al parecer, el nuevo presidente, Barack Obama, prefiere olvidar. Se trata de mirar al futuro, no al pasado, explicó el mandatario estadounidense.

Expectativas

El sucesor de Bush hereda los reclamos de justicia de quienes estiman que el mandatario saliente violó la Constitución y las leyes que juró defender. En la prensa internacional se multiplican los artículos enumerando los desafíos bien conocidos que deberá enfrentar la nueva administración.

“Las expectativas creadas a su alrededor son enormes. Se espera de él -y del joven equipo con el que va a trabajar- nada más y nada menos que un cambio de era, o, si se prefiere, de paradigma. ¿Qué significa eso? El fin del ‘capitalismo de casino’ financiero-especulativo y un nuevo modelo económico y social que suponga el regreso a ciertos valores éticos y a la defensa del servicio público y del Estado de Derecho, dentro del más estricto respeto por los derechos humanos”, afirmó el exprimer ministro y expresidente portugués, Mario Soares, que encabezó la resistencia a la “Rebelión de los claveles”, cuando Portugal giraba a la izquierda después de la dictadura de Salazar.

Y todo esto ocurre “cuando Norteamérica se encuentra en el epicentro de la crisis más grave que jamás ha vivido el capitalismo”, agregó.

La duda que expresan los más diversos economistas es: ¿esta crisis tiene salida a corto plazo y sin reformas profundas?

Una vez asumido el cargo por Obama, empiezan a conocerse detalles relacionados con los movimientos de la nueva administración.

El diario Clarín, de Buenos Aires, publicó, el mismo 20 de enero, una nota sobre un fugaz viaje del que hoy es el principal asesor económico de Obama, Larry Summers, exsecretario del Tesoro durante la administración de Clinton. Summers habló en la American Chamber de Buenos Aires, pero se reunió también, en privado, con un grupo de destacados economistas argentinos, a los que habría dicho que «el deterioro del ciclo de confianza es el problema más grave, porque si bien está en juego el bienestar económico de EE.UU. por muchos años, se ha perdido la credibilidad de un sistema que ha traído muchos beneficios a la humanidad».

Salidas

La búsqueda de salidas a la crisis parece conducir al fin de la llamada “revolución conservadora iniciada por el expresidente Ronald Regan en los años 80, de la que participó, de manera entusiasta, su colega británica, Margaret Thatcher.

La solución sería una especie de New Deal, la política adoptada por Franklin Roosevelt cuando asumió el poder, en 1933, para hacer frente a la otra crisis, la de los años 30.

“Los asesores de Obama revelaron la semana pasada que el presidente electo estuvo estudiando qué hizo Roosevelt en los cien primeros días de gobierno. Sin embargo, todo indica que el nuevo New Deal de Obama será una versión aggionarda del de Roosevelt”, escribió Ana Barón, la corresponsal de Clarín en Washington.

¿Será suficiente para detener la caída y poner la economía estadounidense y mundial de nuevo en la senda del crecimiento en un plazo razonable, de –digamos– un año?

Para Summers, no se puede comparar esta crisis con la del 30. «Durante la gran recesión el desempleo en los Estados Unidos fue de 25% y hoy los pronósticos más sombríos sólo aventuran un 9% de desocupación», afirmó.

Summers se manifestó, durante su visita a Argentina el año pasado, partidario de una masiva apuesta al gasto público para salir de una crisis que «la ciencia económica no puede determinar su profundidad», y que «nos da enormes dolores de cabeza porque pega en el sector productivo».

Otros desafíos

El senador brasileño, Cristovam Buarque, quien, hace algunos años, escribió un notable artículo explicando por qué su país era, y debía seguir siendo, en el actual contexto internacional, el único responsable por la protección de la amazonía, planteó a Obama diversos desafíos, en otro artículo publicado en el diario español El País.

Entre los cambios indispensables en las políticas de la Casa Blanca el senador brasileño destacó la necesaria preocupación por el ambiente y por la pobreza, así como la necesidad de que Washington abandonara lo que calificó de “postura de arrogancia imperialista que ha caracterizado a Estados Unidos desde finales del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX”.

O, como dijo el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulza, los latinoamericanos esperan «una relación en la que nadie trate de imponer sus términos y se busquen acuerdos y consensos. Más que un cambio de tema, es un cambio de estilo», aseguró.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, también ha reclamado un «cambio profundo» en las políticas de Estados Unidos en Latinoamérica, mientras su colega venezolano, Hugo Chávez, respondió, airado, a las acusaciones de Obama de que apoyaba las guerrillas de las FARC en Colombia: «Que nadie se haga aquí ilusiones, pues se trata del imperio norteamericano».

Cuba

Para América Latina, ningún tema parece más sensible que las medidas que la nueva administración norteamericana pueda adoptar en relación con Cuba. Obama ha oído, en todos los tonos, las voces que le sugieren poner fin al bloqueo a la isla, una medida que va a cumplir 50 años y que no ha contribuido a ninguno de los objetivos que los partidarios de la medida dicen promover.

«Es importante que Obama haga una señal a Cuba”, díjole presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Es importante que el bloqueo sea levantado para que Cuba pueda tener una vida normal como todos los países», expresó el mandatario brasileño.

La declaración fue hecha en momentos en que la presidente de Argentina, Cristina Fernández, visitaba La Habana, donde estaba cuando ocurrió el cambio de poder en Washington. De La Habana, Fernández voló a Caracas, en un periplo que pretendía enviar a Washington un mensaje más claro que las palabras.

En todo caso, la decisión de la mandataria argentina provocó reacciones en su propio país, donde sectores conservadores no dejaron de manifestar su preocupación por esas visitas, señalando que “la diplomacia Argentina ha sido una de las primeras en la región decidida a salir al cruce de la política exterior de Obama”, en la región.

Naturalmente, eso no es así, sino muestra los cambios en la realidad política del hemisferio, que deben ser tomadas en cuenta por al diplomacia norteamericana.

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