OEA perpleja ante ingobernabilidad

Perpleja ante la crisis de gobernabilidad que se acentúa en la región, la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) destacó la gravedad

Perpleja ante la crisis de gobernabilidad que se acentúa en la región, la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) destacó la gravedad de la situación económica, pero no atinó a sugerir alternativas para enfrentar el desafío.


El 10% más rico de los hogares percibe más del 30% del ingreso total (en Brasil supera el 45%), el 40% más pobre sólo se queda con el 10% del ingreso como promedio».

Como una cierta forma de esquizofrenia, definió un analista la situación por la que atraviesan los gobiernos del hemisferio, al aprobarse la semana pasada la «Declaración de Santiago», documento final de la Asamblea que la Organización de Estados Americanos (OEA) llevó a cabo en la capital chilena.

El anfitrión, el presidente Ricardo Lagos, no pudo expresar esto con mayor claridad en su discurso inaugural, donde se permitió decir que «sin políticas sociales adecuadas, sin instituciones que funcionen, el así denominado en su momento Consenso de Washington es impotente por sí mismo para dar cuenta de las tareas de hoy».

Con el nombre de Consenso de Washington se conoce una serie de medidas de reducción del gasto público, privatizaciones y apertura comercial que caracterizaron la política económica adoptada en la zona durante los últimos 25 años.


FRUSTRACIÓN

Los resultados de esa política fueron analizados en documentos que circularon durante la cita. El propio Secretario General da la OEA, el colombiano César Gaviria, se refirió al tema, en una conferencia en la que señaló que el «FMI actuó con un poco de indiferencia, con una visión nada más que técnica, tal como se vio reflejado en la crisis económica y social de ese país», refiriéndose a la situación de Argentina.

«Latinoamérica no pudo crecer económicamente y eso claramente genera un ambiente de ingobernabilidad, de desesperación y frustración», dijo Gaviria en su conferencia.

En un estudio preparado por el economista Claudio Fuentes y entregado a Gaviria en Santiago se señala que «la apertura y el crecimiento económico en el período 1990-1997 no tuvo efecto en la reducción de la pobreza», en la región. «Mientras que en 1980 el porcentaje de la población en situación de pobreza en América Latina era del 40%, hoy es cifra de 43 %», añade el documento.

Y ese crecimiento ha sido, en muchos casos, a costa del endeudamiento, no del aumento de la productividad. Como resultado de esas políticas, la deuda externa de los países de la región, ya insostenible en algunos casos, aumentó un 37% entre 1990 y 2002. Argentina, Brasil y Venezuela ocupan los primeros lugares en términos de incremento de esa deuda.

Pero no solo eso caracteriza la situación económica regional. El otro aspecto que destaca el estudio de Fuentes es la gravedad de las disparidades económicas entre los diferentes sectores: «Mientras, en promedio el 10% más rico de los hogares percibe más del 30% del ingreso total (en Brasil supera el 45%), el 40% más pobre sólo se queda con el 10% del ingreso como promedio, dice el informe.

En ese contexto, la afirmación de Lagos de que sin políticas sociales adecuadas el Consenso de Washington era «impotente» para resolver las disparidades de la región no puede más que llamar la atención. En realidad, un cuarto de siglo después es evidente que son precisamente las políticas del Consenso de Washington las que agravan la situación que la propia OEA constata.

Sin embargo, y pese a la evidencia de los hechos, al final el remedio parece del todo inapropiado para atender la enfermedad que los propios especialistas identifican.

La Declaración de Santiago afirma, al respecto, que la estabilidad y el desarrollo requieren de la superación de la pobreza y de la exclusión social, y de un «crecimiento económico con equidad», sin que se vislumbre recomendación alguna para un cambio de las políticas cuyos resultados están a la vista.

ESPACIO DE DIÁLOGO

Lagos planteó otro aspecto de las relaciones hemisféricas, al sugerir que la OEA puede constituirse en «un espacio privilegiado de diálogo» en la región. Y agregó: » En este foro están aquellos países que han alcanzado los más altos niveles de desarrollo, está la principal potencia política y militar del mundo contemporáneo, en buena hora (…) Podemos utilizar mucho más y mucho mejor este foro multilateral».

La historia y el resultado de la Asamblea misma no parecen sustentar la afirmación del mandatario chileno.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, «más inmerso en la agenda de seguridad de George W. Bush que en la relación con América latina», como lo señaló un comentarista del diario «La Nación», de Buenos Aires, de tendencia conservadora, planteó su propia agenda en la reunión, en la que se destaca: resguardar la seguridad, el respeto a los derechos humanos y fortalecer la democracia y el comercio en la región, además de continuar en la lucha contra el narcotráfico.

Powell llegó a Santiago interesado en recomponer los vínculos con Chile y México, después de la posición asumida por ambos países en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra la guerra en Irak, pero preocupado también con otros frentes.

Entre ellos, la situación en Colombia. La canciller de ese país, Carolina Barco, pidió apoyo a los países de la OEA para «desterrar de Colombia la violencia generada por el terrorismo y financiada por el narcotráfico».  Ese es un tema de particular interés también para Washington.

Otra iniciativa del Secretario Powell fue una rápida visita a Buenos Aires, donde hizo escala para reunirse con el nuevo presiente de ese país, Néstor Kirchner, luego de su paso por Santiago.

Después de la poco significativa delegación enviada por la Casa Blanca al traspaso de poderes en Argentina, encabezada por el Secretario de Vivienda, la escala de Powell en Buenos Aires debe ser vista como un intento por recomponer una relaciones que se enfriaron durante el periodo de crisis económica que vive Argentina. La derrota del expresidente Carlos Ménem, partidario de mantener «relaciones carnales» con Washington, no fue vista con agrado por la Casa Blanca, como tampoco lo es la iniciativa del nuevo mandatario de establecer relaciones privilegiadas con su colega brasileño, Luis Inácio Lula da Silva. De hecho, Kirchner partió hacia Brasil horas después de su encuentro con Powell, en un claro mensaje enviado con ese primer viaje suyo al extranjero después de asumir el poder.

De ese modo, la asamblea de la OEA, centrada en el tema de la gobernabilidad, volvió a contribuir al diagnóstico de los problemas, pero no parece actuar con la misma claridad en cuanto a las posibles soluciones, en un escenario político regional que sigue sometido a rápidos cambios.

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