OEA: Se acerca el fin de la “situación cubana” en la OEA

La XXXIX Asamblea General de la OEA, que se celebra los días 2 y 3 de junio en la ciudad hondureña de San Pedro

La frenética actividad diplomática desatada por la Organización de Estados Americanos (OEA) hace 50 años, a raíz del triunfo de la revolución cubana, podría llegar a su fin, con la creciente presión de los países miembros para revocar la resolución que, en enero de 1962, expulsó a Cuba del sistema interamericano.

La XXXIX Asamblea General de la OEA, que se celebra los días 2 y 3 de junio en la ciudad hondureña de San Pedro Sula, volverá a analizar la “situación cubana” pero, esta vez, para revisar la resolución de 1962, en la que un grupo importante de países, apoyado por el Secretario General, José Miguel Insulza, quiere dejar sin efecto.

En 1962, Estados Unidos tuvo que comprar el voto de Haití para lograr los 14 necesarios para expulsar a Cuba del sistema. Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México se abstuvieron. Dos años después, solo México se negó a romper relaciones con Cuba cuando otra reunión del Órgano de Consulta recomendó esa decisión, aunado a la suspensión del transporte marítimo y del intercambio comercial con la isla.

El escenario político de la región, 47 años después de la expulsión de la isla del sistema interamericano, es completamente distinto. Hoy, todos los países latinoamericanos y del Caribe mantienen relaciones diplomáticas con Cuba. Costa Rica, de cierto modo, fue el último país en restablecerla, pues solo lo hizo tras el anuncio hecho por el presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes, de normalizar las relaciones diplomáticas con la isla.

Y el bloqueo económico, impuesto unilateralmente por Estados Unidos contra Cuba, el cual viola las normas del sistema interamericano, solo cuenta con el apoyo de Israel y de alguna pequeña isla del Pacífico.

ANTECEDENTES

Desde que Panamá solicitó, en abril de 1959, una primera reunión del Órgano de Consulta de la OEA para analizar una denuncia contra Cuba, los países miembros montaron un escalada contra el gobierno de la isla que culminó con otra reunión de esa instancia.

La cita, que se realizó en la última semana de enero de 1962 en el balneario uruguayo de Punta del Este, resolvió que el carácter marxista-leninista declarado por el gobierno cubano era “incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano” y que el alineamiento de un gobierno “con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad del hemisferio”. Por ello fue excluida de dicho sistema.

En los considerandos de esa resolución se podía leer que, entre los propósitos y principios del Sistema Interamericano “están los del respeto a la libertad de la persona humana, la preservación de sus derechos y el pleno ejercicio de la democracia representativa…”

Ocho años antes Estados Unidos había organizado el golpe militar contra Jacobo Arbenz, en Guatemala. Solo un año antes, en 1961, Estados Unidos promovió una invasión a la isla, que fue derrotada en playa Girón. Imperaban en Centroamérica los regímenes dictatoriales, con los Somoza en Nicaragua y los militares en El Salvador.

Hacía menos de un año había sido asesinado el general Trujillo, en República Dominicana, y el país vivía un convulso período político que culminaría con la invasión norteamericana, en mayo de 1965.

En marzo de 1964, los militares había tomado el poder en Brasil, iniciando un largo período de dictaduras en América del Sur, hasta el golpe de 1973 que puso en el poder a los militares chilenos.

Ninguno de esos gobiernos fue suspendido de la OEA, ni sus actuaciones violatorias de las normas democráticas del Sistema Interamericano merecieron sanciones similares a las de Cuba.

LA ASAMBLEA

En la Asamblea de la OEA de San Pedro Sula se verá si los países que quieren poner fin a la resolución de 1962 tienen la fuerza necesaria para lograr su objetivo.

En vísperas de la reunión, Estados Unidos seguía intentando evitar una derrota. Su posición fue expresada con claridad por el secretario general adjunto de la OEA, Albert Ramdin, de nacionalidad norteamericana.

Los cancilleres «están todos de acuerdo», en que es necesario eliminar la resolución de 1962. «La dificultad está en cómo hacerlo», agregó. «Algunos creen que la resolución debería revocarse al final del proceso, otros al comienzo».

Naturalmente, pretender que la revocatoria sea el resultado de un proceso en el que Cuba tenga que aceptar las condiciones de Estados Unidos sería reconocer que la medida nunca será revocada.

Los países que quieren que la decisión se tome ya –entre ellos Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Honduras– se enfrentan al hecho de que ese tipo de resoluciones se adopta normalmente en la OEA por consenso, algo que parece difícil en este caso. La alternativa sería llevarlo a una votación o dejar la decisión para otro momento, lo que sería una victoria de quienes se oponen al levantamiento de las sanciones.

EL DEBATE

Si bien, según el criterio de Ramdin, Cuba podría volver a ocupar su asiento en la organización en el momento en que se anule la resolución de 1962, el gobierno cubano ha reiterado que no volverá a la OEA. De modo que ese problema parece resuelto.

Pero hay otro, que algunos consideran todavía más importante. “Por lo visto, los Estados Unidos no quieren que en Cuba haya democracia, sino imponer su democracia; una democracia al estilo americano. Unas libertades al estilo americano, una justicia y unos derechos humanos Made in USA. De ese modo, con Cuba sabemos que no van a conseguir nada”, escribió el escritor y periodista de origen cubano, Ogsmande Lescayllers, residente en España.

El carácter “marxista-leninista” de un régimen, que en 1962 lo hacía incompatible con el sistema interamericano, fue sustituido, en el 2001, por el modelo establecido en la Carta Democrática Interamericana, incompatible con el régimen cubano. La exigencia de que Cuba adapte su régimen político a las normas de esa Carta solo reproduce el mismo mecanismo, aunque el pretexto para la exclusión ahora sea otro.

Para evitar de que la OEA resuelva contra el punto de vista de Washington, surgieron renovadas presiones en el Congreso, amenazando con suspender el financiamiento norteamericano a la organización.

El senador demócrata por New Jersey, Bob Menéndez, de origen cubano y vinculado a los electores más conservadores del exilio, amenazó con proponer la suspensión del pago de la cuota anual de manutención de la OEA. Dado que Estados Unidos paga cerca de 60% de ese presupuesto, eso pondría en graves dificultades a la organización.

En realidad, ese 60% de un presupuesto relativamente modesto es un precio bajo para la importancia de los servicios que la institución ha prestado a los intereses de Washington, diferente al de los demás países miembros. La amenaza del senador Menéndez no parece, por eso mismo, capaz actualmente de cambiar muchos votos en la Asamblea.

Para que no quedara duda, el presidente del país anfitrión, Manuel Zelaya, afirmó en conferencia de prensa, junto a su colega ecuatoriano, Rafael Correa, pocas horas antes de inaugurarse la Asamblea, que “la primera rectificación sabia y humilde de la OEA debe ser derogar la sanción a Cuba, injusta puesto que es desde hace cuatro décadas, y se debe quitar sin condiciones».
Correa, por su parte, añadió: «No tengo muchas expectativas de la Asamblea, la OEA perdió su razón de ser, quizás nunca la tuvo».

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