Palestinos e israelíes negocian en un Medio Oriente incendiado

El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry dio una conferencia de prensa junto a la ministra de Justicia y jefa negociadora israelí, Tzipi

El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry dio una conferencia de prensa junto a la ministra de Justicia y jefa negociadora israelí, Tzipi Livni, y el negociador de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Saeb Erekat, el  pasado 30 de julio en Washington.

El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, anunció la semana pasada el inicio de nuevas negociaciones de paz entre palestinos e israelíes, en un Medio Oriente convulsionado por la búsqueda de un nuevo orden político.

Desestabilizado Irak después de la invasión norteamericana hace más de una década, la escalada de violencia alcanzó nuevos máximos en julio en ese país, cuando poco más de mil personas, incluyendo policías, fueron asesinadas. Fue el mes más violento en los últimos cinco años, en una escalada que muestra la gran inestabilidad provocada por el conflicto.

El conflicto sirio, en pleno desarrollo, con más de 100.000 muertos y millones de desplazados, de acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, es la expresión más sangrienta de la enorme conmoción que afecta el Oriente Medio.

 

Es en ese ambiente que Kerry anunció el reinicio de las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes. Luego de dos días de conversaciones preliminares, el secretario de Estado norteamericano rechazó las notas de pesimismo que ponen en duda la posibilidad de encontrar una solución a la “guerra perpetua” entre árabes e israelíes.

 

La movida de la Casa Blanca parece un intento por darle una salida a la creciente presión en la olla del Medio Oriente, cuyo estallido tendría consecuencias imprevisibles para la política mundial.

REBELIÓN CONTINÚA

Poco a poco, lo que la propaganda periodística ha llamado la “primavera árabe” ha ido mostrando sus múltiples caras.

Quizás nada ha provocado mayor desconcierto entre los analistas que la crisis de Egipto, país clave en el equilibro establecido en la región después de las negociaciones de Camp David y de la firma de la paz con Israel en 1979.  El papel del ejército egipcio en la actual coyuntura ha obligado a los líderes occidentales a hacer verdaderos malabarismos diplomáticos para enfrentar la situación.

Lo primero era evitar calificar de “golpe de Estado” el derrocamiento del Gobierno de los Hermanos Musulmanes, encabezado por Mohamed Mursi, única forma de que el presidente Barack Obama no se viera obligado a aplicar sanciones y suspender la ayuda militar al ejército egipcio. De modo que las condenas a los abusos militares contra los manifestantes −que pedían la destitución del entonces presidente Hosni Mubarack− a fines del 2010 y principios del 2011, se transformaron ahora en moderados pedidos de calma.

El secretario de Estado opinó, el jueves pasado, que el ejército egipcio no tomó el control del país al derrocar al presidente, sino que ejecutó una “restauración de la democracia” en Egipto, malabarismo bien conocido en América Latina, donde los golpes militares se justificaron siempre con el mismo argumento.

Pero, afirman analistas norteamericanos, “véase como se vea, la destitución de la administración de los Hermanos Musulmanes de Mursi fue un clásico golpe de Estado”.

Lo cierto es que nada indica que volverá la paz al país. Mientras hablaba Kerry, en Egipto el Gobierno daba un nuevo ultimato a los Hermanos Musulmanes y estos reforzaban sus posiciones en sus campamentos, para resistir a lo que estiman podría ser un nuevo “baño de sangre”.

En cuanto a reformas económicas y sociales en ese contexto de violencia, “hay poca evidencia de cambios positivos para la vida de millones de árabes desde las insurrecciones del 2011”. En Egipto, la pobreza ha aumentando significativamente, y hoy cerca de 40 % de la población vive con menos $ 3 diarios.

El costo de la vida y el desempleo se han disparado en los demás países donde la primavera árabe ha sido “un fracaso total”, afirman analistas de estos procesos.

Libia “es escenario de asesinatos diarios, con el Gobierno incapaz de controlar los grupos armados compitiendo por poder e influencia. Abdelsalam Al Mismari, un influyente abogado que participó en el derrocamiento de Kadafi, fue asesinado con dos oficiales de seguridad en Bengazi, la cuna de la revolución libia, el viernes de la semana pasada”.

Los asesinatos también han provocado revueltas en Túnez. En febrero fue asesinado el líder opositor Chokri Belais, lo que provocó un estallido de ira y obligó a la renuncia del Gobierno.

Queda la dantesca situación siria, donde más de 100.000 personas ya perdieron la vida y millones han tenido que emigrar, sin que se vislumbre una salida a la guerra civil que está destruyendo el país.

EGIPTO E ISRAEL

Si bien las negociaciones de paz involucran a palestinos e israelíes, el factor “Egipto” pesa enormemente en esa ecuación. El acuerdo de paz que firmó con Israel en 1979 es la clave que explica el largo período sin conflicto armado entre ese país y los principales Estados árabes vecinos.

La base de ese acuerdo es el financiamiento que, desde entonces, Estados Unidos otorga al ejército egipcio para la compra de equipos como aviones y tanques, acompañado de asesoría y entrenamiento, y que hoy suma unos $ 1.300 millones anuales, lo que hace al ejército egipcio depender de sus socios norteamericanos.

Sin embargo, esto podría estar cambiando, según Zeinab Abul-Magd, profesora de historia del Oriente Medio en el Oberlin College de Ohio, Estados Unidos, para quien “la ayuda militar de Estados Unidos perdió valor significativamente en las tres últimas décadas”.

En un artículo publicado la semana pasada, Abul-Magd señala que bajo el mando de Abu Ghazala, en 1984, el presupuesto militar egipcio era de $ 1.800 millones, en un presupuesto estatal total de $ 15 mil millones. Entonces la ayuda estadounidense equivalía a más de un 70 % del presupuesto militar y a casi un 9 % del presupuesto estatal. Ahora, bajo la dirección del general Abd al-Fattah al-Sisi, el presupuesto militar es de casi $ 4.000 millones, con un presupuesto estatal total de cerca de $ 95.000 millones. O sea, esa ayuda representa solo el 30 % del presupuesto militar y 1,3 % del estatal.

Lo que es más importante, afirma, es que “los militares egipcios obtienen anualmente cientos de millones de dólares de ingresos fuera de presupuesto, gracias a su vasto imperio empresarial en el sector civil”. También han comprado armas a China y a Rusia.

Si eso es así, podría estar cambiando un factor clave en la estabilidad del Medio Oriente.

PAZ PALESTINO-ISRAELÍ

Es en ese contexto que se reúnen a negociar los representantes de Israel y Palestina, en medio de un escepticismo generalizado. La última ronda, hace tres años, fracasó al toparse con el tema de los asentamientos judíos en Cisjordania, en territorio árabe ocupado desde la guerra de 1967.

Esos asentamientos son ilegales, según los acuerdos internacionales. A fines de julio, por ejemplo, la Unión Europea decidió prohibir todo financiamiento a empresas israelíes establecidas en los territorios ocupados. De ese modo, pretende garantizar el respeto a sus posiciones y compromisos, de conformidad con el derecho internacional, en lo que se refiere al no reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los territorios ocupados desde junio de 1967.

Si bien las negociaciones entre palestinos e israelíes serán secretas, Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, ya dijo que cualquier acuerdo final debe contemplar la retirada civil y militar de Israel del territorio del futuro Estado palestino, lo que implica la entrega de los asentamientos que se han ido extendiendo sobre territorio árabe ocupado.

El futuro de Jerusalén –que las dos partes reivindican como su capital– y, sobre todo, el retorno de casi cinco millones de palestinos −hoy refugiados− a sus antiguas residencias en territorio israelí, son dos de los problemas más complejos por resolver.

Así las cosas, el retorno a la mesa de negociaciones parece responder más a las presiones de Estados Unidos, abrumado por cambios que amenazan todo el armazón político cuidadosamente levantado en el Oriente Medio y preocupado por recuperar su credibilidad en esa región, y no a verdaderos deseos de paz.

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