Proceso de paz gana impulso decisivo con triunfo de Santos en Colombia

Juan Manuel Santos logró el pasado domingo 15 de junio reelegirse como presidente de Colombia, tras derrotar en la segunda ronda a su oponente

altJuan Manuel Santos logró el pasado domingo 15 de junio reelegirse como presidente de Colombia, tras derrotar en la segunda ronda a su oponente Óscar Zuluaga, con una votación de 51% a 45%. (Foto: DPA)

El proceso de paz podría ganar un impulso decisivo con el triunfo del presidente Juan Manuel Santos en el segundo turno de las elecciones presidenciales el pasado domingo, que le otorgaron un segundo período de cuatro años al frente del Gobierno colombiano.

Santos logró revertir el resultado de la primera ronda, cuando perdió ante el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, representante de las posiciones más beligerantes del expresidente y senador electo Álvaro Uribe.

Cerca de 900 000 votos le dieron la victoria a Santos (51% a 45%), con una abstención que, si bien bajó del 60% a 52% entre el primer y el segundo turno, sigue siendo particularmente alta, “ganadora indiscutible de un sistema caduco”, según el analista Manuel Humberto Restrepo.

Dichas elecciones, en su opinión, representaron un “plebiscito entre la continuidad de la guerra −representada por la extrema derecha− y su finalización, representada por la derecha tradicional”.

Con las negociaciones de paz en pleno desarrollo en La Habana y con algunos logros importantes para mostrar, el triunfo de Santos probablemente acelerará el proceso para la firma de un acuerdo definitivo.

De ser así, un factor nuevo se introducirá en la política colombiana, marcada en los últimos 50 años por un largo conflicto armado.

DIFÍCIL CAMINO

La aplicación de cualquier acuerdo, sin embargo, no será fácil. Otros intentos de incorporar a la guerrilla a la vida política legal han terminado trágicos en el pasado, con el exterminio de sus representantes por las bandas paramilitares que operan en el país, las cuales creó e impulsó desde Antioquía el expresidente Uribe , como lo han demostrado diversas investigaciones hechas en Colombia.

Todavía se recuerda la entrevista que el mercenario israelí Yair Klein dio al diario colombiano El Espectador, publicada el 13 de noviembre del 2012, en la que decía: “El hacendado que se convirtió en presidente pagó por mis servicios”, que consistieron en preparar grupos paramilitares responsables de posteriores masacres en Colombia, principalmente en el campo.

Todos los analistas coinciden que en Colombia el tema de la paz fue el centro de la campaña. Pero, a partir de ahí, el análisis se complica.

“Todos los colombianos queremos la paz”, dijo a la BBC Rafael Guarín, antiguo viceministro de Defensa de Santos, que apoyó a Zuluaga en estas elecciones.

Lo que diferencia ambos proyectos es la forma de lograrlo. Zuluaga, que en la noche de su victoria inicial afirmó sentirse “orgulloso de haber sido el candidato del uribismo a la presidencia de Colombia”, agradeció a “los siete millones de colombianos que votaron por la recuperación de la política de seguridad democrática”, impulsada por el gobierno de Uribe, responsable −entre otras cosas− de los “falsos positivos” con los que el ejército mataba a campesinos para presentarlos como guerrilleros abatidos y cobrar, así, recompensas.

Zuluaga volvió a hablar de una paz negociada. Su candidato a la vicepresidencia, Carlos Holmes, y él mismo pusieron muy duras condiciones para cualquier participación política de las FARC en sus discursos pronunciados poco después de conocerse los resultados electorales definitivos.

Holmes defendió su punto de vista afirmando que “esta es una manifestación de voluntad que el Gobierno no puede desconocer”, refiriéndose a la votación del Centro Democrático.

“Zuluaga interpreta muy cercanamente la necesidad de una buena parte del electorado colombiano, que es la necesidad de vengar las atrocidades que han cometido las FARC”, dijo a la BBC el analista Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).

“Él ofrece esa respuesta vengativa, una paz que parte del castigo, en contraste con Juan Manuel Santos, quien ofrece una respuesta mucho más de reconciliación y de negociación”, dijo Restrepo.

Los analistas citados recuerdan también algo que no debe ser olvidado: si, bien, un acuerdo negociado entre las FARC y el uribismo podría ser solo un sueño, si se lograra daría más seguridades, pues en teoría debería incluir a los grupos paramilitares afines a este sector.

Un acuerdo entre Santos y las FARC podría ser desconocido por esos grupos y desatar un nuevo baño de sangre, que haría inviable la incorporación de los antiguos guerrilleros a la vida política legal en el país, afirman.

Lo cierto es que los partidarios de Santos celebraron el domingo con el grito de “Paz, paz, con paz se puede más”.

“No reconozco enemigos”, expresó Santos en su discurso de la victoria, en lo que pareció un puente tendido a los partidarios de Zuluaga.

“Esta no será una paz con impunidad, esta será una paz justa. Concluir las negociaciones no ha sido, no es, ni será fácil; siempre hay enemigos”, advirtió.

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