Resultados electorales en Centroamérica ratifican cambios políticos en la región

Los resultados obtenidos en las elecciones costarricenses por los Partidos Acción Ciudadana y Frente Amplio, llamó la atención de los analistas políticos internacionales. (Foto:

Los resultados obtenidos en las elecciones costarricenses por los Partidos Acción Ciudadana y Frente Amplio, llamó la atención de los analistas políticos internacionales. (Foto: Érika Mora)

Las elecciones en Costa Rica y El Salvador dieron inicio a un año en el que los electores además acudirán a las urnas en Panamá, Colombia, Bolivia, Brasil y Uruguay, para renovar tanto el poder ejecutivo como, en algunos casos, también el legislativo.

Esa intensa agenda electoral ha despertado reflexiones sobre los cambios políticos ocurridos en la región, orientados, en su mayoría, a poner fin a las políticas neoliberales que imperaron desde la década de los 80, sin que se pueda considerar que se haya definido ya un proyecto alternativo común a los diversos países de la región.

Las dos elecciones más recientes –tanto en El Salvador como en Costa Rica– parecen indicar esa orientación. Aunque ambas deberán definir todavía en una segunda ronda, quién alcanzará en definitiva la presidencia de la República, el Frente Farabundo Martí (FMLN) parece tener asegurada la victoria (quedó a un solo punto del 50% para ganar en primera vuelta). Del mismo modo, en Costa Rica el Partido Acción Ciudadana (PAC) y su candidato, Luis Guillermo Solís, parecen gozar de un cómodo favoritismo para la segunda vuelta, frente al oficialista Johnny Araya, del Partido Liberación Nacional.

En los dos casos, las fuerzas políticas más tradicionales cedieron paso a nuevas propuestas y aunque en ambos no se dibuje con claridad un modelo de futuro, el resultado parece indicar un agotamiento del que se venía desarrollando en la región.

INTERPRETACIONES

Las dos elecciones despertaron interés en la prensa internacional. La agencia argentina Telam afirmó que las elecciones llevadas a cabo en El Salvador y Costa Rica “muestran que el cambio de época que caracteriza a la región desde hace ya más de una década, vinculado con el ascenso de fuerzas progresistas y de izquierda, se sigue verificando, más allá de los augurios sobre el cierre de una época”.

Si bien las elecciones salvadoreñas despertaron mayores comentarios, esto parece deberse al escenario más conflictivo en que se desarrolla la política en ese país. La probable llegada al poder de una fuerza que hasta no hace mucho encabezaba una guerra de guerrillas, despierta diversas consideraciones.

Una es la profunda división política que vive el país, señalada en este comentario: “Aunque han pasado dos décadas desde el final de la guerra civil salvadoreña, el país centroamericano continúa dividido en dos mitades aparentemente irreconciliables. Esta polarización volvió a quedar en evidencia en los comicios presidenciales celebrados este domingo”.

Si bien el triunfo del FMLN se consolidó en parte por la división de la derecha al separarse del partido ARENA el expresidente Antonio Saca −que conformó una alianza electoral con la Democracia Cristiana y el Partido de Concertación Nacional (PCN)−, lo cierto es que esa división es un buen ejemplo del agotamiento del modelo que se venía aplicando en ese país, desde finales de la década de los 90.

Los análisis destacan también que la violencia de la guerra civil ha sido reemplazada por otro tipo de violencia.

“Desangrado por la guerra civil desatada en los años 80, El Salvador es hoy uno de los países más violentos del mundo, con un elevado índice de criminalidad urbana. Al mismo tiempo, su economía está debilitada por un magro crecimiento que ha condenado a la emigración a buena parte de su población”. Ambos problemas conforman, probablemente, los mayores desafíos que deberá enfrentar el futuro gobierno.

Telam se preguntaba ¿por qué ganó el FMLN? Esta pregunta es válida –decía la agencia –porque “este pequeño país centroamericano pasó, casi sin solución de continuidad, del azote de la guerra ‘interna’ a una democracia, condicionada cada vez más por las organizaciones delictivas (las famosas ‘maras’) que controlan parte del territorio y disputan −con éxito− el monopolio de las armas al Estado”.

A eso hay que sumarle –agregó– “una dependencia enorme económica y migratoria respecto a Estados Unidos, que se resume en un sólo número: el 16% del PBI de El Salvador son las remesas”, enviadas desde Estados Unidos por los inmigrantes.

De igual manera, hay que señalar los debates entre sectores del FMLN, donde algunos viejos militantes de la época de la guerrilla critican las nuevas políticas de la organización, y reclaman lo que estiman un cierto olvido en el que los mantienen.

En cuanto a los resultados de las elecciones en Costa Rica, hay coincidencia en que se debió, entre otras cosas, a la sensación de que el modelo de los últimos 30 años –de orientación neoliberal y privatizadora– está agotado. La creciente disparidad social generada por ese modelo es un indicador de ese agotamiento.

El analista Ángel Guerra escribió sobre las elecciones en Costa Rica: “contra las encuestas quedó en primer lugar el exliberacionista candidato presidencial Luis Guillermo Solís, del ascendente Partido Acción Ciudadana, que cuestionó el TLC con Estados Unidos”.

Pero –agregó–, “el dato más trascendente es el ascenso del joven abogado José María Villalta, a quien muchas encuestas daban como puntero, pero cuya candidatura fue demolida a última hora acusándolo de chavista y comunista, ante un electorado muy conservador”.

TRANSFORMACIÓN DE LA DEMOCRACIA

La “transformación de la democracia” es un de los aspectos que los analistas destacan en esta nueva fase política en la región.

Nayar López Castellanos, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en México, sugiere dos eventos como claves en esa transformación: el levantamiento zapatista de 1994 y la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, en 1998.

En su criterio, tanto “teórica como empíricamente, América Latina y el Caribe están presenciando la construcción de una democracia de orientación socialista, contrastando con la interpretación y vivencia que ésta tuvo durante el llamado socialismo real en el siglo XX”.

López cita el establecimiento en la región de lo que califica como otros “gobiernos de izquierda”, cuya diversidad no es difícil apreciar: Lula en Brasil (2002), Néstor Kirchner en Argentina (2002), Tabaré Vázquez en Uruguay (2004), Evo Morales en Bolivia (2005), Daniel Ortega en Nicaragua (2006), Rafael Correa en Ecuador (2006), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Mauricio Funes en El Salvador (2009).

Como resultado de estos cambios, agrega, “se desarrolla un histórico proceso de integración económica, política y cultural. Se fortalece el MERCOSUR y se crean organismos regionales de gran alcance como el ALBA, UNASUR y CELAC, además de iniciativas más específicas en el campo de los energéticos, las transacciones financieras y hasta en el ámbito de las comunicaciones, como Petrocaribe, Petrosur, Banco del Sur y Telesur”.

El chileno Hernán Soto estimó que la región todavía “está dentro de un ciclo con buenas perspectivas macroeconómicas, basadas principalmente en las exportaciones de materias primas, mejoramientos objetivos de la situación de sectores sociales muy amplios y estabilidad política. Se mantiene y consolida al mismo tiempo la polarización social, aunque bajó de forma muy leve la desigualdad”.

Para Luis Hernández Navarro, coordinador de opinión y articulista del diario “La Jornada”, de México, “la región está en un proceso de reinvención, porque su visión de sí misma, su destino como territorio y su relación con las grandes potencias, especialmente con Estados Unidos, se está transformando radicalmente”.

A los cambios de las relaciones con Estados Unidos hay que agregar los efectos de la irrupción de China en el escenario internacional y en el mercado latinoamericano, más específicamente.

El dragón asiático –recordó Hernández– “es un voraz consumidor de los alimentos, minerales y metales, y combustibles que se producen en la región. La inversión de ese país fue central en permitirle al área enfrentar sin grandes descalabros la recesión económica de 2009”.

Pero esas inversiones traen otras dependencias, entre ellas el estímulo al monocultivo de productos como la soya y, en general, al regreso a la producción de “commodities”, acompañado de un proceso de desindustrialización, que presenta nuevos desafíos para la región.

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