Sarhan Dhouib, tunecino que visitó la UCR: El desafío de Túnez es enfrentar las viejas estructuras, afirma tunecino

El mundo árabe arde. Libia, Argelia, Bahrein, Yemen, Marruecos… la rebelión se extiende como fuego de paja. ¿Qué la alimenta? Todos los comentaristas hablan

El mundo árabe arde. Libia, Argelia, Bahrein, Yemen, Marruecos… la rebelión se extiende como fuego de paja. ¿Qué la alimenta? Todos los comentaristas hablan de brutalidad, de niveles de vida inaceptables y de sistemas de salud que no funcionan.

Está en juego nada menos que toda la política de seguridad impuesta en los últimos 30 años en el Medio Oriente. Esa está basada en la fuerza militar de Israel y el brutal cordón de dictaduras que la protege del mundo árabe, impuestas por “Occidente” y ahora parecen derrumbarse.

Al Jazeera sigue mostrando imágenes dramáticas de los acontecimientos. Los disparos del ejército contra la gente en Libia –país ubicado entre Túnez y Egipto, donde las muertes se cuentan ya por centenares–, la voz desesperada de la gente pidiendo auxilio. Pero los muertos y la violencia suman en Bahrein, Yemen y Argelia.

 

El pasado viernes 18 de febrero estuvo de visita en la Universidad de Costa Rica, en un congreso de filosofía contemporánea, el académico tunecino Sarhan Dhouib, quien vive en Alemania desde el año pasado.

Dhouib, quien hizo un doctorado sobre la filosofía clásica alemana, conversó con UNIVERSIDAD sobre esos acontecimientos, los cuales resumió como “una respuesta al intento de Bush de querer democratizar el mundo árabe con violencia”.

 

El 14 de febrero se cumplió un mes desde el derrocamiento de Ben Ali en Túnez, pero el país sigue en gran efervescencia. Hay huelgas y protestas todos los días. ¿Cómo se puede describir lo que está pasando en Túnez?

 

– En Túnez, hay un gobierno de transición y en Egipto, el Ejército tomó el poder. Pero no hay una aceptación generalizada de ambos gobiernos. En Túnez se repiten las huelgas y la gente exige más justicia. Soluciones rápidas a problemas que se han venido acumulando por largo tiempo.

Ambas dictaduras destruyeron  las instituciones civiles o las neutralizaron. Por eso es tan difícil la reconfiguración de la sociedad. Estamos en una fase de transformación muy frágil y muy problemática en Túnez. Las protestas han disminuido y la gente trata de configurar sus vidas de nuevo.

En Egipto la situación es más opaca, menos clara. Egipto es el corazón del mundo árabe. La situación actual tiene consecuencias para toda la región. Todavía tenemos que esperar para ver cómo va a seguir desarrollándose la situación, tanto a nivel nacional como internacional.

Hoy hay millones de personas en la plaza Tahrir, en El Cairo. Los jóvenes están muy decididos de seguir adelante con su revolución. En ese marco, no sabemos cuanto puede durar el gobierno militar, pero hay una posición muy crítica contra el régimen anterior, contra la estructura de corrupción, contra las antiguas estructuras del poder político.
Ellos no pueden solucionar eso en unos cuantos días o meses. Es un trabajo de largo plazo. En una sociedad decaída, fracasada, esta revolución generó una nueva esperanza. Pero, cómo se hace realidad esa esperanza, es una pregunta abierta.

 

¿Cómo se puede describir a la sociedad tunecina, como una sociedad muy polarizada, dividida?

 

– Yo no puedo dar una respuesta uniforme a esta pregunta. Túnez tiene más de diez millones de habitantes. Por el lado de la costa, la gente vive bastante bien. En el interior hay mucha pobreza.

La dictadura abandonó a la gente, a muchas ciudades, en el interior del país. Hay una distribución injusta de la riqueza y también hay un monopolio de la estructura económica, en manos de la familia del expresidente Ben Ali.

 

¿Son esas las causas que gestaron la revolución?

 

– Es importante mencionar que los tunecinos no solamente hicieron la revolución por la pobreza y por la comida, sino porque quieren democracia, esperanza, derechos humanos, una vida con dignidad. Todo eso lo están exigiendo, no solo es una revolución por la comida, es una revolución por la dignidad.

Eso es lo nuevo, también en Egipto. Allí son todavía más pobres que en Túnez. La pobreza en Egipto y la injusticia son muy grandes. También, las diferencias de todas las clases sociales son marcadamente más amplias. En ambos países la clase media se ha encogido. Los ricos se han vuelto más ricos y los pobres son más y más pobres.

Los jóvenes revolucionarios árabes, en Túnez y en Egipto, exigen democracia. Un trato igual, oportunidades iguales, en contra de las exclusiones. Luchan por más libertad y convivencia en dignidad. Ese un aspecto importante. No están en la calle solo porque tienen hambre, sino que tienen hambre de dignidad, de libertad e igualdad.

Esa es el mensaje de los jóvenes árabes para todo el mundo. Manifestar pacíficamente en la calle en contra de la corrupción, por la justicia, a favor de un mundo mejor.

 

¿Qué sigue ahora que han caído los gobiernos de Túnez y del Egipto?

 

– Primero que nada, el primer gobierno de Mohamed Gannouchi, en Túnez, fue rechazado porque había muchos representantes del viejo partido de gobierno, la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD). Ahora tenemos un gobierno de transición, con menos representantes de los viejos partidos. Por eso, tiene una mejor aceptación. Casi hay un consenso de que Gannouchi no era un hombre corrupto. Aunque haya pertenecido al partido de gobierno.

Ahora enfrentan un desafío muy grande: tienen que cambiar la constitución, la estructura política, parlamentaria, enfrentar el problema del desempleo, la falta de educación, y enfrentar las viejas estructuras del partido, que no han desaparecido. El partido se disolvió, pero las personas siempre están ahí, con su vieja mentalidad. Esa es la tarea más difícil, pues pueden volver, reorganizarse en cualquier momento.

Se está luchando contra esto, van a aparecer nuevas estructuras, pero no sabemos cómo, no tenemos una figura dirigente. Los partidos actuales tienen no tantos seguidores y la gente no los conoce, porque estuvieron en el país bajo control de la policía o fueron exiliados.

Ahora todas esas fracciones políticas tratan de organizarse, de articularse, y no sabemos como van a poder manejarse. Esta es la primera experiencia pluralista en nuestra historia moderna. Por eso nuestro gran desafío es construir una democracia justa.

Ocurre lo mismo en Egipto, pero con muchas más dificultades porque, en Egipto, el islamismo está fuerte, representados por los Hermanos Musulmanes, y el ejército dispone del poder.

El ejército, en Túnez, nunca ha tomado un rol político. En cambio en Egipto, todos los expresidentes, Nassar, Sadat y Mubarack, eran militares. El ejército tiene una función política.

Esto hace las cosas más difíciles en Egipto. Los problemas sociales, económicos, la pobreza, la misma situación en Oriente Medio hacen la tarea política muy difícil en Egipto.

Esperamos que la revolución de los jóvenes no sea robada por el ejército, ni por otras fracciones políticas radicales, que haya un proceso de democratización de las instituciones, que se desarrollen. Pero eso tampoco puede suceder muy rápidamente.

Los medios, la sociedad civil y los partidos políticos van a jugar un rol importante. Y los intelectuales también tienen que tomar en serio sus tareas prácticas. Es difícil pero, tal como lo observo en Túnez, muchos de mis colegas, docentes, investigadores, escritores y abogados están muy comprometidos con la construcción del país.

Ciertamente, es difícil. Corremos el riesgo de caer en el caos. Esto, sin embargo, no es muy probable, por lo menos en Túnez.

En Egipto la situación es más complicada. Hay un partido islamista fuerte y no sabemos todavía como se va a comportar en cuanto a la construcción democrática. Tampoco sabemos si el ejército se va a retirar. Aquí los poderes internacionales, ante todo Estados Unidos y Europa, juegan un rol decisivo. Ambos tienen un gran desconcierto frente a esta revolución, no saben como actuar, no están preparados. Están sorprendidos por la revolución pacífica en el mundo árabe. No contaban con eso.

Y eso es lo bonito, es una lección, un gran mensaje para el mundo, que los pueblos, si se deciden por los valores humanistas, lo pueden alcanzar. Es una respuesta al intento de Bush de querer democratizar el mundo árabe con violencia.

 

 

 

 

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