Sindicatos demandan alianzas regionales para defender a los trabajadores de la crisis

Europa es ahora, con la crisis financiera que la sacude, una vergüenza para el mundo y a dejado de ser el “continente de la

Europa es ahora, con la crisis financiera que la sacude, una vergüenza para el mundo y a dejado de ser el “continente de la felicidad”, donde el peso de los problemas golpean a los sectores más necesitados y a los obreros y trabajadores, dijo en Costa Rica Michael Sommer, presidente de la Confederación Sindical Internacional (CSI) y también presidente de la Confederación Alemana de Sindicatos.

Sommer participó el jueves 12 de abril en un foro sindical centroamericano, organizado por la Fundación Friedrich Ebert, a la que asistieron líderes sindicales de Centroamérica y dirigentes de la Plataforma Común Centroamericana (PSCC) y del Consejo Sindical Unitario de América Central, el Caribe y México (CSU).

En una exposición, Sommer presentó una radiografía de lo que ocurre en la Unión Europea, y explicó los alcances “devastadores” de los modelos neoliberales aplicados en la mayoría de los países europeos.

“Las noticias que vienen de Europa no son buenas”, dijo Sommer, quien por el contrario, se mostró convencido que América Latina, y en especial los países del sur del continente, están dando “lecciones” a Europa sobre cómo enfrentar las crisis económicas.

Sommer dijo que desde que estalló la crisis económica internacional, en Europa y el resto del mundo más de 35 millones de personas perdieron sus empleos (ver recuadro 1: Los sindicatos deben unirse, dice directivo de CSI).

“En Europa, el desempleo alcanza cada vez nuevos récords. En la Eurozona una media de 10,4%, es decir, 16,5 millones de personas, no tienen trabajo. Es la tasa de desempleo más elevada de los últimos 14 años”, explicó.

La falta de empleo, añadió el líder sindical alemán, afecta especialmente a la población joven. En España, golpea a la mitad de ellos. Un 8% de los trabajadores en Europa padece pobreza extrema, y ésta sigue extendiéndose. En Grecia las personas sufren las consecuencias brutales de esta crisis y logros como la autonomía colectiva, salarios mínimos, normas mínimas para una vida decente y un trabajo digno “son arrojados por la borda en poco tiempo”.

“En Europa ahora es el mercado y no ya el ser humano el que determina la medida de las cosas. Se trata de un mercado que no piensa en otra cosa que en acrecentar la riqueza de unos pocos y hacer que las personas carguen con los costos de estos beneficios”, denunció Sommer.

Sommer dijo que en Europa los mercados son los que dictan las líneas a seguir a la clase política, y “son los bancos y los inversores financieros los que se benefician de los múltiples “paquetes de ayuda” y los “rescates”.

“Los mercados le dictan a la política el camino hacia una Europa dividida en lo social, antidemocrática y deprimida”, lamentó.

Sommer insistió en que no es sólo una crisis económica, sino de “valores” la que sacude a la región de la Unión Europea y Estados Unidos.

“La situación en América del Sur me parece que es mucho más positiva. A pesar de todas sus contradicciones y desigualdades, esta región es un interesante laboratorio político. La subregión emprendió un nuevo camino muy interesante y ha sabido engendrar a lo largo de la última década buenas recetas en la gestión de crisis y una política laboral y social innovadora, proponiendo así un nuevo modelo de desarrollo”, insistió.

Sommer dijo que en el mundo, y en esta época aciaga, los sindicatos deben apartarse deben luchar, al margen  de sus posiciones ideológicas, por lograr alianzas regionales y acuerdos unitarios para consolidar la defensa de los trabajadores y de sus derechos.


Los sindicatos deben unirse, dice directivo de CSI

El director Ejecutivo de la CSI, Wolfang Lutterbach,  abogó por que los sindicatos hagan alianzas regionales e internacionales, al margen de posiciones ideológicas, para luchar por los derechos de los trabajadores y enfrentar los modelos neoliberales.

El siguiente es un extracto de una entrevista concedida a UNIVERSIDAD.

En esta ola neoliberal y globalizadora  que ha ido absorbiendo al mundo, ¿qué papel le queda jugar a los sindicatos?

– En primer lugar quiero decir que el neoliberalismo como ideología ya ha tenido su auge. Creo que está en descenso la influencia política que ellos tienen. Eso se nota precisamente en el desarrollo de la crisis en Europa. Los sindicatos, con sus planteamientos económicos están muy modernos, tienen propuestas muy concretas y también hay gobiernos que están escuchando lo que nosotros estamos diciendo. Depende de la región, si hablamos de América Latina, de Europa o de África o Asia.

El neoliberalismo como nosotros lo hemos visto en los años 80 y 90 que estaba dominando completamente el discurso político ya no existe. Los economistas que han mantenido esa posición fueron falsos profetas.

¿La crisis ha demostrado el fracaso de esas políticas?

– Exacto. Han sido falsos profetas y mucha gente se ha dado cuenta. Si hablamos del caso de Alemania tenemos el caso de que nosotros estamos pidiendo un salario mínimo porque sabemos que en la economía alemana tenemos un sector informal, de trabajo precario, con sueldos muy malos. El discurso típico neoliberal es decir que es el resultado de una flexibilización necesaria de los mercados de empleo y el problema es que la población alemana en encuestas de opinión pública ha dicho… “no señores, nosotros no vamos a seguir esa política, creemos que también es necesario que la gente gane un salario decente”.

¿Le están cargando el sacrificio a la gente pobre?

– Exacto. Lo que pasa esa que estos economistas (los falsos profetas) están muy cuidadosos en sus juicios sobre cuál será el camino más correcto para salir de la crisis. Y hasta los periódicos conservadores han cambiado el rumbo ideológico hacia posiciones económicas más keynesianas, más moderadas. Por eso creo que el encarcelamiento mundial de un pensamiento neoliberal es un tiempo pasado.

¿Entonces usted cree que los sindicatos tendrían que prepararse para una época post-neoliberal?

– Aquí el reto será que los sindicatos hagan planteamientos bien concretos,  definir qué es lo que quieren y no sólo criticar una situación mala, sino dar el vistazo hacia el futuro.

Se plantea ahora  por ejemplo en Alemania la necesidad de gravar las ganancias de las bolsas financieras. Esto ya lo hemos planteado cinco o seis años atrás. Ahora la gente nos está  tomando en serio. Antes, la banca, los financistas y el gobierno se reían de los argumentos “inútiles” de los sindicatos. Ahora la cosa es completamente diferente. Hasta que un gobierno conservador como el de Ángela Merkel está hablando seriamente de un impuesto sobre los negocios financieros especulativos.

¿Hasta cuánto deben avanzar los sindicatos a nivel internacional en formas de unificación y de propuestas, en  esta coyuntura?

– Es un proceso heterogéneo. Hay regiones en el mundo donde el proceso hacia más unidad sindical y de coincidencia programática está bien avanzado y otras donde el debate y la batalla se está dando.

Hay que confesar con toda honestidad que en el caso de Europa la mirada se está poniendo mucho en los desarrollos en América Latina. Aquí hay mucho debate ideológico,  de la acción, sobre la programática dentro del sindicalismo que muestra un nivel de innovación y aspectos interesantes, mientras en Europa nosotros estamos en una situación mucho más difícil, porque es una situación de defensa de derechos ya adquiridos, de un estado social que está en peligro. La proclama central debe ser unidad sindical.

¿Esto al margen de posiciones ideológicas?

– Sí, unidad sindical. Eso se nota en algunos países europeos que han tenido centrales sindicales ideológicas, es el caso de Italia, hay una central cristiana, una excomunista, una socialdemócrata, pero en la lucha contra la crisis y la situación contra los trabajadores se están uniendo para tener mayor fuerza. Igual sucede en España, están los socialistas y las comisiones obreras y cuando se habla de una huelga general siempre son las dos grandes organizaciones las que van juntas.


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