Tensiones políticas en El Salvador: “Funes y el FMLN no pueden dejar de negociar con ARENA”

Una coalición entre el presidente Mauricio Funes y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) gobierna El Salvador desde el 1 de

El sociólogo francés Benjamín Moallic dice que la gestión del presidente salvadoreño ha roto con “la partidocracia”, pues no se somete a la lógica partidaria.

Una coalición entre el presidente Mauricio Funes y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) gobierna El Salvador desde el 1 de junio recién pasado, poniendo fin a dos décadas de gobiernos conservadores del partido ARENA.

El cambio generó enormes expectativas, que la realidad parece haber ido moderando. UNIVERSIDAD conversó con Benjamin Moallic, sociólogo francés que trabaja en Secretaría de Cultura de la Presidencia y es investigador asociado del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA). Moallic expuso también sus puntos de vista durante una conferencia organizada por la Fundación Friedrich Ebert.
“No pueden dejar de negociar con ARENA, dijo, refiriéndose al actual gobierno salvadoreño. “Es cierto que perdieron las elecciones, pero tienen mucho poder todavía”, agregó.
La coalición asumió el gobierno en medio de un acuerdo de gobernabilidad con la oposición, a cambo de ciertas cosas, como no tocar la dolarización de la economía, no revisar los tratados de libre comercio, ni la ley de amnistía, ni adoptar ciertas medidas que pueden afectar el empresariado, o los intereses de la iglesia, como una ley de aborto.

Un gobierno de coalición siempre está sometido a tensiones. ¿Son nuevas esas tensiones en El Salvador o tienen su origen en la campaña?

– Desde la campaña electoral hemos visto ciertas tensiones entre el candidato, Mauricio Funes, y el FMLN. Esas tensiones pasaban por cosas muy simbólicas, como llevar o no los colores del partido. Cuando Funes asumió el gobierno devolvió su carnet de militante. Este fue uno de los momentos que simbolizaron esta diferencia. Funes tampoco se presentaba a los mitines del FMLN, argumentando siempre que no era parte del partido y tenía que gobernar para todos los salvadoreños.
Estas tensiones se han agudizado desde la toma de posesión de Funes. Están permanentemente en necesidad de negociar.
No se trata, en realidad, de diferencias ideológicas, entre socialistas y socialdemócratas. Se trata de otra cosa, que tiene su origen también en las trayectorias muy diferentes del partido y del candidato.
Los dos sectores crearon una alianza para ganar las elecciones. La victoria fue posible gracias a esa alianza. El Frente, solo, no hubiera alcanzado los votos para llegar al poder. Funes apareció como la persona capaz de controlar el maximalismo del FMLN, de negociar con sectores de la burguesía.
Hubo conciliaciones con la Iglesia, con los militares, con los empresarios. Pero no negocia solo el gobierno, negocia también el FMLN.

 ¿De dónde provienen esas tensiones?

– Las tensiones provienen, en todo caso, de otro lado, como de la trayectoria de los actores. El FMLN viene de la lucha armada para transformarse en un partido electoral. Y Mauricio Funes es, de cierto modo, un “outsider” (alguien que está en la periferia), aunque no lo sea exactamente. No es un militante partidario. No tiene base social propia, sino el apoyo de personalidades y capacidad de negociación con diversos sectores de la sociedad salvadoreña. Tiene contactos fuertes con el PT, de Brasil. En El Salvador, las influencias vienen de Lula – no de Chávez – como en Honduras.
Lo otro que genera tensiones es la llegada al poder de una burocracia tecnocrática, la imposición de una lógica nueva en el Estado y en el manejo de los recursos. Los que acceden a los puestos son los “expertos”. En eso la política de Funes choca con el FMLN, cuyos recursos son más políticos y el presidente no les da lugar en el Estado. La administración se constituyó en torno a la competencia de cada uno. Hay una división entre lo económico, constituido por gente que viene de fundaciones y de la UCA. El FMLN está en las carteras sociales y de seguridad.

¿Qué representa el gobierno de Funes, a quién representa?

– Con Funes llega al poder una nueva clase dirigente, que no proviene de las clases políticas tradicionales, sino de un grupo de tecnócratas. Eso crea ciertas resistencias, porque los partidos se ven afectados por esta lógica de la nueva administración.
Se trata de un gobierno de conciliación de intereses. Las políticas de la nueva administración son una continuación de lo que han sido las gestiones anteriores de ARENA en términos de políticas sociales. Por ejemplo, hubo un programa llamado Red Solidaria, financiado por la Unión Europea (UE), de distribución de recursos a cambio de la escolarización de los niños. El programa se daba solo en zonas rurales (que eran las zonas de mayor influencia de ARENA), y este gobierno lo amplió a las zonas urbanas, donde está el electorado el FMLN.
Se ha seguido desarrollando la política de mano dura de ARENA, como meter a los militares en ciertas zonas que están ocupadas por las maras, como en Apopa.
En términos de política económica, lo que está cambiando es la lógica del papel del Estado en la economía, es la racionalización de la gestión del Estado. Son políticas de austeridad, para controlar los gastos superfluos del Estado.
Hay una propuesta de extensión del programa de salud, pero no hay cambios de lógicas, son políticas focalizadas, sectoriales, que no permiten a un cierto sector de la población acceder a la salud pública.
Hay que destacar que ARENA, antes de dejar el poder, puso ‘candados’ que impiden muchos cambios en la administración pública. Cuando sale ARENA deja las cajas vacías, lo que ha obligado a racionalizar los recursos. Se está tratando de desarrollar también una política fiscal más eficiente, para controlar la evasión.

¿Hay un debilitamiento del papel de los partidos en El Salvador, que afecta también al FMLN?

– Lo que hace esa clase burocrática es que impone una nueva lógica de “delegación”. Como son expertos, lo que hacen es decir: ‘Nosotros nos encargamos. No tenemos clientela que satisfacer, lo único que vamos a hacer es rendirles cuenta sobre lo que hacemos, pero no tienen por qué presionarnos sobre lo que tenemos que hacer’. Es una lógica muy diferente a la del FMLN, que tiene una base social a la cual atender.
Con eso están rompiendo con la partidocracia. El devolver su carnet al asumir el poder es decir: ‘No me voy a someter a la lógica partidaria, que ha dominado tradicionalmente en El Salvador’. El partido y el Estado estaban fusionados. En las administraciones de ARENA, el presidente era también el Secretario del Consejo Ejecutivo Nacional (COENA), el principal órgano de dirección del partido. Con eso Funes está diciendo: el Estado es una cosa y el partido es otra cosa.
Eso implica una forma de personificación creciente del poder, de rechazo a las presiones del partido y de sus simpatizantes.
Hay dos temas de renovadas tensiones. Uno es la creación del movimiento ciudadano, por parte de “los Amigos de Mauricio”, que no quiere ser un partido pero un movimiento que intenta construir una base de apoyo a las decisiones de Funes.  Este entra en conflicto con el FMLN que tiene la capacidad de frenar ciertas decisiones del mandatario.
La otra es una ley que da la posibilidad de presentarse en las elecciones de diputados y alcaldes como candidato independiente. Antes, había que ser miembro de un partido. Eso es rechazado por el FMLN, pero también por los otros partidos.

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