Abortar lo destructivo

Una de las interrogantes con las cuales entré a estudiar Sociología fue la de saber qué acciones podía desarrollar el día a día como individuo

Una de las interrogantes con las cuales entré a estudiar Sociología fue la de saber qué acciones podía desarrollar el día a día como individuo en desarrollo social, cultural y educativo para hacer de este planeta un lugar mejor, por más cliché que suene la frase. Aunque aún no tengo la total respuesta a esta interrogante, pienso que antes de empezar a revolucionar nuestro espacio ambiental y social es importante darnos cuenta de lo que traemos con nosotros al nacer, o lo que somos al momento de comenzar con estas interrogantes, que muy probablemente nos llevaran a acciones de cambio.

¿Pero, cómo cambiar si yo no me cambio a mí mismo? ¿O cómo cambiar algo si no conozco al menos en amplitud ese algo? Las anteriores son preguntas que podrían desanimar a cualquiera, pero creo que en vez de desanimarnos deberían hacer lo contrario.

Karl Marx y Frederich Engels en su escrito La Ideología Alemana plantean que el individuo tal y como lo conocemos nace preñado con materia que se manifiesta en forma de lenguaje como necesidad de intercambio entre seres humanos. Estado del espíritu que ven como maldición. A mí me gusta pensarlo distinto, desde otro enfoque.

Nacemos preñados, sí, de ideas consumistas, individualismo colectivo, indiferencia, egoísmo, violencia y muchas actitudes más. Pero nacemos con otra cara de la moneda, con una riqueza sin igual. Venimos al mundo, llenos de ideales, revoluciones, actitudes de cambio y herramientas corporales e ideológicas para luchar contra el sistema del que formamos parte.

Durante nuestro desarrollo de niñez, adolescencia y adultez gestamos ese estado en el que nos encontramos y en el día a día que nos desarrollamos como individuos participantes y formantes de esta sociedad, parimos o damos a luz eso que hemos venido gestando. Vale recalcar que en este proceso de traer al mundo estos comportamientos nuestra familia, amigos, medio físico de desarrollo y otros factores forman parte fundamental de este.

El mirar hacia otro lado ante la crisis -llámese esta ambiental, económica, de género, política-, el ignorar los derechos de las minorías, el conformarse con las actitudes del sistema para con los seres humanos, el rendirse ante la estructura de la que somos pilares, alentar al sistema capitalista y destructivo en el que nos encontramos no son más que el alumbramiento de esas ideas destructivas con las que venimos dentro desde que nacemos y eso para mencionar algunas de las acciones que plasmamos en la realidad.

Pero somos más, nuestras potencialidades dan para más. Podemos ser abortivos de esas ideas con las que nos han formado y enseñado a vivir. Podemos retorcerlas hasta revolucionarlas y alumbrar actitudes críticas y humanísticas que nos encaminen en la vía de la erradicación de los comportamientos que por siglos hemos dado a luz consciente e inconscientemente. Aunque sea difícil podemos comenzar a quitar la venda que tenemos en los ojos y que nos provocan esa tan terrible ceguera social, podemos comenzar con pequeñas acciones, a no sublevarnos ante el sistema, podemos cambiar.

Aunque aún soy un primerizo estudiante de las Ciencias Sociales, no creo que se necesite mucha experiencia para alentar a todas las carreras de este centro educativo a ser abortivos de los males engendrados y que nos han formado por años.

Alzar la voz para revolucionar, criticar para edificar y trabajar para ver resultados son los ideales con los que deberíamos vivir el día a día sin el miedo al qué dirán, ni tampoco con la actitud de derrota con las que muchas veces comenzamos toda acción. ¿Qué mejor manera hay de vivir sino la de vivir luchando para que lo que viene venga mejor y aunque sea en el último suspiro, ver brotar la semilla positiva de nuestras acciones?

 

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