¡Acertado, Froylán! ¿Y… Simoes?

¿Cómo es posible que ante un equipo como el uruguayo, del que es sabido que está conformado por futbolistas que, si bien actualmente, muchos

(Escrito antes del segundo juego ante Uruguay)

Seguramente Froylán Ledezma abandonóó la selección por puro coraaaje, más bien… como el coraje que les hace falta esparramar en la cancha a muuuchos de los seleccionados.

¿Cómo es posible que ante un equipo como el uruguayo, del que es sabido que está conformado por futbolistas que, si bien actualmente, muchos de ellos no son un dechado de virtudes técnicas, sí son un dechado de fortaleza y de entrega en la cancha (¡con un colmillo, queeee…!) ¿Cómo es posible que dejen por fuera a un jugador como Froylán? Que no solo tiene ese coraje que se requiere para enfrentar al charrúa, pues no le tiembla el pulso ante nadie -ni ante una cerveza, alguien agregará seguramente… ¡asustado! -, sino que tiene fortaleza física, y fortaleza mental dentro de la cancha, y además técnica le sobra y es un, como dice el decir popular: «bicho», un «jugado» a quien dentro de la cancha nadie lo «rueda» ni lo intimida y más bien, muchas veces el toma la iniciativa en ese sentido, diría don Hernán, en cuanto a «joder» o molestar al rival él primero. ¿Cómo es posible que no lo “alinien”, que no lo pongan a jugar?  
¡Qué maneras de medir al rival de turno, diría yo, por parte del técnico nuestro! Bueno: de turno anda nuestro fútbol, no de fiesta de adeveras.
Un jugador con las características de Froylán Ledezma era vital alinearlo en ante Uruguay, en el Saprissa… ¡y de titular!… y el miércoles siguiente, en el Centenario.
Recuerdo las maravillas… ¡sí, las maravillas!… que hacía con mi equipo favorito: la L.D.A., junto a Bryan Ruiz precisamente, en aquella campaña durante la cual, los mismos saprissistas lo llamaban “Tractor”.
Por cierto, no es para excusarlo por lo que algunos le achacan pero: a los jugadores de afuera, hasta se les aplauden las «gracias» que hacen, tanto adentro  (como meter un gol con la mano: ¡Vaya ejemplo para chicos y grandes! Y como no somos extremistas cristianos, en un decir amén, un desacierto como ése, se lo endilgamos a Dios… (?)…) como afuera de la cancha: no mencionemos a Romario ni a Ronaldinho, ni a Ronaldo ni a Wayne Roony ni a Gascoine, ni a Maradona ni a…) (¡Aaah!, pero es que esos sí jueeegan, dice más de un compatriotaaaa…. compatriota o paisano de Froylán).

Continuando con otro caso, otro del que da tristeza ver cómo lo dejan en banca y ni a Uruguay lo llevaron, aunque sea a «ventearse» o a pasear: Cristian Oviedo. Ya demostró que tiene con que, además de piernas, plantarse en el terreno de juego con la selección pero, lo demostró y lo guardaron. Un jugador con sangre, con temple, que le va a todas y le mete pata a quien venga por delante. ¡Sentado! ¡Por favor! Y ni siquiera sentado en el avión hacia Uruguay, al menos, con la esperanza de unos minutos de juego. ¡Un jugador tipo Marchena, M. Montero, “Policía” Gómez y etc.!
Y da tristeza ver a nuestros futbolistas, después de una falta cometida a un rival -y del tipo o estilo de los uruguayos, el rival-, sin la intensión o con intensión de cometerla -que no es lo apropiado-, pasársela dándole cuentas o explicaciones al jugador rival… y menos uruguayo, insisto, que ya sabemos que son… diay, rudos, bien plantados, que no les tiembla el pulso. ¡Pues los nuestros se la pasan, como sucedió ante México en Tibás, dándole explicaciones o solicitándole disculpas al rival! Señores, en estos casos, si al rival no le gusta o tiene, como dicen los chiquitos: un “ayayay”… ¡Qué se vaya pal’ carajo!!! (Que no es una mala palabra ni una mala expresión: me dijo un español amigo mío) Qué se vaya pal’ carajo y… a seguir luchando, digo jugando.
Eso es lo que «nos» hace falta en la cancha: temple, carácter  (que no es sinónimo de andar de chichas), (ni repartiendo «hacha»; si el rival no la pide), coraje, autoridad, auto-confianza para imponer esa autoridad en la cancha, y orgullo y, y adentro de la cancha, en plena lucha o contienda: arrogancia, se ha dicho, si la situación lo amerita. Arrogancia, como la que muchas veces en nuestro país sí se despliega afuera de las canchas… ante quien o quienes no se debe.
La famosa «humildá» nuestra se debe quedar para donde y cuando debe quedarse: para una vez finalizado el partido; para no hacer leña del árbol caído por un lado, y para no salir, ante la derrota, con excusas sin sentido y escudándose en nuestro perenne conformismo; para eso si es buena, justa y necesaria y muy recomendable la humildad. Claro, hay que ser muy humilde pero… según su real significado; no manipulado éste a conveniencia como se acostumbra por acá.
Y dijo Simoes que en cuanto al tema de Froylán, por ejemplo,  el técnico de Uruguay no alineó al llamado Loco Abreu y éste, por no jugar no se aloco y se jaloooo… perdón: y no se fue; pero yo agrego que Uruguay no necesitaba a Abreu en la cancha y ese «loco», eso lo tiene claro, y ya estos son otros cien pesos, pues en esa selección charrúa hay más de un loco… hay más de un loco por meter pata como -no metamos a Dios en enredos-, como el Pizuicas manda; y no es lo mismo, entonces, pues a Uruguay le sobra lo que el Loco Abreu tiene y a Costa Rica no; no le sobra maña a nuestra Sele y el que diga que sí: ¡me extraña! La tiene Froylán y la tiene otro. Uno que otro.

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