Adiós

En medio de la consternación que produce la tragedia inesperada, decidí regresar a las páginas de este periódico para ofrecer públicamente una despedida a

En medio de la consternación que produce la tragedia inesperada, decidí regresar a las páginas de este periódico para ofrecer públicamente una despedida a un compañero.

William Vargas Mora, oriundo de Pérez Zeledón y periodista de corazón, fue una de las personas que marcó mi entrada al mundo profesional.

Cuando apenas era un estudiante y divagaba entre las diversas opciones que ofrece la comunicación colectiva, tuve la suerte de incorporarme al personal del Semanario UNIVERSIDAD, donde descubrí que el periodismo era esa vocación que buscaba, casi sin esperanzas de encontrarla.

En aquellos confusos y grises años de mi vida, hace aproximadamente nueve años, conocí a un equipo de profesionales que, sin otra remuneración que la mística, realizaba un periódico que decía la verdad sin tapujos.

William, a pesar de desempeñarse en otros cargos e instituciones, siempre fue parte de este Semanario, al igual que yo y muchos otros compañeros y compañeras.  Jamás podría olvidar mis largas conversaciones vespertinas, a veces acompañadas de café y cigarrillos, en las que buscábamos ese ángulo crítico y diferente que nos distinguía del resto de la prensa escrita costarricense.  William siempre estuvo allí proponiendo, revolucionando, soñando.

Igualmente recuerdo con añoranza mis visitas a la casa de William y su esposa Rocío en Vargas Araya, para sumergirme en aquella biblioteca que él apreciaba tanto y que estaba llena de tantos tesoros.

La vida nos llevó por caminos muy distintos y, desde hace más de seis meses, no tenía la oportunidad de compartir con William.  Me queda el sinsabor de no haber podido decirle adiós y de no haber podido acompañar a su familia en estos momentos tan difíciles.

Me reconforta, sin embargo, la convicción de que más allá de las creencias de cada quien, nuestro paso efímero por la vida siempre deja profundos surcos en la existencia de los demás.

Estoy seguro que ese aliento crítico de William, perdurará indefinidamente en la pluma de todos aquellos que, alguna vez, compartimos las páginas de este periódico con él.

Hasta luego, compañero.

*Periodista

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