Agnus Dei

El concepto del cordero de sacrificio es muy antiguo y es muy extenso. Ciertamente en el cristianismo desemboca en la figura de Cristo que

El concepto del cordero de sacrificio es muy antiguo y es muy extenso. Ciertamente en el cristianismo desemboca en la figura de Cristo que ofrece su vida como cordero inocente, en remisión del pecado universal. Hay otros ejemplos de esto en otras religiones. El judaísmo utilizaba el cordero de sacrificio como conmemoración de la nueva alianza con Dios.

En algún grado todo hombre y toda mujer contienen las semillas de cordero de sacrificio. Una especie de “semina mortis” Ciertamente los genocidios y los holocaustos mundiales tienen un sentido en dicha dirección. Mueren millones en persecuciones y esos humanos ofrecen sus vidas en aras de la eliminación de esas barbaries. Corderos de Dios como víctimas de la persecución.

El miserable en las favelas nace en unas tinieblas cuyo apagón habla de lo antisignificativo de la vida humana. Estamos contemplando un sacrificio también. No podemos considerar que la estadística de la miseria nos revele el porqué de ella. Somos mudos ante un África y una América Latina parcialmente devastadas por procesos de eliminación de las oportunidades de ascenso vertical. “Mors stupebit et Natura” (la muerte y la naturaleza quedan estupefactas). Son las palabras del famoso poema medieval en latín llamado el Dies Irae.

Estupefactos pues, ante el hecho de que el progreso esté basado en un antiprogreso por exclusión de masas enteras. Un mundo de movilidad cada más  impredecible y más líquida. No ya un  cambio meramente rápido, sino un anticambio tenebroso. Tenebra que parece envolver la realidad de los destinos de altura del fenómeno antropológico. Del fenómeno que se mueve hacia Dios como hecho natural y predestinado de una libertad creativa.

Eso truncado por la ausencia de luz evolutiva y transformativa. ¡El hijo de la miseria doblegado ante la explotación! El migrante nicaragüense que apenas logra pagar el pan de sus hijos, pues es abusado a través de sueldos que son menores que los estipulados por la ley. Corderos de sacrificio en un holocausto de abuso laboral y salvajismo de humanidad. Esa profunda ausencia de democracia que denota todo estado empresarial. ¡Esa profunda ausencia de moralidad! Al establecer la ganancia como la única virtud deseable, se derrumban las paredes del templo humano. El recinto interno de oración y éxtasis de cada alma. Esas cuevas internas en que entramos para sentir la quietud y la presencia de lo sacro. ¡Donde reposa nuestra alma en oración!

La existencia de un testamento personal entra en conflicto con las multitudes estimulativas y sonoras de alaridos, que sesgan  la paz de nuestros templos internos. Alaridos que pregonan cambios que nunca se darán y cielos que no contienen bendiciones. Callejones sin salida al mar o a la floresta o la montaña. Callejones de los cuales a veces no se retorna. El hombre discriminado al punto de convertirse en un adefesio y un Calibán, muchas veces no logra volver. Muchas veces se queda en el laberinto de la desesperanza para siempre. Lo que nació para una eternidad confinado a un calabozo. Es el grado de averío que la discriminación de todo tipo logra efectuar. Tantas veces he pensado en la temática de la democracia sexual y encuentro que no se puede reprimir al hombre o a la mujer de orientación diversa. El concepto del pecado no puede existir fuera del concepto de la gracia. Y la gracia siempre ocurre cuando el cordero  se sacrifica en aras de lo absurdo. Lo absurdo como ese calvario que no tiene explicación. Intentado desesperadamente, el salto irracional de un “Credo quia absurdum” o creo porque es absurdo.

Algunos eventos escapan de la capacidad que tienen de ser explicados; de ser comprendidos y de ser pensados. No en vano existen los procesos de disonancia cognitiva que nos susurran discursos que la mente y el corazón no logran convertir en inteligible. Es factible que incluso se explique un proceso esquizofrénico a través del sacrificio absurdo. Cuando comprendemos el porqué de un sufrimiento comenzamos a aliviar ese malestar. Por eso es tan importante desreprimir la emocionalidad. Las emociones denegadas por el ego se tienden a estancar en pantanos de sufrimiento. Pero pocas cosas son peores que el sufrir sin encontrar una razón para ello. Víctor Frankl fue pionero en la psiquiatría moderna, de una logoterapia que buscaba encontrar una razón y significado del sufrimiento. Podemos comprender cómo el convertir en inteligible el sufrimiento del explotado, del morador del tugurio, lleva a un hecho de la liberación revolucionaria. Muy poco se ha estudiado el estrés del tugurio. Ese estrés que nace de la aniquilación de la dignidad  y de la justicia. De la personalidad humana misma. Mantengo que tal grado de sufrimiento, sin aparente razón, está causando nuevos tipos de enfermedades del estrés. Muy distinto de aquellas que se encuentran en las naciones desarrollados. La oración que se me viene a mente es “Destruye, oh Señor, tal injusticia y libera a tu pueblo”. ¡Rompe las cadenas de la explotación!

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