¿Bailar en solitario?, un discurso homoerótico

Ha aumentado considerablemente el estudio de la literatura costarricense de corte homoerótico (trabajos de grado, artículos de investigación); sin embargo, muchos –si no es

Ha aumentado considerablemente el estudio de la literatura costarricense de corte homoerótico (trabajos de grado, artículos de investigación); sin embargo, muchos –si no es que todos– se han centrado en las producciones de los escritores Uriel Quesada y José Ricardo Chaves; así las cosas, se evidencia que el cuentario de José Otilio Umaña, Bailando en solitario, y su obra en general, no ha generado interés para un estudio, propiamente, por lo que en este ensayo me he permitido hacer una lectura de uno de los cuentos del volumen mencionado, con el fin de lograr “mostrar” un pequeño retrato del discurso homoerótico desde la perspectiva de las voces narrativas de Umaña.

El volumen está compuesto por 20 cuentos, que son narrados por una voz omnisciente, que cuentan distintitas historias con un hilo conductor en común: lo homoerótico y la variación cultural respecto de la vivencia de la sexualidad, en general. Son historias que mezclan lo homoerótico en sus múltiples variantes, desde distintos focos de narración –gais, lesbianas, casados bisexuales, o con una doble vida–, por lo que la construcción de los discursos en cada relato va a ser distinta.

El relato que le da título al cuentario es uno de los más significativos de este, ya que propone la fuerza para asumir la salida del clóset y la soledad que esto implica; este cuento nos presenta la historia de Raúl, un joven que quiere estudiar danza contra el deseo de su padre, para quien aquellos que eligen carreras como esa son maricones, o bien, como dice él: “¿cuál hombre que se tome en serio podría sostener esposa e hijos bailando como lo hacen las putas en los bares?” (Umaña, p. 123).

Raúl le pone sobre la mesa a su padre que no tiene intenciones de casarse, ni de asumir los negocios de la familia y lo reta diciendo: “Si fuera homosexual, papá, ¿me desconocería como su hijo? (p. 123), a lo que don Agustín contesta  “– Te echaría de esta casa a empujones de inmediato. Bajo este techo… no hay ni habrá sitio para ningún degenerado”. Es terminante el juicio del padre del personaje del relato.

Se observa, de esta manera, lo que Didier Eribon (2000) plantea acerca de cómo la sociedad, o bien, las instancias como la familia, dificultan para el joven gay el poder asumir su homosexualidad en su texto Identidades. Reflexiones sobre la cuestión gay; Raúl, sin embargo, al escuchar el juicio de su padre, respecto de su carrera, respecto de la imposibilidad de que él sea gay en su propia casa, por lo que toma una decisión que le da la opción de visibilizarse y autodefinirse como sujeto homosexual, como sugiere el texto: “… Del enfrentamiento con don Agustín, aprendió que se encontraba incómodamente sumergido en una historia familiar en la que ya no calzaba…”, (Umaña, 2008, 124).

¿Qué significa entonces “bailar en solitario”, sino la metáfora de quienes asumen mostrar con valentía su identidad ante una sociedad que asume la diferencia (en el ámbito que sea) como una afrenta? Hemos llevado a cabo de esta forma otro breve acercamiento a la cuestión de lo gay en la literatura nacional, desde la perspectiva que ha construido José Otilio Umaña en su cuentario Bailando en solitario.

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